Semana del Donante del Reina Sofía Trasplante renal: de la atadura de la diálisis a disfrutar de "otra oportunidad de vivir"

  • Antonio Díaz Collado y Ángel Vozmediano cuentan su experiencia antes y después de recibir un injerto de riñón en el Hospital Reina Sofía, a la vez que animan a la donación de órganos para "dar vida"

Antonio Díaz Collado, trasplantado de riñón en septiembre de 2019.

Antonio Díaz Collado, trasplantado de riñón en septiembre de 2019. / Miguel Ángel Salas

La diálisis es la principal opción terapéutica para las personas que esperan un trasplante renal. Sus vidas dependen de una máquina hasta que llegue el ansiado momento del injerto y, aunque el proceso puede ser más o menos largo dependiendo de muchos factores, esto siempre supone una atadura para el paciente. La única opción de salir adelante y disfrutar de "otra oportunidad de vivir" viene dada por la generosidad de una familia que diga sí a la donación de órganos o de la compatibilidad con un familiar para llevar a cabo un trasplante de vivo.

En el caso de Antonio Díaz Collado y Ángel Vozmediano, el gesto solidario de un donante les dio una nueva vida gracias, también, al trabajo de los profesionales del Hospital Reina Sofía.

El 21 de septiembre de 2019 comenzó esa segunda oportunidad para Antonio Díaz Collado, un cordobés con una enfermedad renal crónica que también sufre gran parte de su familia. Se trata de la poliquistosis hepatorrenal hereditaria, la causante de que sus tres hermanas recibieran un injerto antes que él y también un buen número de primos -"he perdido hasta la cuenta", señala-. Además, su padre murió cuando Antonio tenía dos años y "no llegó ni a diálisis".

Esto hace que los especialistas del Reina Sofía hagan un seguimiento a cada miembro para tener un control a través de analíticas. Fue así como vieron que Antonio, que ahora tiene 47 años, necesitaba entrar en diálisis. "Tenía cansancio, vómitos y cualquier comida me sentaba mal", manifiesta. Estaba esperando que en cualquier momento la enfermedad diera la cara y, finalmente, la dio.

Por suerte, además de estar poco tiempo en diálisis (solo cinco meses), a él no le tuvieron que quitar sus riñones, como sí ocurrió con sus hermanas porque "tenían quistes muy grandes que multiplicaban el peso y espacio del riñón, lo que hacía que comenzaran a fallar otros órganos por la presión que recibían", indica. Ellas también pasaron más tiempo conectadas a esta máquina, entre uno y cuatro años hasta que llegó el injerto.

Buena parte de la familia de Antonio ha sido trasplantada por la enfermedad hereditaria que padece

La experiencia que tenían varios miembros de su familia le sirvió para tener conocimiento del proceso y recibir consejos. "Más o menos yo estaba bien, excepto lo típico de las molestias del catéter" y las infecciones que esto conllevaba. Según cuenta, "teniendo los dos riñones nativos y si sigues orinando, la diálisis no se lleva tan mal", el problema viene "cuando ya no puedes ni beber agua porque ese líquido te lo tienen que quitar de una forma o de otra con la máquina de diálisis".

Su trasplante llegó a la primera llamada del Reina Sofía por un posible donante. "Ese día no llevaba ni dos horas en diálisis cuando sonó el teléfono", destaca. Entonces sintió "angustia, ansiedad, no sabía si sería para mí o si tendría algún virus y no me podrían trasplantar". Sin embargo, en su caso todo fue "perfecto" y no le dieron "muchos puntos", "solo treinta y tantos". "No me lo creía ni yo", reconoce.

La recuperación fue "muy bien" y estuvo unos "11 o 12 días ingresado". Una vez con el alta, tenía revisiones periódicas para comprobar que todo iba bien. "Cuando mi hermana me vio a través del cristal en la sala de aislamiento me dijo que no parecía que me hubieran operado", apunta.

Con toda la experiencia que ha tenido tanto propia como familiar, este cordobés anima a la donación de órganos porque es sinónimo de "vida y calidad de vida porque no es lo mismo estar conectado a una máquina de diálisis que te va apagando poco a poco".

Ángel Vozmediano, trasplantado de riñón en febrero de 2020. Ángel Vozmediano, trasplantado de riñón en febrero de 2020.

Ángel Vozmediano, trasplantado de riñón en febrero de 2020.

Hace unos 15 años que a Ángel Vozmediano le diagnosticaron nefroangioesclerosis con proteinuria (presencia de proteínas en la orina, algo que es tóxico para el riñón) tras una serie de analíticas. "No es que yo me sintiera mal, pero en los sucesivos análisis que me hacían detectaron una insuficiencia renal crónica", explica este madrileño afincado en Córdoba desde hace décadas. La situación "se fue agravando hasta derivar en unos niveles muy altos de creatinina, lo que significaba que el riñón no estaba haciendo su función correctamente", explica.

Desde el diagnóstico tuvo un seguimiento de los especialistas que, llegado un momento, consideraron que el deterioro renal era muy grande y en noviembre de 2019 tuvo que entrar en diálisis. En el Hospital Reina Sofía le enseñaron cómo hacer en su casa la diálisis peritoneal, aunque luego también necesitó entrar en hemodiálisis.

La peritoneal era "relativamente cómoda porque consistía en enchufarse a la máquina todas las noches y luego estabas libre durante todo el día". Su mujer lo ayudó mucho en esas semanas ya que era ella la encargada de manejar la máquina y conectarlo, siempre "con el apoyo constante de todo el servicio del Reina Sofía", señala Ángel, que confiesa que "no he pasado ningún miedo, todo lo contrario, tenía la confianza de que eso me estaba solucionando la vida".

En esta fase, por lo tanto, podía hacer un día a día "normal", aunque con una dieta bastante estricta. Sin embargo, cuando entró en hemodiálisis la cosa cambió ya que tenía que ir tres veces a la semana al centro de hemodiálisis, donde permanecía unas cuatro horas. En este tiempo le comenzaron a hacer pruebas para ver si era apto para un trasplante y el mismo día de Nochebuena "me incluyeron en el programa".

"No pasé miedo porque sabía que la diálisis me estaba solucionando la vida", indica Ángel

Ángel, que ahora tiene 69 años, se siente afortunado porque solo estuvo tres meses enganchado a estas máquinas ya que el 12 de febrero de 2020 recibió un riñón. Pero antes de esa llamada hubo otra, ya que el 3 de enero de 2020 hubo un primer donante. Entonces, según recuerda, había tres posibles receptores y "los otros dos eran más compatibles que yo, con lo cual me volví para casa". De hecho, luego se ha encontrado alguna vez con esas dos personas "y están perfectamente".

En ese tiempo de espera en el hospital para comprobar la compatibilidad se mezclan "dos sentimientos" porque "tienes esperanza, pero una vez que te dicen que no es para ti, lo único que deseas es que les vaya perfectamente y que ojalá a ti te vuelvan a llamar pronto". Y así fue, ya que al mes siguiente, el 11 de febrero, de nuevo sonó su teléfono. Entonces solo había dos receptores, así que cada uno recibió un riñón. Esta segunda vez "iba más confiado porque ya tenía experiencia".

"Cuando entré en quirófano solo pensaba que iba a salir del hospital con un riñón nuevo y con otra oportunidad", explica Ángel, que estuvo unos ocho o nueve días aislado porque "como las defensas bajan mucho, eres muy propenso a coger cualquier infección". Pero en ese tiempo "el personal sanitario se portó de maravilla".

"Doy gracias a todo el mundo porque es una segunda oportunidad", insiste Ángel, ya que de otra forma, dependería de una máquina para vivir mientras que ahora "dependes del órgano de otra persona que te lo ha dado".

Por eso, anima a la población a que "done todo lo que pueda, córneas o cualquier órgano trasplantable porque es dar vida a otra persona", mientras que a los familiares de los posibles donantes les pide que "faciliten todos los medios para que esos órganos se puedan implantar en otras personas".

La mujer de Ángel es donante de órganos desde hace tiempo y uno de sus hijos "estaba decidido" a hacerse las pruebas de compatibilidad para darle un riñón a su padre en caso de que la diálisis se dilatara en el tiempo.

Por último, incide en que hay tres pilares básicos en el proceso de un trasplante. Por un lado, la familia y su apoyo "incondicional", por otro lado, la "profesionalidad" del personal sanitario y, por último, la "figura fundamental del donante, sin cuya existencia sería imposible todo esto".

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