Churrería Salinas: Parada obligatoria para los desayunos más madrugadores en el Campo de la Verdad desde 1986

Comercios con historia

El comercio que vive su segunda generación abre su persiana todos los fines de semana y en los días de Feria

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La tradicional Churrería Salinas, un clásico de los desayunos de Córdoba / Rocío Aguilar

Para los amantes de los churros y jeringos, los fines de semana son días de madrugar y de elegir un desayuno tradicional, el de toda la vida. En el barrio del Campo de la Verdad, en Córdoba, hay una parada obligatoria para esos sábados, domingos y días festivos: la Churrería Salinas, un comercio muy querido que este año cumple 40 años al servicio de su barrio y de cualquier transeúnte que realice un pedido en este local situado junto al puente del Arenal.

Abrió su persiana por primera vez en 1986 por Miguel Salinas y Carmen González, y no fue algo hecho al azar, sino que fue un deseo de emprender. El matrimonio tuvo varios hijos: Mari Carmen, Trini, Miguel y Rocío, que luego cogerían el relevo del negocio. Como cuenta Miguel, Salinas era camionero, además de trabajar con un autocar de traslado de usuarios: "Él quería poner un negocio en el barrio. Como tenía sitio allí en la casa, puso una churrería", inicia.

Los hermanos Salinas.
Los hermanos Salinas. / Rocío Aguilar

En este pequeño establecimiento, "hecha para el despacho", con unos 40 metros aproximadamente, la clientela ha pasado sus días más libres llenando su estómago de producto de calidad. "Antiguamente, cuando lo llevaban mis padres se habría entre semana, pero como cada uno tenemos nuestro trabajo nos dedicamos a ello los fines de semana", recalca Miguel Salinas.

El hecho de seguir con el negocio familiar y mimar cada pedido es por seguir manteniendo esa tradición que aprendieron de sus padres. "La gente está acostumbrada a venir los fines de semana. Hace ya bastantes años que hemos cogido el relevo, hace unos 15 años", relata.

Respecto a las características de su producto, para los actuales gerentes lo más importante es la calidad del alimento: "La harina, el aceite, la leche, el chocolate son materiales de calidad. Eso es lo que nos ha transmitido mi padre, que todo lo que hagamos lo hagamos bien", recalca Salinas.

La Feria, uno de sus puntos fuertes

Aunque es un manjar muy recurrente para los cordobeses, sí que es verdad que existe una estacionalidad en el negocio. "En verano baja mucho la clientela, así que cerramos un mes y algo. Luego, en invierno y en Feria viene muchísma gente. En esa fecha abrimos todos los días, pero por la tarde. Desde las 18:00 hasta la madrugada, hasta que se recogen los útimos de la Feria", comenta entre risas.

Rocío despachando en la Churrería Salinas.
Rocío despachando en la Churrería Salinas. / Rocío Aguilar

A pesar de la estacionalidad del comercio, el churro se puede comer en cualquier horario durante todo el año: "Los churros se pueden comer siempre. Cuando abrimos en Feria, la gente mayor sigue viniendo a hacer la merienda-cena. Aunque no vayan a las casetas, pasean directamente hasta la churrería, y luego se van para la casa".

Además, es un dicho extendido en el barrio que este comercio es una parada obligatoria en el Mayo cordobés: "La verdad que es algo que agradecemos, tanto a la gente del barrio como a todos los clientes que tenemos de fuera", dice Miguel.

A por el relevo generacional

Sobre si las siguientes generaciones van a poder disfrutar de esta tradición, Miguel Salinas lo tiene claro: "Creo que habrá tercera generación. En la familia hay varios tramos de edad. De 27 en adelante, tienen su trabajo. Creo que a mi sobrino que tiene 8 años le gusta", confiesa. Aunque, como asume, hay que tener en cuenta que se trata de un oficio muy sacrificado, puesto que tienes ocupados todos los fines de semana".

Además de protagonizar fechas muy señaladas, también forman parte del amanecer de la ciudad, preparando la comida más importante del día desde bien temprano: "Abrimos a las 06:30, pero a las 04:00 nos levantamos para preparar la masa, el chocolate... Es sacrificado y más cuando tienes niños pequeños, pero es un negocio que fundaron nuestros padres y no lo queremos dejar", finaliza con ilusión.

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