La carriola no es de nadie

El PP ha materializado sus denuncias del despilfarro pasado en el remolque adquirido por el municipio para realizar el camino a El Rocío · IU y PSOE se han tragado el sapo de defender una compra que, la verdad, no tiene por dónde cogerla · ¿No había controles para evitar ese gasto? Ésa es la cuestión crucial

25 de marzo 2012 - 01:00

IMAGINO que un montón de personas se habrán quedado de pasta boniato con el hallazgo de la carriola rociera que estaba custodiada en sede municipal y que ahora saldrá a subasta, aunque no se sepa muy bien quién va a comprar semejante artefacto por los 15.000 euros de tasación municipal. Retrato de una época, las noticias que se tienen sobre la carreta no son específicamente recientes, aunque el PP ponga cara de sorpresa, boca abierta y ojos como platos. Allá por 2010, junio concretamente, los populares Miguel Ángel Torrico y José María Bellido ofrecieron en rueda de prensa un rosario de facturas, germen de lo que luego se llamó caso Cortinas, por el encargo de materiales a una empresa concreta. Allí aparecieron los gastos de montaje y adaptación de la famosa carroza, supuestamente encargada para la promoción de Córdoba como capital cultural europea en 2016. Que tiene narices la cosa.

Imagino además que a PSOE y a IU le tiene que haber costado tragarse un sapo de los gordos la defensa realizada, in voce o por comunicado, de la adquisición de tan necesario remolque para la marcha de la ciudad bimilenaria de Córdoba. Calificarlo como un bien general inventariado a disposición de los cordobeses, como que no, por mucha buena intención que se le ponga al disparate. Disponer de un carromato con literas para la romería anual a la aldea de Almonte sólo puede contemplarse, en estos momentos, con una mueca adusta y un amargo sabor de boca, como casi todo el mundo reconoce en privado. El PP ha conseguido un obvio golpe de efecto: el dinero gastado en la carriola de las narices no es una factura, ni un apunte contable o una transferencia bancaria. Es una cosa. Que puede verse, tocarse y fotografiarse. El despilfarro materializado, según el mensaje que se remite desde la planta noble de Capitulares. ¿Y las langostas, qué pasa con las langostas? Preguntan los que la Davis le pareció como la romería pero a lo bestia y para gentes de orden.

El Rocío tuvo miga en su etapa, que igual lo recuerdan. No faltaban las presencias que luego se enfadaban cuando se sacaban fotos objetivamente inoportunas. La hojarasca folclorista de la fiesta, las connotaciones tradicionales y populistas del asunto, ocultan lo esencial, el juego alegre con el dinero público, lamentablemente escaso en los tiempos que corren. ¿Cómo es posible que pasaran por los diversos filtros supuestamente existentes en la institución municipal un gasto tan improcedente, cuya repercusión específica entre la ciudadanía es tan limitada?

La carriola o carreta -que según mi compañero de desvelos Juan Ruz no se trata de palabras sinónimas- es una foto instantánea Polaroid de los tiempos en los que determinadas cosas ni se tenían en cuenta. Muy propio del poder, sea en la escala que sea, que se ejerce desde un punto de vista personal. La confusión notable entre lo que se quiere, lo que se debe y lo que se puede hacer. El límite de la moral no puede ser definitivamente el único posible. Tiene que existir, también, el del sentido común y el de unas normas objetivas, de vigilancia constante, para que estas cosas ni siquiera puedan llegar a pagarse sin que se enciendas las alarmas. Con el mismo rasero gobierne quien gobierne, tiene que existir un procedimiento contra ocurrencias. Como ustedes comprenderán, en el presupuesto municipal no existe ninguna partida que vaya titulada como el nombre de equipamiento para carriola rociera.

El Gobierno central acaba de poner encima de la mesa -por fin, por fin- el anteproyecto de ley de transparencia que, en norma orgánica complementaria, pretende reformar el Código Penal para convertir determinadas acciones razonablemente comunes en delitos. Del asunto se tiene escasa información aún -el texto aprobado estará disponible mañana aunque se autorizó el viernes en Consejo de Ministros- aunque parece que lo que se va a penar no va a ser tanto malgastar o dilapidar como hacerlo sin partida presupuestaria o dejar los cajones hasta arriba de dinerito pendiente, que no es exactamente lo mismo. Se puede derivar a puñetas y pegos el dinero público respetando profundamente el derecho administrartivo, según parece. Y ya veremos esas intenciones reformadoras cuando toque aplicarlas contra los propios con ese ministerio fiscal y ese sentido peculiar del dinero público, que no es de nadie como la carriola, que tenemos en España.

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