Entrevista al coordinador de la Fundación Arquitectura Contemporánea y socio fundador de PAX-Patios de la Axerquía

Carlos Anaya: "Corremos el riesgo de transformar a Córdoba en un museo de ella misma"

  • El arquitecto y antropólogo muestra su preocupación por el vaciamiento del Casco Histórico que los propios cordobeses identifican “con turismo” por un imaginario colectivo que hay que cambiar

Carlos Anaya posa junto a un mural de la ciudad en la sede de la Fundación Arquitectura Contemporánea.

Carlos Anaya posa junto a un mural de la ciudad en la sede de la Fundación Arquitectura Contemporánea. / Juan Ayala

Tras más de una década asentado en “una ciudad amable” para vivir y con la perspectiva que otorga el haber conocido otros modelos, Carlos Anaya Sahuco (Madrid, 1984) está convencido de que Córdoba puede seguir creciendo. Como arquitecto y antropólogo, su preocupación está tanto en la construcción urbana como social, factores que considera indisolubles y sobre los que participa activamente por su labor como coordinador de actividades de la Fundación Arquitectura Contemporánea o socio fundador de PAX-Patios de la Axerquía. Ambos colectivos ofrecen una perspectiva distinta y enriquecedora sobre los problemas de una ciudad llamada a encaminarse hacia los objetivos de sostenibilidad, accesibilidad, inclusión y hasta belleza que abren las puertas al futuro.

–Pongámonos en situación antes de nada. ¿Qué es la arquitectura contemporánea realmente?

–Es una arquitectura reciente, actual, lógica, donde lo estético no está reñido con lo ético y dotada de valores, y esa es la que defendemos. Y hay que dejar claro que no tiene por qué romper con nada. Esto es algo que se entiende muy bien en la gastronomía, adecuando lo tradicional con un lenguaje actual. Pero respecto a la arquitectura que se hace actualmente no hay una demanda social que la valore; si a la mayor parte de la población le dieran a elegir, viviría en castillos medievales, sin lugar a dudas, porque parece que tras el Barroco no ha existido arquitectura. La arquitectura contemporánea no busca un resultado formal, sino conseguir un efecto. No es una reglamentación u ordenanza, ni se trata de un estilo artístico, pero sí tiende al momento actual y busca una riqueza espacial. Pone énfasis no en lo construido, sino en el espacio que deja; es el vacío frente al lleno.

–Es decir, y para entendernos, que no sea un simple edificio.

–Muchos arquitectos dicen que la arquitectura da liebre por gato, pues estamos obligados a ofrecer más de lo que se espera de nosotros. Defendemos el compromiso urbano, porque la ciudad es el vacío de lo que construimos, y cuando hacemos un edificio delimitamos ya también el espacio urbano, cuya calidad nos interesa más que el propio edificio; los espacios de las calles, las plazas… Además, hoy es fundamental hablar de accesibilidad y sostenibilidad.

–Me dice que hay gente que preferiría vivir en castillos. Tal vez han hecho daño los malos edificios que se han hecho en alguna época.

–Córdoba es un magnífico ejemplo de que la contención económica ha servido para mantener muchas cosas; y al revés, cuando ha habido un momento de bonanza económica, se han producido desastres. Se ha perdido calidad, pero también en cuanto al diseño, en una época del star system, de edificios de arquitectos estrella que al final hacían un ejercicio de marketing, no comprometido con los usos de la arquitectura. Y ese mal está en la mentalidad de la gente; hay siempre ese imaginario colectivo que es básico tener en cuenta porque es un trabajo de sensibilización de la ciudadanía.

–Quizás influya que no se ha explicado bien que todo puede convivir.

–Hay una labor didáctica y de formación fundamental. Desde la Fundación tenemos un proyecto que trata de incluir la arquitectura en los planes de estudios, desde edades tempranas; es algo que solo se estudia desde el punto de vista artístico.

–Y en esto… ¿las instituciones están concienciadas de que el camino tiene que ser dar la mano a la accesibilidad y la sostenibilidad?

–Por lo general, la arquitectura contemporánea parece algo accesorio para la sociedad y las instituciones, un tema estilístico, cuando es algo que determina las condiciones de vida de la población. El grado de luminosidad, la orientación, el consumo, el bienestar… es fundamental.

"La arquitectura contemporánea parece algo accesorio, un tema estilístico, pero determina las condiciones de vida"

–Perdone que le interrumpa. Ahí tal vez pueda tener cabida la polémica de los vecinos del Casco Histórico que quieren y no pueden poner placas solares en los edificios.

–Bueno, ahora hay una novedad significativa y es que se ha aprobado ya la primera Ley de Calidad de la Arquitectura, que determina que ya es un servicio social, que establece una serie de mecanismos y metodología. Y respecto a los paneles solares, es cierto que el Casco Histórico tiene prohibida su instalación por el Plan Especial, por lo que es una decisión que no puede tomarse a la ligera y hay que evaluar, porque cualquier cambio puede producir rápidamente una alteración del paisaje urbano. Yo ahí apuesto por la regulación, porque hay cosas que molestan más que un panel solar, como antenas de televisión que ya nadie usa, aparatos de aire acondicionado, tendederos… Pero otra vía importante sería incentivar alternativas, pues si queremos hacer un Casco Histórico sostenible, se podría evaluar la colocación de paneles solares en espacios públicos (Adif lo ha proyectado ya en la estación del AVE). De hecho, hay que tener en cuenta los avances tecnológicos: existen tubos de vacío que se pueden poner en vertical a modo de celosía, para sombrear y dar privacidad, y producir energía al mismo tiempo. Hay muchas opciones que se podrían incentivar. Es más, la prohibición de poner las placas solares creo que lanza un mensaje erróneo de que la protección del patrimonio es incompatible con la sostenibilidad, y eso es muy peligroso. Porque el patrimonio solo existe con el discurso que lo sostiene, y que lo elaboramos entre todos.

Anaya posa ante el Templo Romano. Anaya posa ante el Templo Romano.

Anaya posa ante el Templo Romano. / Juan Ayala

–Lleva más de 11 años en la ciudad tras llegar de Madrid. ¿Considera que Córdoba está demasiado anquilosada en su pasado?

–Hay que partir de que Córdoba tiene un Casco Histórico excepcional, al que ha favorecido que se mantenga precisamente esa falta de recursos que quizás ha tenido desde épocas remotas; es una joya porque no se ha transformado en exceso y eso es un valor a preservar. Pero en el tema de mirar hacia adelante, como actitud colectiva, es algo que se debería fomentar más. Cuando llegué, la ciudad estaba inmersa en la candidatura a Capital Europea de la Cultura y la Fundación se integró incorporando ese plan de equipamientos culturales que acaba de presentar (y había sido aprobado en Pleno). Recuerdo al jurado decir: “Sabemos lo que es Córdoba, una joya, pero queremos saber qué vais a hacer, cómo va a repercutir en los habitantes esto”, y esa era nuestra aportación. El reto con el patrimonio no es mantenerlo como una foto estática, sino permitir la reproducción de las condiciones que permiten su mantenimiento, porque hay que entenderlo como algo vivo y que se adapta.

–Me ha nombrado un proyecto, de los muchos que ha habido, para construir la Córdoba del futuro y que, como en otras ocasiones, se ha quedado guardado en un cajón.

–Nuestro proyecto trataba de utilizar el espacio público para hilvanar los equipamientos culturales. Eso está en papel. Es más, en aquel momento ya se hablaba de Córdoba como la ciudad de los 15 minutos, un proyecto exitoso de la alcaldesa de París en las últimas elecciones, haciendo que cada una de esas vaguadas culturales estuvieran a ese tiempo de cualquier persona. La pena es que toda esa energía, esa alineación por un objetivo común, se desmoronara al caer. Nosotros lo llamamos “el museo del no”, pues nuestras administraciones tienen muchas carpetas con proyectos que aún tienen mucho potencial para la ciudad, y que alguien debería poner en valor, porque es un trabajo que está hecho.

–Hemos hablado mucho de un Casco Histórico que, curiosamente, cada vez tiene menos vida.

–Esto tiene mucha relación con PAX-Patios de la Axerquía porque nos dimos cuenta de que Córdoba pierde, desde hace años, población de forma continuada, pero más aún en el Casco que en el resto de los barrios. ¿Por qué se produce esto? Hemos detectado un tema de imaginario colectivo. Córdoba tiene cinco de los 15 barrios más desfavorecidos de España y el segundo en el que la gente de la ciudad no viviría es el Centro, según encuestas que hemos realizado. Esto es fuerte y es porque la gente identifica Centro con turismo y que debería ser un espacio terciario para la gente que vive en un barrio periférico y viene a tomarse una cañita, pasa el día, coge su coche y se vuelve; corremos el riesgo de transformar la ciudad en un museo de ella misma. El freno es ese imaginario que identifica Casco Histórico con turismo… y casa-patio con pobreza.

–Ahí entra esa iniciativa de la asociación para devolver la vida a las casas-patio.

–Partimos de que la tipología tradicional en Córdoba es la casa-patio, que es la más abundante en el Casco Histórico y está protegida por el Plan Especial, por tanto con unas limitaciones para transformación y adaptación, pero que se adapta perfectamente como apartamento con encanto, y esto desincentiva que la gente viva. Desde PAX no vamos contra el turismo ni contra nadie, solo queremos dar una alternativa a la gente que quiera vivir en el Casco. Identificamos cuál es la oferta que hay en la Axerquía y cruzamos estos datos para poner en valor un patrimonio material, protegido y con una arquitectura tradicional, que alumbra un patrimonio inmaterial, que es la convivencia en los patios, en la casa de vecinos, que impone una forma particular de relacionarse.

"Córdoba tiene cinco de los 15 barrios más desfavorecidos de España y el segundo en el que la gente de la ciudad no viviría es el Centro; es fuerte"

–De momento, está a punto de culminar la primera rehabilitación fomentada por PAX.

–Sí, es el proyecto de la calle Montero, donde las obras se están terminando ahora, y son seis familias jóvenes, la mayoría con una hija, que no quieren tener más hijos y que quieren que ellos crezcan en un ambiente controlado como si tuvieran hermanos. Esa operación en total son casi un millón de euros, 500.000 la adquisición del bien y 500.000 la rehabilitación, algo inasumible por una familia, pero sí por seis, pues la más asequible son unos 110.000 euros y la más cara, unos 180.000, que son precios más económicos que una vivienda de protección oficial en la zona del Hipercor donde todo el mundo quiere irse. Esta es una primera experiencia que estamos terminando y ahora tenemos ya otras.

El arquitecto, durante su entrevista con 'el Día'. El arquitecto, durante su entrevista con 'el Día'.

El arquitecto, durante su entrevista con 'el Día'. / Juan Ayala

–Parece que la idea tiene futuro a pesar de esos hándicaps de pensamiento que me ha comentado.

–A pesar de ese imaginario colectivo que dice que no se puede vivir en el Casco Histórico, que piensa que rehabilitar es más caro que comprar y que siempre obtiene peores resultados, y ese tema de identificar las casas-patio con pobreza, que es algo generacional también. Porque ahí entran los casos de esa gente que salió cuando la ciudad se expandía y lo vieron como un logro personal porque realmente estaban viviendo en una situación de infravivienda. Esa primera generación no volvería, pero la segunda sí recuerda aquella época con cariño y en esa es en la que tenemos puesto nuestro interés. En nuestros patios, lo que los padres quisieron olvidar, los nietos desean recordar. De hecho, la Fundación lo que quiere es defender el uso residencial en el Casco Histórico, que está sufriendo un vaciamiento de población constante.

–Algo realmente preocupante.

–Bueno, de hecho, recuerdo cuando surgió el Foro por el Derecho a la Ciudad en el que se hicieron unos carteles que aún se ven y que dicen “Derecho a la ciudad, derecho al descanso”. Subí una foto a una red social y había gente que me decía “¡vete a La Carlota!”; gente que lo veía como una agresión porque el Centro no está para descansar, sino para generar dinero a través del turismo.

–Quizás ahí es también donde se echa en falta mayor regulación, como otras ciudades han hecho sobre todo para frenar la proliferación de apartamentos turísticos.

–Evidentemente, hay que regularlo. Ahí está el fenómeno del Aibnb. Hay que diferenciar la persona que alquila un espacio de su casa porque se le ha quedado vacío y viene un turista y se integra en un ambiente real de la ciudad y luego gente que tiene un apartamento en el Casco Histórico, se alquila uno a las afueras, y ese lo subarrenda y con eso vive. Porque eso sí propone un cambio de uso en toda regla. Y luego, hay que tener en cuenta que las viviendas de uso turístico no tienen las mismas exigencias que las de uso residencial, y eso es algo que también habría que regular de manera clara, pues de entrada ya se está limitando que el uso sea reversible porque no cumple con todos los requisitos. Además, también habría que controlar la transformación de edificios enteros, porque ya no sería solo un cambio de uso, sino también de propiedad, pues cuando se permite la entrada de fondos buitres o especulativos al final sí estamos perdiendo ya patrimonio humano, residencial y arquitectónico. Esto no es ir contra el turismo, porque todos somos turistas, ni hay que vandalizar el tema de los apartamentos turísticos, pero sí hay que regularlo, ver qué aporta a la ciudad y bajo qué condiciones y hacer un plan estratégico que contemple todos los pros y los contras.

"No hay que vandalizar el tema de los apartamentos turísticos, pero sí hay que regularlo, ver qué aporta a la ciudad y bajo qué condiciones"

–A todo esto, y usted que viene de fuera… ¿se vive bien en Córdoba?

–Genial. Yo llegué con la intención de quedarme seis meses y llevo 11 años y medio. A mí me encanta poder ir andando a todas partes y poder salir, esa ciudad de cercanía, que lo mismo sales a tirar la basura, te encuentras a alguien y acabas tomándote algo y contándote qué tal ha ido el día. Y eso, para el que viene de una ciudad más grande, se valora muchísimo. Incluso el tema del ruido, pues es una ciudad muy silenciosa. Córdoba es una ciudad muy amable.

–Para el final quería preguntarle por los proyectos de la Fundación Arquitectura Contemporánea donde destaca la C-guide.

–La Fundación lleva 20 años intentando acercar la arquitectura a la sociedad, con actividades de creación, investigación y difusión, tres líneas que antes eran más definidas, si bien ahora intentamos usar las tres patas con proyectos colaborativos y relacionados con las nuevas tecnologías para incrementar el impacto. Ahí está el certamen Entreplanos, que nos vale para sacar información de las preocupaciones del ciudadano sobre el espacio en el que vive. Y luego está la C-guide, que es una guía con edificios posteriores a 1979, lo que implica la asunción de un riesgo, pues no están catalogados porque normalmente se espera a ver cómo evoluciona la arquitectura. Nosotros sí lo evaluamos con un comité de 38 profesionales, catalogando la arquitectura con una, dos y tres C, como los restaurantes. Es una guía para cualquiera.

El antropólogo ojea una revista en la sede de la Fundación. El antropólogo ojea una revista en la sede de la Fundación.

El antropólogo ojea una revista en la sede de la Fundación. / Juan Ayala

–De momento ya hay una docena de ciudades de todos los continentes incluidas, y entre ellas está Córdoba, algo que puede extrañar.

–De España están Barcelona y Córdoba, que acoge la sede de la Fundación desde 2002. Nosotros prestamos atención a dónde estamos y, además, contamos con el apoyo del Imdeec, que consideró que era una plataforma para posicionar el patrimonio contemporáneo en una red de arquitectura excelente a nivel mundial. Ahora, además, estamos en la fase final de los Premios de Arquitectura del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos (Cscae) en la categoría de difusión.

–Seguro que eso es una motivación más para seguir.

–Estamos trabajando en la inclusión de Nueva York, Tokio y Estambul, y vamos a lanzar también las tres C de todo el mundo, no solo de las ciudades que están, que consideramos que va a dar un empuje notable a la guía. Un proyecto que, es importante reseñar, es 100% andaluz, pues el equipo está en Córdoba y la financiación es de Cosentino.

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