Azahara Palomeque: "Necesitaba escribir esta novela para cerrar una herida"
La escritora cordobesa ahonda en una historia familiar que se desarrolla en la Campiña en 'Pueblo blanco azul', que saldrá a la venta el 18 de febrero
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La escritora cordobesa Azahara Palomeque publicará el próximo 18 de febrero su segunda novela, Pueblo blanco azul (editorial Cabaret Voltaire), un canto a las raíces que se desarrolla en el mundo rural, un pequeño pueblo de la Campiña cordobesa, en el que hace un viaje a la memoria para cerrar heridas. Tras un periodo de 13 años viviendo en EEUU, donde ha realizado un máster y un doctorado y ha sido profesora en la Universidad de Pensilvania, regresó a Córdoba, su tierra natal, en 2022. Es autora de cuatro poemarios y un libro de crónicas, se dio a conocer con el ensayo Vivir peor que nuestros padres (Anagrama, 2023) y la novela Huracán de negras palomas (La Moderna, 2023). Pueblo blanco azul se presentará en Madrid el mismo día de su pubicación y en Córdoba el 25 de febrero, a las 19:00, en la Biblioteca Grupo Cántico.
Pregunta.En esta novela, Elaia, la protagonista, regresa a su pueblo de origen. Algo similar a lo que le ha currido a usted. ¿Qué tiene de autobiográfico?
Respuesta.Es un libro inspirado en la historia de mi familia, pero todo es ficción. He partido de la historia familiar, de recuerdos que he compartido con mi madre, mis tíos, mis abuelos... Para luego articular una obra de ficción. Pero es verdad que la protagonista se parece mucho a mí, aunque Elaia es más joven y más ingenua. He querido que sea así para hacer la novela más interesante porque al final la ficción necesita de sus encajes para que funcione. Ella tiene una especie de sentimiento de extrañamiento y amor a la vez con su pueblo. Va al pueblo y siente que pertenece, pero al mismo tiempo que no, porque ha pasado muchos años fuera. A mí eso no me ocurre. Estoy plenamente integrada en mi pueblo, que es Castro del Río, y en Córdoba.
P.¿Qué se encuentra Elaia cuando vuelve a su tierra?
R.Ella está intentando recomponer un pasado que siente que se le escapa de los dedos. Lo que de alguna manera desata esta novela es que yo no pude ir al entierro de ninguno de mis abuelos. Ella cuenta que el haberse perdido esos dos funerales, del abuelo y de la abuela, hace que tenga una especie de deuda con el pasado. Cuando regresa al pueblo, es una persona que está atravesando un duelo. Entonces, tiene que interactuar con el presente, conocer a los personajes que están vivos y, segundo, tiene que hacerse cargo de los muertos, que era una cosa que a mí me sobrecogía y me pesaba. Por eso, la memoria es tan importante en el libro.
P. ¿Le ha ayudado escribir esta novela a cerrar esa herida abierta?
R.Sí, por supuesto. Era como lo has descrito, una herida que estaba abierta. Recuerdo que al regresar a Estados Unidos pensaba muchas veces que mis abuelos seguían vivos porque como yo no había visto el entierro, no había participado de esa ritualización colectiva de la muerte. Los domingos era el día que llamábamos a mi abuela y, a veces, cuando estaba en casa de mi madre, miraba el teléfono y pensaba que tocaba llamarla. Luego, claro, me daba cuenta de que era imposible. De hecho, el teléfono fijo de mi abuela me lo sé de memoria, no se me ha olvidado. Es verdad que yo necesitaba escribir esta novela por salud mental, por cerrar una herida, y creo que, en general, ese duelo conecta con las circunstancias de muchas personas. Por ejemplo, hay gente que me ha dicho que durante el Covid no nos pudimos despedir de los familiares por miedo al contagio, por precaución. Se los llevaban y lo siguiente que veías era la caja. Ahora, cuando yo cuento estas cosas, la gente me responde y me resalta lo importantes que son esas despedidas para cerrar las heridas.
P.¿Qué descubre Elaia cuando empieza a indagar en su historia familiar?
R.Es curioso porque lo que ella descubre es que la memoria circula hacia el futuro. Empieza a investigar, se va a la biblioteca, interactúa con la gente del pueblo, los entrevista, lee... Y en algún momento de ese proceso de investigación cortan el agua en el pueblo porque están en mitad de una sequía. Entonces, se da cuenta de que tiene que elegir entre seguir la investigación sobre el pasado e ignorar completamente las circunstancias del presente o involucrarse en una protesta que empieza en el pueblo sobre el agua y dejar en segundo plano ese pasado o integrarlo en todo lo que está ocurriendo. Ahora estamos de agua hasta las cejas, pero tiene mucho que ver con lo que pasó en Los Pedroches, que durante un año prácticamente todos los vecinos de esa comarca se quedaron sin agua. Era mi manera de integrar los tiempos históricos, el presente con el pasado y el futuro y de articular una memoria más completa y que no fuera una memoria lastimera porque en realidad no es un libro lastimero, aunque parta del duelo. Es un libro que está mirando hacia adelante.
Este no es un libro lastimero aunque parta del duelo, sino un libro que mira hacia adelante"
P.En el libro destacan las figuras de los abuelos como guardianes de la memoria. ¿Qué va a pasar cuando desaparezca toda esa generación?
R.Creo que está pasando ya porque mis abuelos fallecieron y estamos hablando de personas que nacieron en los años 20. Esa memoria va a seguir viva pero se va a ir transformando. La memoria de la Guerra Civil se ha transformado desde el momento en que acabó la guerra. Hay primero una memoria franquista que va cambiando a lo largo de las décadas: al principio es una memoria de la cruzada, luego se transforma en los 25 años de paz, en una memoria de la reconciliación. El exilio incluye muchísimas memorias en las circunstancias de cada exiliado, en distintos grupos y en distintos países. Y ahora, conforme esa generación se vaya muriendo, que ya quedan muy poquitos, por desgracia, y las nuevas generaciones vayan llegando, se seguirá hablando de la Guerra Civil. De hecho, está muy presente en la política actual, pero de manera completamente distinta.
P.¿Qué significado han tenido para usted sus abuelos?
R.Primero, el afecto, el cariño infinito. Para mí era muy importante dejar esto claro porque además yo no vivía en Castro del Río con ellos, entonces los veía en vacaciones y siempre sentía un deseo de estar a su lado. En términos históricos, a mí me ha hecho entender muchas cosas el mirarlos a ellos. Primero, la Guerra Civil, que actuaba como silencio incómodo, como elefante en la habitación, porque ellos no solían hablar mucho del tema hasta que luego mi abuelo empezó a decir que él era republicano de Azaña, que era su frase favorita. Luego, yo acabé haciendo una tesis doctoral sobre la Guerra Civil. Se da la casualidad de que mi abuela venía de una familia franquista, tenía un padre muy autoritario. Eran comerciantes y no pasó hambre, tenía una vida más o menos holgada precisamente por esos favores económicos que otorgaba el franquismo. Y se casó un represaliado republicano, que era mi abuelo, y sufrió las consecuencias de ese ostracismo económico y de ese estigma político por haberse casado con él. Entonces, hay una mezcla interesante de posicionamientos políticos dentro de lo que es el mundo rural, donde cada vecino sabe de qué pie cogea al otro. A mí me interesaba mucho explorar esas discrepancias ideológicas y cómo se juegan o se barajan en un pueblo pequeño de la campiña cordobesa.
Las raíces tienen un componente de memoria, un componente nostálgico y un componente ecológico"
P.¿Haber estado tanto tiempo fuera le ha hecho valorar más sus raíces?
R.Completamente. Las raíces son un concepto que he explorado mucho. Primero, desde la nostalgia. Yo soy una persona nostálgica, creo que a la nostalgia hay que hacerle más caso desde un punto productivo, desde un punto de vista de lo que se puede recuperar para el porvenir y para el bienestar. Y, por otra parte, las raíces son también nuestra casa y nuestra ecología. La etimología de ecología es la casa de todos. Entonces, también me he parado a pensar, con las circunstancias climáticas que vivimos, qué va a ser de esta tierra, estamos muy cerca del desierto, pero al mismo tiempo acabamos de vivir un tren de borrascas que nos ha dejado inundaciones catastróficas... Entonces, las raíces tienen ese componente de memoria, ese componente nostálgico y ese componente ecológico.
P.Con más de 20 fechas cerradas para presentar esta novela, ¿cómo se plantea los próximos meses?
R.No tengo agenda disponible hasta mitad de mayo, con eso te lo digo. Algún hueco a lo mejor me sale, pero pocos. Es una novela que voy a llevar a muchos sitios. Estoy repitiendo lugares donde ya he estado antes, librerías y centros culturales que me han vuelto a llamar ahora con esta novela, lo cual me da una alegría infinita porque significa que la gente se quedó contenta la otra vez. Me planteo esta gira con mucha ilusión, a mí me gusta viajar. En ocasiones, serán reencuentros porque ya conozco a la gente y, en otras ocasiones, serán encuentros por primera vez y lo tomaré como una suerte y como un privilegio.
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