Las agresiones a personal sanitario suben un 29% en Córdoba en el primer semestre

La Consejería de Salud registra 75 ataques desde enero de este año y el 76% de ellos han sido a mujeres

Del total, 71 han sido verbales y cuatro físicos

Ilustración de una agresión a personal médico.
Ilustración de una agresión a personal médico. / Rosell

Las agresiones a personal sanitario en la provincia de Córdoba han aumentado en un 29,31% en el primer semestre del año. Desde enero y hasta junio se han producido 75 ataques a profesionales de la sanidad pública, según los datos de la Consejería de Salud.

En este mismo periodo de 2018 fueron 58. De ellas, 71 fueron verbales, lo que supone un 94,6% del total, frente a cuatro físicas. En este sentido, este año han descendido los ataques de este tipo, ya que en los seis primeros meses de 2018 fueron 14.

Es llamativo que el 76% de estos delitos fueron contra mujeres. Esto es, de los 75 ataques a profesionales del Servicio Andaluz de Salud (SAS), 57 han estado dirigido a mujeres y 18 a hombres.

Este dato sigue en la línea de 2018, cuando ese porcentaje se elevó hasta el 81%, con 47 trabajadoras afectadas y 11 trabajadores, según datos de la Consejería. En todo 2018, Salud anotó 106 ataques; 74 fueron verbales y 32 físicos. De estos, fueron víctimas 88 mujeres (el 83%) y 18 hombres.

Esta situación es extensible a todas las provincias andaluzas y a todos los empleados del SAS. Médicos, enfermeros, auxiliares, celadores, administrativos y trabajadores del resto de categorías profesionales sufren ataques en el ámbito laboral. Andalucía ha anotado un total de 753 agresiones en el primer semestre de 2019, 130 casos más que en el mismo periodo del año pasado, cuando se alcanzaron 394.

“Agresiones verbales hay casi a diario, aunque muchas veces pasamos”, dice Marín

Por desgracia, no todos los ataques se denuncian por miedo o por quitar importancia al hecho, sobre todo en los casos verbales. En la actualidad hay varias vías para iniciar el proceso, lo que dificulta esclarecer el número de agresiones que denuncia y sufre cada colectivo ya que el SAS lleva una cuenta y los sindicatos y colegios profesionales otra.

Los dos últimos casos ocurridos en Córdoba son recientes. El 2 de julio, en un aviso domiciliario en Santaella, el familiar del paciente insultó y amenazó al equipo médico (formado por médico, enfermero y conductora de ambulancia), luego intentó agredirlos físicamente para, por último, lanzarles un cuchillo de grandes dimensiones que por suerte no les alcanzó.

El otro ocurrió el 24 de julio en Moriles y también en una salida de urgencia. En este caso, la víctima fue la médica que iba en la ambulancia, a la que el paciente –que habían recogido de la calle en evidente estado de embriaguez– dio un puñetazo en la cabeza. En las dos situaciones el abodago del Sindicato Médico de Córdoba (Simec), José María Ruiz Mateos, se ha personado como acusación.

El presidente de la organización sindical, Manuel Molina, explica que a ellos les llegan sobre todo los ataques físicos. “Muchas veces es difícil convencer al compañero para que denuncie las amenazas e insultos”, es decir, las agresiones verbales, “porque temen represalias”. “Hay muchos factores que influyen, sobre todo si se produce en pueblos chicos o con personas conocidas”, apunta.

La secretaria general del Colegio de Médicos y miembro del Observatorio Nacional de Agresiones a Médicos de la Organización Médica Colegial, Rosa Marín, explica que se está trabajando en un protocolo que aúne a las delegaciones de Salud y los colegios profesionales para que cuando se denuncie, el profesional vaya respaldado por la empresa (el SAS) y su colegio como acusación particular.

Concentración contra una agresión a una enfermera.
Concentración contra una agresión a una enfermera.

De esa forma, el número de personas que lleva sus ataques a los tribunales sería común, no como ocurre ahora. Por ejemplo, el Colegio de Médicos de Córdoba anotó el pasado año siete denuncias por agresiones y este año solo una; unas cifras que no se corresponden con la realidad de este problema.

Marín apunta que “hay miles de perfiles de agresor y miles de causas”. Puede ser el mismo paciente porque no está de acuerdo con la decisión que toma su médico y no consigue el objetivo que tenía, que puede ser una baja laboral, un medicamento o la derivación a una prueba diagnóstica.

“Otras veces son los acompañantes porque vayan con un enfermo grave y no sepan controlarse o porque intenten conseguir cuestiones que no se pueden hacer”, por ejemplo, personas que llegan a una consulta de urgencias extrahospitalarias pidiendo una resonancia magnética, “cuando eso lo tiene que valorar un especialista o en el hospital”. En este sentido, Marín señala que “las expectativas que traen a las consultas no se les cumple, su proyecto fracasa y el primero que está ahí es el que se lleva el chaparrón”.

Desde su experiencia, “agresiones verbales hay casi a diario, aunque muchas veces no reparamos y pasamos, pero no se debe pasar de ningún tipo de agresión ni verbal ni física porque ya tenemos víctimas mortales”.

El presidente del Simec apunta que estas situaciones “por desgracia, no disminuyen”. “Siempre está el riesgo de que te puedas encontrar con una persona conflictiva”. El principal foco está en Urgencias de Atención Primaria y Urgencias hospitalarias, mientras que en especialidades es donde menos se dan los ataques.

La organización sindical reclama que, siempre que exista la posibilidad, el agresor no tenga asignado al mismo médico, pero sobre todo quieren “que se tomen medidas para que no haya más agresiones en ninguna categoría profesional” del SAS y, por otro lado, “que las penas se cumplan y sean más fuertes para que la gente se dé cuenta de que es un atentado contra la autoridad y que estamos allí para salvarlos a ellos, no para que nos harten a palos”. En este sentido, Molina destaca que muchas veces los agresores son reincidentes, como en el caso de Moriles.

Por último, desde el Colegio de Médicos creen que es necesario educar al ciudadano “para que entienda que los recursos que tenemos son estos”. Al respecto, Marín resalta que “la educación para la salud estuvo en auge y luego quedó olvidada”, pero es importante “para que todo el mundo entienda más o menos la gravedad de un proceso y si debe o no acudir al médico”.

Por otra parte, explica la necesidad de que los facultativos asistan a cursos sobre cómo tratar al paciente que llega violento a la consulta y de comunicación verbal y no verbal, que ya imparte a Organización Médica Colegial.

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