Córdoba

Religiosa, virgen y mártir

  • Santa Pomposa. Vivió en un monasterio a las afueras de la ciudad, aunque se presentó como mártir emulando a su amiga Santa Columba; su cuerpo fue arrojado al río Guadalquivir

Religiosa, virgen y mártir Religiosa, virgen y mártir

Religiosa, virgen y mártir

Las únicas fuentes primarias sobre los mártires de Córdoba, fuentes fidedignas, son los escritos de San Eulogio y San Álvaro de Córdoba. Las crónicas recogen las enseñanzas del episodio martirial, las amenazas a la subsistencia de la religión y de la comunidad cristiana como tal bajo dominio del Islam. Este realizó, en Al-Andalus como por doquier, una empresa de apropiación del capital cultural y humano de los vencidos para ponerlo bajo titularidad árabe y estandarte del Islam. No hubo una persecución como la del Imperio Romano, efectivamente. Pero la Iglesia, presente en España siglos antes de la llegada de los musulmanes, se vio privada de toda una serie de libertades, y se produjo la erosión y el deterioro de la vida cristiana.

San Eulogio narra la vida y martirio de Pomposa en el Memoriale Sanctorum (851-856), recogiendo incluso noticias proporcionadas por el monje Félix, que también sería mártir. El Martirologio de Usuardo no mencionó este martirio y, por ello, no figuró en el Martirologio romano hasta que Ambrosio de Morales publicó en Alcalá las obras de San Eulogio en 1574. Pomposa nació en Córdoba hacia el año 828, en la región hispánica de Andalucía, durante la persecución desencadenada por los sarracenos, en el seno de una familia cristiana y rica, a la que había convencido a renunciar a los bienes perecederos para conquistar los eternos. Tras vender sus bienes, todos prometieron a Dios su castidad. Sus padres que habían enajenado su patrimonio, habían hecho construir en una sierra cercana a Córdoba el monasterio de San Salvador, en un lugar famoso por las abejas, de allí el nombre Pinna Mellaria (pico colmena, es decir lugar en donde pululan las abejas), convirtiéndolo en un centro monástico de gran espiritualidad donde se educaba en la meditación y el estudio de las Sagradas Escrituras.

Pomposa, la más joven de la comunidad, vivió en el monasterio en régimen laico con algunos miembros de su familia, aunque sus hermanos y otros parientes habían ingresado en él. Era abad el futuro San Félix. Este pudo contar a San Eulogio, historiador de los mártires de Córdoba, muchos rasgos edificantes de esta joven santa. Pomposa pronto sintió la llamada religiosa e ingresó en el monasterio donde acreditó su sencillez y su modestia. Se distinguía por sus virtudes, su mortificación y su celo por meditar la Sagrada Escritura. Se dedicó a su estudio junto a su amiga Santa Columba de Córdoba. Era humilde y paciente, ayunaba con frecuencia procurando ser fiel a su profesión religiosa. Por desgracia, Eulogio no los escribió por temor a fatigar al lector.

El 17 de septiembre del año 853 había muerto su amiga Santa Columba, que se había presentado voluntaria al martirio. Cuando Pomposa supo la noticia, se llenó de gozo y se inflamó en el deseo inmenso de imitarla. ¿Cómo hacerlo? Unos años antes había tratado de "ir al martirio", según palabra de San Eulogio, pero los suyos la tuvieron bajo llave y muy vigilada. Cuando supo la heroica muerte sintió la necesidad de morir mártir y por ello tuvo que ser nuevamente vigilada por su familia.

Pomposa quiso imitar a Columba. La noche del día 18 halló que, después del oficio nocturno, uno de sus hermanos, contra la costumbre, abrió la puerta del monasterio, quitó la llave y dejó la puerta atorada solamente con una pequeña cuña. Pomposa se dirigió silenciosamente a la puerta, la abrió y salió. Y deseosa de seguir las huellas de su predecesora, caminó en medio de la oscuridad a través del pavoroso desierto y durante la noche recorrió el espacio que separaba el monasterio de San Salvador de la ciudad de Córdoba, y la virgen llegó de mañana después de una marcha penosa por los caminos empedrados, ante la presencia del Cadí. Un escrito de San Eulogio citado en el Memorial de los Santos, menciona la condena de Pomposa. Se presentó al juez, dio testimonio de su fe, en la creencia que así podría demostrar su cristianismo y obtener la santidad, y escarneció al profeta impúdico, Mahoma. Pomposa refuta "con una simple exhortación a su impúdico profeta". Al exponer Pomposa al juez "la justificación de su santa fe... inmediatamente ordenó que se la pasase a cuchillo". Se le dio muerte mediante un golpe de espada, ante las puertas del Alcázar. La decapitaron el 13 de las calendas de octubre, el año 891 de la Egira (19 de septiembre de 853). El Cadí solía denegar la sepultura a los cadáveres, los quemaban o los exponían para que fueran devorados por los perros, o los colgaban boca abajo. Su cuerpo fue arrojado al río, sin quemarlo, pero, según San Eulogio, fue recogido por unos jornaleros que lo enterraron y preservaron hasta que, unos veinte días después, fue trasladado por unos monjes a la basílica de Santa Eulalia, donde reposó junto a su amiga Columba. Su fiesta se celebra el 19 de septiembre. Actualmente existe una cruz con un pedestal que parece una piedra de molino, con un texto que dice: "Remembran a la gloriosa memoria del monasterio de San Salvador Peña Melaria. 31 de marzo de 1915 C.T.N". Y que conmemora la supuesta existencia del monasterio de San Salvador de Peña Melaria en un extraordinario lugar, arriba de la sierra en línea con la Albaida, cerca de la huerta de Peña Melaria o de las Ventanas, y antiguamente de Sancha Miranda la Alta.

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