Testimonios de mujeres que han abierto caminos

"Parece que ha sido un camino de rosas, pero todo empezó por una falda"

  • Cruz Roja reúne en una tertulia a mujeres que se han hecho un hueco en profesiones ocupadas tradicionalmente por hombres

Lola y Delfi Tapias, Cándida Ruiz, Sandra Heredia, Zaynab Colmenero, María José Villegas y María José Martínez. Lola y Delfi Tapias, Cándida Ruiz, Sandra Heredia, Zaynab Colmenero, María José Villegas y María José Martínez.

Lola y Delfi Tapias, Cándida Ruiz, Sandra Heredia, Zaynab Colmenero, María José Villegas y María José Martínez. / Lolo Agredano

Mujeres que han abierto camino y que con su esfuerzo han logrado hacerse un hueco en profesiones ocupadas tradicionalmente por hombres han sido las protagonistas de una mesa redonda organizada por Cruz Roja con motivo del 8M. Las primeras policías locales de Córdoba, la primera árbitra andaluza de fútbol en Tercera División masculina, una jugadora de rugby y a una concejala de etnia gitana han compartido su experiencia y han contado anécdotas que les han ocurrido en el desarrollo de su trabajo.

A la tertulia, que ha estado moderada por la periodista María José Martínez, han asistido alrededor de un centenar de personas entre técnicos y voluntariado de la organización humanitaria y ha comenzado con un recuerdo a Concepción Arenal, pionera del feminismo y figura fundamental en el desarrollo de Cruz Roja en España.

Dos de los testimonios más interesantes para ver la evolución de la mujer en la sociedad han sido los de Delfina y Lola Tapia, dos hermanas que fueron las primeras mujeres en ingresar en la Policía Local de Córdoba, en 1970. Su padre era guardia civil y les transmitió su amor por el servicio público, así que las dos dejaron la peluquería (profesión a la que se dedicaban) para alistarse en este cuerpo.

Delfi ha explicado que entonces "no había uniforme para mujeres", de hecho, ella misma hizo de modelo de los tres diseños que creó un sastre de Sevilla y los tuvo que presentar en el Pleno del Ayuntamiento para que los concejales eligieran cual les gustaba más. Incluso le hicieron la prueba de fuego: sentarse cruzada de piernas para comprobar que la falda no dejaba ver las rodillas.

El largo de la falda era poco favorecedor en una época en la que las minifaldas empezaban a verse en España, así que estas dos agentes y sus compañeras decidieron acortarlas coincidiendo con la feria. "Ahora parece que fue un camino de rosas, pero todo empezó por una falda", ha asegurado Delfi.

Tampoco fue fácil el trabajo con sus compañeros: "tuvimos una buena acogida de unos y una no tan buena por parte de otros, sobre todo de sus mujeres", ha indicado. 

Lola ha relatado varias anécdotas, como cuando un ahora conocido abogado aparcó en la acera y, al llamarle ella la atención, él le preguntó si era azafata. Finalmente, tal fue su actitud que lo denunció en los juzgados por desobediencia.

O como cuando estando embarazada fue a cobrar su nómina al Ayuntamiento (antes se hacía en ventanilla), había mucha cola y un compañero quiso meterla delante suya, pero otro se quejó alegando que ella cobraba lo mismo que él y que guardara su turno como hacían todos. "Nos han puesto muchos palos en las ruedas", ha apuntado Delfi.

Entonces ellas regulaban el tráfico de forma manual, con tacones incluidos, porque en Córdoba solo había dos semáforos y llegaron a tirarles tomates y decirles que se fueran a su casa a fregar; eso entre otros insultos.

En los años 80 ya les dejaron vestir con pantalones y zapatos de cordones. Después consiguieron que hubiera mujeres motoristas y en coches patrulla. "Nos hemos estado reciclando toda la vida", ha señalado Delfi. Finalmente, acabaron recibiendo las llamadas en la sala del 092; "los diez mejores años" de la trayectoria de Lola.

El peor momento de sus trayectorias fue, sin duda, cuando asesinaron a sus compañeras Marisol y Mari Ángeles, en 1996; una desgracia que "no se olvida nunca".

Otra de estas pioneras es María José Villegas, la primera árbitra andaluza de fútbol en Tercera División masculina. A ella siempre le gustó practicar deporte, pero como jugadora, hasta que supo que una compañera se había metido a árbitra y le picó el gusanillo. Así que se puso en contacto con el delegado del comité de árbitros y tras pasar unas pruebas, comenzó su andadura en esta profesión tan masculinizada.

De su primer partido recuerda el estrés que sentía, que "hacía que ni supiera quien tenía que atacar". Tal fue la situación que "mis compañeros no me querían ni comentar cómo me habían visto".

Poco a poco fue mejorando, pasó las pruebas físicas y ascendió de categoría. Aunque  asegura que hay "partidos muy bonitos", también sufre  insultos por ser mujer. "En el fútbol femenino no se nota tanto", pero en las categorías masculinas se recurre mucho al "insulto fácil".

Sin embargo, "me afecta el error, no lo que digan de mí" porque "cuando te gusta lo que haces y muestras que lo sabes hacer, la gente se sorprende".

También ha dado su testimonio la jugadora de rugby Zaynab Colmenero, una de las primeras mujeres que comenzaron a jugar a este deporte en Córdoba. Cuando empezó "apenas había equipos femeninos en Andalucía", sin embargo ahora hay una liga de Rugby 15 y una de Rugby Seven.

En los diez años que lleva en este deporte ha visto una gran evolución. De hecho, al principio, durante dos años, jugaba con los hombres "porque no había chicas que quisieran jugar".

Más tarde se creó el Mezquita femenino, que comenzó con unas ocho jóvenes, y ahora entrenan entre 15 y 20.

El último testimonio ha sido el de Sandra Heredia, concejala de etnia gitana en el Ayuntamiento de Sevilla. "Las barreras que tenemos que romper las mujeres de etnia gitana son distintas, como los estereotipos; aunque yo me considero una privilegiada porque sé de muchas mujeres que no han podido alcanzar puestos de responsabilidad ni pueden llegar a la escala educativa necesaria", ha manifestado.

Esta cordobesa ha confesado que las mayores dificultades las ha encontrado "en la sociedad en general" porque "cuando no respondes a los estereotipos que la mayoría cree que tienes son muchas las barreras que hay que romper", a la vez que "tienes que ser un altavoz de esa falta de derechos y desigualdad que viven las personas gitanas".

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