Concierto de clave de Javier Núñez | Crítica

Música en tiempos de Cervantes

Javier Núñez, durante el concierto de clavecín en el Bellas Artes.

Javier Núñez, durante el concierto de clavecín en el Bellas Artes. / A. T.

Excelente idea la de programar un concierto de clavecín en el Museo de Bellas Artes de Córdoba dentro de los actos con motivo de la Noche del Patrimonio. Es ya un lugar común denunciar el olvido sistemático que las músicas históricas sufren cuando se habla de patrimonio y, por ello, cualquier iniciativa que busque paliar esa carencia debe ser bienvenida.

El excelente clavecinista sevillano Javier Núñez preparó para la ocasión un programa muy oportuno y relacionado estilísticamente, como él mismo explicó, con la sala en que se realizaba y con la propia Plaza del Potro. Dicho programa incluía músicas conectadas con las principales vías de surgimiento de la música instrumental: la improvisación, la variación, la adaptación de modelos vocales y la danza.

Al primer aspecto aluden términos como toccata (y su equivalente español tiento) que encontramos en los títulos de las obras de Girolamo Frescobaldi (1583-1643), Francisco Correa de Arauxo (1584-1654) y del Anónimo italiano de hacia 1680. A todas ellas, Núñez supo imprimir el encanto de su estilo interpretativo exuberante de adornos y rico en rubato.

Al género de la variación alude la palabra castellana "diferencia", presente en los títulos de las obras del gran Antonio de Cabezón (1510-1566), la primera de las cuales -primera también del recital- sonó aun algo encorsetada en las manos de Javier Núñez, que fue remontando en precisión y virtuosismo de forma sorprendente a medida que avanzaba la velada.

Conectada con la variación está igualmente la adaptación instrumental de temas vocales, ya que muy a menudo son canciones y otras formas vocales las que se utilizan como base para glosar. Este fue el caso del tema de Bernardo Storace (s. XVII) sobre la Monica (la monja), la célebre canción sobre la joven ingresada en un convento a su pesar.

Por último, la música proveniente del mundo de la danza se hizo presente en este amenísimo concierto a través de las dos danzas más emblemáticas del siglo XVI, la pavana y la gallarda, y de otras de ese mismo siglo y del siguiente, como la corrente.

La forma de abordar las danzas por parte de Javier Núñez resultó quizás demasiado ambigua de ritmo en las danzas lentas, pero llena de virtuosismo, brío y pasión en las enérgicas obras de Giovanni Picchi (1571-1643), Joan Baptista Cabanilles (1644-1712), Antonio Valente (1565-1680) y Alessandro Scarlatti (1660-1725). En la Follia de este último con que concluyó el concierto Núñez mostró un compendio de sus múltiples recursos.

Fue largamente aplaudida; y lo hubiera sido mucho más si la organización hubiera caído en el detalle de que es poco elegante impedir que el intérprete salga de nuevo a saludar interrumpiendo los aplausos con instrucciones sobre cómo vaciar la sala. Fue un gesto, a mi juicio, ni siquiera justificado por el hecho de que hubiera otro acto a continuación. Este aspecto se sumó a otro que también me gustaría animar a que se resolviera en próximas ocasiones: el ruido ambiental continuo, procedente en parte del patio, y al que el público hubo de adaptarse para poder disfrutar de las sonoridades tenues del instrumento.

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