Córdoba

Médicos rurales: la barrera de contención del coronavirus desde los municipios de Córdoba

Los médicos de familia Agustín Díaz, Pablo López e Isabel Orzáez. Los médicos de familia Agustín Díaz, Pablo López e Isabel Orzáez.

Los médicos de familia Agustín Díaz, Pablo López e Isabel Orzáez.

Lejos de la tranquilidad que podían transmitir los centros de salud vacíos de pacientes durante las semanas más duras de la pandemia, el trabajo de los médicos de Atención Primaria se ha intensificado, de forma que se han convertido en la barrera de contención del coronavirus, además de seguir atendiendo el resto de patologías. 

Esa labor callada y generalmente poco reconocida se ha vuelto más dura en los municipios de la provincia, en zonas donde no hay urgencias extrahospitalarias y el hospital no queda a la vuelta de la esquina. Es allí donde estos profesionales, los médicos rurales, han tenido que sacar garra y dejarse llevar por su vocación para superar el miedo en unos casos y la incertidumbre en todos.

Tres especialistas de Atención Primaria de diferentes comarcas de Córdoba -Priego de Córdoba, en la Subbética; Espejo, en el Guadajoz-Campiña Este; e Hinojosa del Duque, en Los Pedroches- relatan aquí cómo han sido esos días, cómo esta crisis ha ayudado a acercarlos más a sus pacientes y ha potenciado el trabajo en equipo, pero, sobre todo, destacan la ejemplaridad de los ciudadanos.

La puerta de entrada al sistema

Pablo López Delgado pasa consulta en una de las zonas más golpeadas por el covid-19, Hinojosa del Duque (localidad con 6.788 habitantes), una Unidad de Gestión Clínica (UGC) que también engloba a Belalcázar. A sus espaldas lleva 25 años de trayectoria, 13 de ellos en su actual plaza, por eso, aunque vive y es de El Viso, lo conoce todo el mundo en Hinojosa, lo que supone "ventajas e inconvenientes". La ventaja viene dada porque, como suele ser habitual en los municipios, conoce a familias enteras, algo que ha sido beneficioso para la gestión del coronavirus.

"Hemos sido la primera barrera de este problema antes de que la gente llegara al hospital", señala este doctor, porque "¿si tienes fiebre, dónde llamas? Al centro de salud porque quieres hablar con tu médico". Esto se suma a que al principio en Salud Responde estaban las líneas saturadas, no había manera de que el usuario contactara. De esta forma, "tenías que hacer una contención para que solo fueran al hospital los casos que realmente lo necesitaban y el hecho de conocer a los pacientes, saber sus antecedentes, cómo son y quiénes viven en su casa ha facilitado el trabajo", explica.

La atención ha sido telefónica casi en su totalidad, salvo en alguna ocasión que han tenido que visitar domicilios, para lo que se han protegido con monos. Sin formación específica sobre infecciosos, estos médicos rurales han desarrollado su trabajo lo mejor posible con las nociones y los protocolos que tenían en ese momento.

Cuando el paciente tenía síntomas, pero eran llevaderos, le recomendaban aislarse en una habitación de su domicilio para evitar el contagio del resto de su familia; mientras que si los síntomas eran graves, lo derivaban al hospital, donde ya se le practicaba una prueba PCR y placas en caso de que no se las hubieran hecho en el centro de salud. También hacían un seguimiento de los contactos que habían tenido para que no hubiera una posible propagación.

"El trabajo de la Atención Primaria es callada y está siempre en un segundo plano, cuando somos la puerta de entrada del usuario al sistema", reivindica el doctor López, a la vez que destaca que "de la Atención Primaria no se ha hablado hasta el punto de que el Gobierno central decía que ahora, ya que estábamos en la desescalada, iba a adquirir importancia". "No", dice tajante, "ha tenido importancia desde el principio en cuanto que ha sido la primera barrera de contención; esto es, atender a muchos pacientes a domicilio que luego no han saltado a las estadísticas porque no se les ha hecho pruebas, y derivar al hospital en los casos necesarios".

De un tiempo a esta parte, como ya hay más disponibilidad de pruebas diagnósticas, está protocolizado que si hay un paciente en Primaria con síntomas compatibles con covid-19, hay que pedir una PCR y en un plazo de 24 o 48 horas se conocen los resultados.

El contacto telefónico

Casi diariamente, los médicos rurales hablaban con sus pacientes contagiados por teléfono e incluso han seguido su evolución cuando han estado ingresados a través de las historias clínicas, como relata Isabel Orzáez, que lleva 15 años entre Castro del Río y Espejo, hasta que hace tres consiguió un cupo en este último.

El tamaño del municipio (tiene algo más de 3.300 habitantes) le permite no solo conocer a sus pacientes, sino a sus familias y sus patologías porque "de una manera o de otra te llega la información". Esto hace que "no solo llegues a entender la enfermedad física, sino la emocional", apostilla.

El contacto con los casos positivos ha venido sobre todo cuando volvían diagnosticados desde el hospital o tras su ingreso. "A la vuelta, después de haberlos tenido detrás del teléfono y que hayan evolucionado bien, impone tenerlos sentados en la consulta" porque "es una sensación de alegría y de pena por pensar qué habrán sentido durante su hospitalización", apunta.

Desde su experiencia, asegura que ha sido "duro y estresante" porque el factor psicológico ha jugado un papel fundamental en esta crisis. Así, al trabajo físico se ha sumado el desgaste emocional, "que nos ha pasado o nos va a pasar factura seguro".

Aún así, los ciudadanos han comprendido y "han hecho fácil" el trabajo desde Atención Primaria evitando ir de forma presencial a los centros de salud, incluso en algunos casos ha habido que "convencerlos de que su patología requería asistencia presencial", resalta la doctora Orzáez. "El mismo miedo que tenían ellos lo teníamos nosotros porque sabíamos cómo iba a empezar la jornada, pero nunca cómo iba a terminar", confiesa. Ahora, pasadas las semanas más críticas y desde la distancia, cree que incluso ha habido "más miedo del que era necesario".

El comportamiento ejemplar del ciudadano

A punto de jubilarse, Agustín Díaz ha vivido con el coronavirus la peor crisis sanitaria de su carrera. Aprobó las oposiciones en 1983 y desde entonces ha estado ligado a la Medicina familiar. Tras siete años en un pueblo de Jaén, Higuera de Calatrava, lo trasladaron a Luque, donde pasó otros siete. Luego llegó a Priego de Córdoba (22.408 habitantes), su localidad de origen y donde lleva 23 años; siempre con el mismo cupo y con el que se jubilará "probablemente" a finales de año.

En su centro de salud han vivido estas semanas "con mucha preocupación e incertidumbre", sobre todo porque "era un proceso absolutamente nuevo, del que no se sabía nada; ni sintomatología, ni evolución, ni secuelas". Así, señala que "los ciudadanos de Priego desde el primer momento entendieron la gravedad del problema", y así lo han demostrado acudiendo al centro de salud exclusivamente en caso de urgencia. De ese "comportamiento ejemplar" también se enorgullecen los doctores Orzáez y López en sus respectivos municipios.

Entre los pacientes del doctor Díaz ha habido casos de contagios, desde leves a muy graves que incluso han necesitado ingreso en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), por lo que "ha sido muy duro para ellos, para sus convivientes y para nosotros, los médicos de Atención Primaria, que hemos seguido telefónicamente su evolución, su angustia, su incertidumbre y su miedo día a día". Pero también ha sido "muy gratificante cuando se han curado o han vuelto del hospital". Esto le ha servido para notar más el cariño de sus pacientes, que "antes de colgar me decían que me cuidara; son muchos años conociéndonos y nos hemos dado ánimos mutuamente".

Lo mismo le ocurría a Pablo López: "Cuando hablabas con ellos por teléfono, casi todos al despedirse te decían 'cuídate Pablo, porque si te cuidas tú nos cuidas a nosotros', lo que te emocionaba". En esos momentos "te sentías arropado y querido".

Aprendizaje de la crisis

Uno de los aspectos positivos de esta crisis ha sido la potenciación del trabajo en equipo, explica el facultativo de Hinojosa del Duque, a la vez que recuerda que "la sobrecarga de trabajo, el miedo a lo desconocido y la incertidumbre han hecho que trabajemos muy unidos los cinco médicos, el personal de Enfermería y la técnico de rayos".

Una de las lecciones que ha aprendido Ordáez es la gran "capacidad de adaptación" de los profesionales sanitarios a los nuevos protocolos e indicaciones, que se actualizaban muy a menudo durante las semanas más críticas de la pandemia.

Por su parte, el médico prieguense agrega que de esta situación ha sacado dos enseñanzas. La primera es que "somos muy vulnerables" y la segunda es que "la solidaridad es fundamental para salir adelante, de este y de otros problemas".

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