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El Campo de la Verdad

Caprichos de nuevo rico

  • Amparado por una operación urbanística para la que no hay ni euros ni interés, el colegio Rey Heredia, que diseñó Azorín Izquierdo, se ha quedado abandonado · Como 'sobra' espacio para el fomento de iniciativas económicas y sociales, no hay plan alternativo para el primero de los centros públicos creados en la ciudad

LAS ciudades viejas y pellejas como Córdoba se forjan de aciertos aunque también de cagadas, displicencias e incompetencias. En una curiosa reversión, qué es error y qué acierto tienen un valor relativo. Excelsas ideas nunca cuajan mientras atolondramientos puntuales o ataques de vanidad política acaban siendo aceptados por la soberana vecindad. Las ciudades, también, se hacen a empujes de grandes sueños o de iniciativas pequeñas, esas que interesan a grupos de aguerridos. De eso vamos hoy.

A plena luz del día, más por falta de interés que por otra cuestión, se está llevando a efecto la operación de abandono de todo cuanto se encuentra entre la trasera de la Torre de la Calahorra y la plaza de Santa Teresa, en el Campo de la Verdad.

A principios de los 90, el Ayuntamiento llevó a cabo la aprobación del Plan Especial del Río. Desde aquel momento, y en posteriores expedientes de planeamiento, toda aquella zona se consideró inadecuada para la Córdoba que estaba por venir. La operación consiste en cepillarse todas las edificaciones de esa manzana para crear una especie de gran plaza o jardín rectangular, muy al gusto de aquella época preolímpica: desde el colegio Rey Heredia hasta los locales de comida popular de la zona pasando por las casas, algunas centenarias, que han ocupado esa zona por generaciones. Así consta en el Plan General vigente.

Supuestamente, porque la cosa es más bien presunta, las intenciones oficiales se completan con la creación del Museo de Bellas Artes, un edificio de viviendas y algo verde entre la Calahorra y el hotel llamado Hesperia para completar el paquete. Las viviendas serán para los realojos que hay que realizar cuando se le meta la piqueta y el museo, ay, qué quieren que les diga del museo.

El Ayuntamiento decidió, estando Carmen Calvo en el Gobierno, cederle parte de ese gran solar al Ministerio para tan magno equipamiento, necesario para reorganizar el actual Bellas Artes que comparte el antiguo hospital de la Caridad, en la plaza del Potro, con el Romero de Torres. En los años que había dinero no se empezó a realizar ni la plaza ni el museo, ni las viviendas, ni la zona verde. Y en esas estamos, pendientes de que nos intervengan los alemanes o los americanos. Si no se ha hecho todo eso en 22 años es porque, prisa, no hay.

La Consejería de Educación decidió hace algún tiempo, ante lo inminente de la piqueta y la construcción de un nuevo centro en el barrio, trasladar a los escolares que aprendían sus primeras letras en el Rey Heredia. El colegio es obra municipal del año 1920. Lo proyectó un arquitecto, concejal socialista, de nombre Francisco Azorín Izquierdo, una de esas grandes personalidades ilustradas que se preocupó de Córdoba y los cordobeses. Dentro y fuera del Ayuntamiento, Azorín Izquierdo trabajó a fondo en las condiciones básicas de vida de los vecinos, como bien ha explicado el profesor Alberto Villar. Una de sus iniciativas fue la proyección de cinco grupos escolares, baratos, pensados para alojar a más de 2.000 niños.

Cito a Villar: "De los 8.000 niños en edad escolar sólo estaban matriculados 1.549 que recibían enseñanza en auténticos cuchitriles". Y Villar cita el plan que Azorín Izquierdo presentó en el Ayuntamiento y sus especificaciones: "Todos los locales en condiciones, sanos, bellos, con las cualidades pedagógicas indispensables: con aire y sol, con árboles y flores, con espacio para juegos gimnásticos, para trabajos manuales, para museos escolares (…) Locales que proporcionen ambiente propicio para el desarrollo de los nuevos sistemas pedagógicos; que sirvan de estímulo a la actividad del maestro, que ofrezcan atractivo a los niños".

Se podrán imaginar que lo que había detrás era la noble aspiración de que los hijos de las muchas familias pobres tuvieran alguna posibilidad en la vida. El concejal tituló su informe Proyecto de escuelas unitarias para niños y niñas, igualdad también de sexos. Visto con la perspectiva de casi un siglo, el plan tuvo cierto éxito. Alguno de aquellos diseños -no todos se realizaron- siguen funcionando como colegio (es el caso de Colón) con hechuras parecidas a las originalmente concebidas.

En el Rey Heredia, edificio deliberadamente sobrio, ya no hay escolares. Tenía las goteras propias de la edad y la falta de mantenimiento. La Junta se llevó a los niños que allí seguían ante un derribo que nunca se va a producir. El municipio no tiene ni dinero ni ganas de emprender una operación cosmética, compleja y muy probablemente innecesaria. Un capricho del nuevo rico que no somos.

El Museo de Bellas Artes, como comprenderán, va a tardar lustros y, en el caso de que alguna vez hubiera fondos, nada impide construir en el gran solar de la avenida de Fray Albino -convertido un basurero ocasional y en cata arqueológica perpetua del otrora fogoso arrabal de Saqunda- sin necesidad de liar la de Dios es Cristo en el Campo de la Verdad. El colegio se ha quedado cerrado a cal y canto, con el consiguiente peligro de que el abandono haga por un edificio de 1920, necesitado -es verdad- de mantenimiento y cierto cariño, lo que no han conseguido ni el tiempo ni la falta de cuidado a lo largo de los 92 años que llevaba en uso. Como se ve que tampoco hay personas autónomas y emprendedoras con ganas de empezar una empresa por su cuenta o necesidades sociales a desarrollar por los colectivos la zona sur (el Ayuntamiento se va a gastar un pastón en la Normal de Magisterio, recuerden), tampoco hay un plan alternativo para el colegio público más antiguo de Córdoba.

Estamos que lo tiramos. Como esta ciudad tiene recursos de sobra, se permite que haya edificios abandonados, acumulando polvo, noreñas en potencia, como esa Pérgola que acaban de fortificar. Este caso, además, fastidia. Se trata de un ejemplo de lo más cívico y justo que existe en la actividad pública -la educación de todos- propiciada por una ciudad que ha encumbrado a tanto faro del desarrollismo y la especulación.

Azorín Izquierdo firmó su proyecto el 28 de diciembre de 1919. Día de los inocentes. Pues eso.

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