Loco por la música

Las BSO en el cine

  • Banda sonora y música de cine no son lo mismo; la gran diferencia entre ambos terrenos radica en su forma de escucha y su relación con el acto cinematográfico

Alberto Iglesias en una gala de los premios Goya. Alberto Iglesias en una gala de los premios Goya.

Alberto Iglesias en una gala de los premios Goya.

"El sonido y la música son el 50% del entretenimiento en una película”. (George Lucas). Esta frase dicha por uno de los más importantes cineastas de los últimos 50 años nos sirve para introducir la importancia tan vital de las bandas sonoras en el cine. Es interesante hacer notar que no es lo mismo música de cine que banda sonora. Cierto es que el desconocimiento a veces hace que se utilicen con el mismo significado, pero no es así.

La gran diferencia entre ambos terrenos radica en su forma de escucha y su relación con el acto cinematográfico. La música de cine es posible disfrutarla en formatos de audio y reproducción variados ajenos al cine en sí. En cambio, la banda sonora no es posible apreciarla sin estar unida a la imagen para la que se creó. Básicamente, la banda sonora es la música compuesta al servicio del discurso cinematográfico que tiene como objetivo reforzar la expresión de la imagen.

Normalmente, la banda sonora se compone cuando ya está terminada de rodar la película porque su función principal es reforzar y aumentar la expresión artística de la imagen y puede estar dividida en bloques genéricos que hacen alusión a partes importantes de la obra fílmica, como son la introducción y/o salida de créditos y los leitmotiv temáticos para personajes o escenas claves.

Como curiosidad, el uso del leitmotiv para personajes y situaciones determinadas viene de las óperas de R. Wagner a finales del Siglo XIX, cuando aún ni se soñaba con que existiera el cine y mucho menos el sonoro. Existen dos funciones para las bandas sonoras: la conocida como “música de pantalla” para acompañar a la imagen y donde se suelen usar melodías ya más o menos conocidas; y la “música incidental”, cuya función es crear en el espectador “imágenes sonoras” que sirvan de sostén a las imágenes.

Entre algunas de las funciones de las bandas sonoras en el cine podemos citar la de ambientación de épocas y lugares, creación de las diferentes atmósferas requeridas, ayudar a definir a los personajes y sus estados de ánimo y sustituir diálogos innecesarios. La música para cine ha tenido un desarrollo sostenido aparejado al de la sociedad, siempre cambiante y voluble.

Desde su utilidad en el cine mudo, donde sirvió como elemento al servicio de la acción de la escena con músicos en vivo, hasta lo que conocemos hoy con el uso de estas para formarnos imágenes y dejarnos huella según lo que hayamos visto, o incluso superar a la misma película en sí. Ahí tenemos el ejemplo de Star Wars, cuya banda sonora compuesta por John Williams ha trascendido mucho más que las trilogías incontables producidas en los últimos 40 años.

En el cine mudo, según el nivel de la sala, esa música podía ser en directo con un solo instrumento o una pequeña orquesta y casi siempre se interpretaban piezas populares y conocidas por el respetable. De esta época tenemos casi todas las obras fílmicas geniales de Charles Chaplin, Harold Lloyd o Buster Keaton.Hacia 1927-1930 llega el cine sonoro y la música como tal entra de lleno en el nuevo sistema.

El primer filme de esta nueva era se llamó El cantor de jazz y curiosamente su música era “enlatada” mediante el uso de un tocadiscos que estaba sincronizado con el proyector de imágenes. En la década de los 30 se hace evidente ya la importancia de la banda sonora, que se empieza a componer de manera expresa para las películas, sirviendo de base al desarrollo de la trama fílmica.

Entre los compositores más prolíficos de esta primera etapa está Max Steiner, con más de 190 bandas sonoras, entre ellas clásicos como King Kong (1934) y Lo que el Viento se llevó (1939). Sería extenso nombrar a cada compositor, pero no podemos obviar a algunos que curiosamente hubiésemos escuchado en el Concierto de Música de Cine del pasado 21 de marzo en la Mezquita-Catedral interpretados por la Orquesta y Coro de la Catedral. Me refiero a Miklos Rozsa, David Young o Alfred Newman y sus conocidas Ber-Hur, Samson y Dalila o Quo Vadis, entre otras.

Pero, ¿qué hay del cine musical? Pues se diferencia fundamental en que su música es lo primero que se crea y sobre ella se compone la escena y la historia que será contada. De esta forma, la sincronización entre imagen y audio es perfecta, ya que la imagen está supeditada a la música. 

Los musicales también tuvieron –y aún tienen– un reconocimiento entre el público realmente grandioso. Entre los más reverenciados Siete Novias para Siete Hermanos, Cantando bajo la lluvia, Sonrisas y Lágrimas, Un americano en Paris o West Side History; y más recientemente, Cats, Jesucristo Superstar, Grease, Hair, Chicago, Moulin Rouge, Los Miserables y La La Land.

Este fenómeno de los musicales produjo un efecto llamada en las discográficas, que vieron el filón de vender las bandas sonoras debidamente arregladas en discos, cuestión esta que aún hoy está muy en boga. Es justo hacer patria y reconocer que en España también hay compositores de bandas sonoras de reconocimiento internacional como Alberto Iglesias, con obras compuestas y premiadas para filmes como Todo sobre mi madre, Hable con ella o la reciente Dolor y Gloria, de Pedro Almodóvar, o la también premiada Eva Gancedo, con obras para La buena estrella o la serie Isabel.

Existe un fenómeno curioso, que ahondaremos en otro artículo, y es el del uso de obras de la llamada música clásica como bandas sonoras.Gracias a este uso cinematográfico se han convertido en obras populares y de reconocimiento fácil entre el respetable público piezas de Paul Dukas, Johann Sebastian Bach, Piotr Illich Tchaikovsky, Amilcare Ponchielli, George Gershwin, Edward Elgar o Igor Stravinski, entre otros cuyas piezas fueron usadas como banda sonora.

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