El caro perfume del toreo

Tercer festejo del abono de colombinas

El Juli y Talavante salen a hombros. Siete orejas cortaron lo toreros en su mano a mano ante una gran corrida de Núñez del Cuvillo.

El Juli y Talavante se dan cita en la Merced en una tarde triunfal para ambos.

Foto: Espinola
El Juli y Talavante se dan cita en la Merced en una tarde triunfal para ambos. Foto: Espinola
Paco Guerrero

05 de agosto 2012 - 08:20

GANADERÍA: Toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados y que dieron un buen juego, aunque variado en sus distintos matices de casta, nobleza y bravura. Más deslucidos los que cerraron festejo, destacó el juego del tercero, que obtuvo la vuelta al ruedo, algo que sirve como premio colectivo a una corrida que tuvo clase y mantuvo el interés sobre el albero.

TOREROS: Julián López 'El Juli'. Oreja y petición. Dos orejas. Oreja en el ultimo de su lote; Alejandro Talavante. Oreja. Dos orejas y gran ovación con saludos tras una sonora petición y bronca a la presidencia.

INCIDENCIAS, Casi lleno en el tendido, en tarde de calor. Durante la lidia del sexto de la tarde, el de Cuvillo cogió de forma dramática al sobresaliente Fernández Pineda, aunque a falta de estudio radiológico todo parece quedar en un fuerte golpe en su rodilla. Los dos toreros abandonaron La Merced a hombros de los aficionados.

El destino es caprichoso para volverse certero contra un chaval vestido de rosa y oro que hasta ese momento no había pegado un mal capotazo en la feria. Caprichoso para mandarlo en forma de toro bravo hasta las lindes de las tablas y campanear de mala forma a Fernández Pineda. Dramático momento al que la fortuna le hizo el quite para que todo quedara en golpe y dolor de huesos. Porque hubiese sido ingrato tapar con una crónica de percance la generosidad de dos soberbios toreros que han dejado fijada como imborrable la tarde del 4 de agosto del 2o12 en Huelva.

Otra vez la plaza llena, otra vez el gentío agolpado queriendo ir a los toros ¡que los quiten si se atreven! Otra vez la gente viviendo y sintiendo, vibrando y siendo felices por ver cómo de toro en toro la rivalidad era cierta. ¡Que sí. Que aquello era un mano a mano a lo grande!

Grande y genial con toros bien presentados, con alma y sangre de toro bravo. Toros capaces de hacer bella la muerte, toros negros como el carbón como flechas en el aire de la tarde embistiendo de verdad. Unos con sus cosas y otros con otras, pero siempre con el interés del toro por montera.

Nadie dudaba de que ayer iba a haber toreros. Estaban dos halcones del escalafón. Dos tipos ambiciosos y borrachos de éxitos. Cuanto más tienen, más aprietan. Toreros de los pies a la cabeza, vestidos de torero y derrochando verdad para ponerse delante de una corrida que tuvo motor y bravura y con la que había que estar. ¡Y cómo estuvieron esos dos torerazos que son hoy por hoy Juli y Talavante!

El madrileño le había cortado una oreja con fuerte petición de la segunda al primero de su lote. Faena con mando y con sentido de irse llevando poco a poco arriba la embestida. Mandando con la muleta en la diestra y cuajando de verdad una faena grande. Tres estocadas en lo alto remataron con muerte de bravo, apoyadas las pezuñas y agarrados a la casta, los tres toros de su lote. De todos ellos, el cuarto de la tarde brindó la oportunidad de la rivalidad noble. Juli replicó por lopecinas al quite de Talavante que, a su vez, había replicado al de Velilla. Nadie se cruzó las manos para saludarse. Dos halcones y una paloma; la plaza, entregada y frotándose los ojos cuando Juli ofrece banderillas a Talavante, éste las coge y pone un par al quiebro que no solo quebró al toro sino a toda una plaza que ya entonces chorreaba por sus poros pura felicidad.

Y ahí sí. Ahí si vino el apretón de manos de dos grandísimos toreros que aprovecharon de pitón a rabo la mínima oportunidad de alzar la voz, TOREANDO, contra los chulos del sistema. Esos mismos de venganzas y vendettas que quitan de enmedio a quien levanta la voz. ¡Esos a callar!

Bajó en juego el último Cuvillo para El Juli. Se desfondó el toro, pero la cosa ya estaba hecha y Julián se va en olor de multitud de una plaza que también se enamoró apasionadamente de un torero valiente a carta cabal como es Talavante.

Torero importante y fundamental para contar también el éxito que con valor mostró al poderoso muletero que es cuando la muleta izquierda manda. Manda con parsimonia, como si por allí no pasara nada y ese nada no llevara dos puntas que sólo buscaron trapillo rojo cuando la muñeca del torero se lo enrolló a la cintura para salirse airoso en el remate con un ¡ahí queda eso!

¡Qué tarde más genial de toreo y de torería, y de bravura, y de pasión por el toreo! Y que tarde más importante para la Fiesta. Porque si José Tomás trajo la gente a la plaza, estos dos le harán quedarse. ¿Quién es capaz de irse cuando se acuerde de la valentía de dos toreros para embarcar la nobleza cuando la hubo, para lidiar con la casta, cuando esta se asomó al albero y para borrar la sosería metiéndose entre los pitones sin romper la seda? ¿Quien anda diciendo que el toreo no es arte? ¿Quien niega después de lo de ayer que ser torero es lo mas grande del mundo y sentirse aficionado, un lujo que no todos pueden tener? ¡Es el caro perfume del toreo!

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