Toros

Pablo Aguado: el central que quiso torear

  • El matador de toros que ha abierto este viernes de Feria la Puerta del Príncipe se forjó en el fútbol

  • Rociero, cazador, sevillista, exigente y muy humilde. Así lo definen quienes mejor le conocen

Pablo Aguado mira al cielo tras salir a hombros de la Maestranza. Pablo Aguado mira al cielo tras salir a hombros de la Maestranza.

Pablo Aguado mira al cielo tras salir a hombros de la Maestranza. / José Ángel García

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El 26 de mayo de 2016 fue jueves y Corpus Christi. En el tendido siete se hablaba de los novilleros de esa tarde: "Uno es el hijo del de los Morancos, el otro de Rafa Serna y el otro jugaba con mi hijo al fútbol en el Claret. Era defensa y a los delanteros le daba tela. A ver qué le hace al toro". Esa tarde, al cuarto, le hizo una buena faena y le cortó una oreja.

Ese defensa y novillero era Pablo Aguado Lucena (Sevilla, 1991). Aunque, desde el 10 de mayo de 2019, es ya el torero que cortó cuatro orejas en una tarde histórica e irrepetible. El niño que no tenía miedo a chocar con los rivales en el albero del colegio, tampoco lo tuvo cuando salieron los jandillas al piso maestrante. Aún así, huye de valiente y cita a José Bergamín: "La prueba más evidente del miedo es un exagerado gesto de valor".

Aguado, agachado el tercero por la izquierda, en el equipo del colegio Claret. Aguado, agachado el tercero por la izquierda, en el equipo del colegio Claret.

Aguado, agachado el tercero por la izquierda, en el equipo del colegio Claret. / M. G.

"Las cuatro orejas están bien, pero el gol que le metió al Rayo Amate cogiendo el balón desde atrás y llegando a la portería contraria a base de quitarse rivales de en medio, fue también para sacarlo a hombros". Así lo recuerda uno de sus compañeros. Y del campo de fútbol a los otros campos. "No era mal estudiante, pero cuando llegaba el Rocío...". Su padre, Julio, fallecido el pasado año y ex hermano mayor de la Hermandad del Rocío de Triana, le transmitió el gusto por el campo. Pero sin olvidarse de los estudios: "Primero la carrera". Pablo le prometió que la acabaría y así lo hizo antes de ser torero. Administración y Dirección de Empresas. "Pedía los apuntes y le echaba muchas horas", cuenta una compañera de clase. "Yo hice un trabajo con él y es muy responsable", recuerda otro, que le augura un buen futuro si se quisiera dedicar al mundo de la empresa. O al de la caza, otro de sus hobbies. "Tiene buena puntería", cuentan varios que lo han acompañado a ojeos de perdices.

¿Hace algo mal este chico? Sus allegados dicen que, según él, muchas cosas. "Pocas veces está contento y es muy humilde", relata una amiga de su madre que también lloró desde el gallinero de la plaza cuando lo vio cruzar el umbral de la Puerta del Príncipe. Su madre, Mamen, que lo sigue allá donde toree, no se pone en el tendido a petición de su hijo, el más pequeño de los cuatro que tiene. Cuando torea Aguado siempre está, pero siempre alejada de los focos, nerviosa junto a los suyos, con los que celebró el triunfo en la Feria de Abril. En la que sólo se hablaba de él. Hasta su hermandad de las Penas de San Vicente lo felicitó.

Rafael Serna y Pablo Aguado en la finca El Parralejo en 2017. Rafael Serna y Pablo Aguado en la finca El Parralejo en 2017.

Rafael Serna y Pablo Aguado en la finca El Parralejo en 2017. / Juan Carlos Muñoz

En la Huerta de la Salud, junto al barrio torero de San Bernardo, también se habla de él. "Ahí jugaba con Pablo al fútbol de pequeño", explica un vecino señalando una plaza. "Se ha criado entre estas calles y los caminos de las fincas", añade sonriente. Esa crianza, cerca de sus amigos de siempre y basada en la casta y el coraje como el de su Sevilla FC, le ha convertido en el torero que agotó los calificativos con sus muletazos. El chico revoltoso del Claret que se mandaba cartitas con las niñas en clase, ahora es un hombre callado que habla el lenguaje de las medias verónicas y los derechazos pausados. Para dejar sin aliento a una afición que le gritaba torero, torero mientras salía de la Maestranza. Ahí Pablo miró al cielo. Y, aunque estamos en mayo, se acordó mucho de Julio.

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