Obituario Luque Gago: exactitud en el toreo

  • El banderillero sevillano, uno de los toreros de plata más importantes de la historia, que falleció este jueves, tenía como filosofía la eficacia del banderillero en beneficio del matador

Andrés Luque Gago Andrés Luque Gago

Andrés Luque Gago / Juan Carlos Muñoz

La primera vez que charlé con Andrés Luque Gago fue en el callejón de Las Ventas. Me agradeció lo que había escrito sobre su actuación como banderillero en la que elogiaba su brega y banderillas, haciendo hincapié en cómo había tratado con el capote al toro y su sentido de la colocación. Ni un capotazo de más ni uno de menos y atento al quite. Luque me comentó que más importante era todavía esa brega y esa atención que el par de banderillas que el público había ovacionado con mayor fuerza.

Pasado el tiempo y ya en Sevilla ahondaba en este aspecto en una entrevista: "Un torero de cuadrilla debe poseer fundamentalmente afición y estar pendiente de lo que ocurre en la lidia del toro. Debe relegar su lucimiento para beneficio del matador. Es una labor oculta que debe beneficiar al toro y al matador".

Eso es lo que hizo durante su extensísima y magnífica trayectoria como torero:exactitud en el toreo para que el matador triunfara. La brega, germen clave junto al tercio de varas para que el toreo con la muleta crezca de manera conveniente, cambió durante su carrera. Con cierta añoranza, Luque Gago añadió: "Antes salíamos los banderilleros a recibir al toro de salida. Solíamos correrlo a una mano por ambos pitones para que el matador varolara cómo embestía el toro".

Por Andrés Luque Gago corría sangre torera. Nació en la calle Feria en 1932 y sentía un orgullo especial porque le bautizaron en la misma pila que a Juan Belmonte. En su primer tentadero de lujo, se codeó con Manuel Rodríguez 'Manolete', a quien admiraba.

Cuando era novillero no se atrevió a dar el salto al escalafón superior porque precisamente "me faltaba afición. Me ayudaron mis tíos Andrés y Fernando. Pensé que hubiera sido uno más. Esa afición me la inculcó posteriormente César Girón, con el que tuve una gran amistad".

El propio César Girón, Luis Miguel Dominguín, Manolo Vázquez, Miguel Mateo 'Miguelín', Pedro Martínez 'Pedrés', Antonio Bienvenida, Antonio Chenel 'Antoñete', Antonio Ordóñez, Francisco Rivera 'Paquirri' y Rafael de Paula, a quien posteriormente apoderó, fueron los maestros para quienes bregó y banderilleó.

De su etapa como apoderado me contó: "Dejé de torear a los cincuenta y cinco años y como apoderado tuve suerte. Llevé a los hermanos Domecq, a Pepe Luis Martín y a Rafael de Paula, que fue un premio a mi larga trayectoria. Cuando me llamó, me convenció de que iba a torear cincuenta corridas y de que me llevaría a América. Como persona viví cosas maravillosas. Hubo momentos en los que me llamaba ‘mi hermano Andrés’. Es un ser humano muy bueno que tuvo muy mala suerte como torero, por las lesiones de rodillas".

El extraordinario banderillero me confesó que "si tuviera que escoger a uno de los maestros con los que he ido sería a Bienvenida por lo que reunía como profesional y como persona”. En cuanto al toreo, relataba que “ahora se pegan más pases. Antes con veinte o veinticinco muletazos se podía triunfar. Eso no quiere decir que hoy no haya grandes toreros. A mí me gusta más el toreo de antes que el de ahora. Y en cuanto al toro, el de antes tenía mayor movilidad y el de ahora más volumen".

Entre sus banderilleros referentes me señaló a "Alfredo David y Juan de la Palma y de mi época a Almensilla, Chaves Flores, Tito de San Bernardo y Alfonso Ordóñez".

Así vivió su retirada de los ruedos, en aquel 14 de abril de 1986 en la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla, con un cartel de lujo: Romero, Paula –quien le cortó la coleta– y Ojeda: “Fue maravilloso. El público, puesto en pie. Yo, un humilde torero, en los medios. La música, sonando. Cómo sería aquello que cuando estoy triste me pongo el vídeo y creo que soy Rafael el Gallo".

Por supuesto, Sevilla fue su plaza: "Para mí, lo primero es que soy sevillano de la Macarena y que he toreado un centenar de corridas aquí. La afición te ayuda en los fallos que puedas tener. El público es distinto, va a divertirse y el ambiente es precioso".

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