Por la ruta del toro en Huelva Estirpe Veragua

  • El ganadero Tomás Prieto de La Cal argumenta sobre la Fiesta Brava y analiza la temporada más completa de éxitos en el historial de la ganadería

Enhiesta la testuz, envarada y disconforme con el trato que las torpes manos querían imponer presurosas, Navidad me enseñó a las puertas de unos de los cortijos mágicos de esta tierra, a qué sabe la nobleza del toro bravo. Era apenas una becerrilla jabonera pero ya jugaba con la casta sin dejarse manejar. Hay una estampa en mi casa ya gastada de tiempo, aún no maduro, pero tiempo, agarrado a ella frente a la cámara del fotógrafo.

Después de casi diecisiete años he vuelto a saltar esos antiguos raíles que la vía férrea hasta Sevilla dibuja sobre esa vieja marisma de toros jaboneros. He retornado con emoción revivir caminos gratos en la búsqueda del toro. Son secuencias de la propia historia del periodista y de ese cortijo mágico que es La Ruiza con su mancha de violetas frente a la casa. Ya no está Capitán, aquel mastín que casi llegó a respetarme como visitante, y éste de ahora, grande y con poder, no conoce de credenciales antiguas. Mas cien años de antigüedad oficial del hierro y una temporada espectacular son argumentos determinantes para buscar entre el pasado y futuro un presente con nuevos nombres dentro. Los de María, Tomás, Fernando y Tesa, los cuatro hijos del matrimonio de Tomás y su esposa Tesa. La Ruiza anda llena de vida.

–Ha pasado tiempo pero sigo viendo esto igual.

–Creo que el mérito nuestro es seguir siendo iguales. No cambiar absolutamente nada. La misma filosofía, la misma casa, la misma crianza y el mismo toro, claro.

-¿En qué esquema anda su ganadería?

– Lo mismo exactamente. Ciento ochenta vacas de marras. Tuvimos un bache cuando me hice cargo de la ganadería, mi juventud, entre diez y dieciocho años, que hubo cien vacas pero a partir de entonces para conservar las familias se aumentaron. No se podían mantener veintitantas familias con una, dos o tres vacas. A raíz de ese momento tuvimos las ciento ochenta vacas y los diez sementales que mantenemos.

–¿Cómo se plantea esta temporada que llega?

–En el campo hay un par de novilladas más que el año pasado: pueden salir unas siete. Dos corridas de toros que, si no hay fallos, irán a Orthez, la cuatreña, y una cinqueña que repetiremos en Tafalla. Sobran toros sueltos y aunque hay interés desde muchas plazas, lo normal es que vayamos a un desafío a Calatayud frente a tres de Dolores Aguirre. En cuanto a novilladas repetimos en casi todos los sitios: Lodosa, Calasparras, Pedrajas, Laguna del Duero y hace poco hemos repetido en Lucena. Como novedad está este año Peralta en tierras navarras y poco más porque ya no me queda ganado.

–Buena temporada la de 2018.

–De toda mi vida y de la historia de la ganadería, la mejor. Nunca he recibido ocho trofeos en ocho ciudades diferentes. Ni siquiera cinco vueltas al ruedo tanto a erales como a novillos o a toros. Creo que por ahí viene el futuro y se ve muy halagüeño porque realmente las ganaderías dependemos de los resultados. Si estos son buenos viene más gente que nunca a ver tus toros. El hecho de que el mundo de la tauromaquia esté cambiando en algunas cosas a mal no significa que la ganadería vaya mejor y tenga mucha demanda.

-Hay que ser obstinado en seguir un argumentario a pesar de todo y presumir de eso cuando el tiempo le da razones.

–Bueno, más que obstinado es tener fe en algo tan antiguo como es la ganadería del Duque de Veragua. Si en vez de España estuviésemos en Estados Unidos o en Alemania, pues a lo mejor esto sería un museo nacional por conservar una especie que hace muchísimos años que se hubiese extinguido. Ese es el principal argumento. Después tienes que demostrar que los resultados son buenos. Ahí es donde yo he sido muy cabezón.

–¿Cómo se explica esa temporada llena de satisfacciones?

–Con reconocimiento desde todos lados. Este año ha sido en España y eso me alegra más porque en Francia ya somos muy reconocidos. Empezó en Lucena del Puerto y ese éxito con el número uno del rejoneo trajo que el propio Ventura reclamara un toro nuestro para ese desafío que le montó a la empresa de Sevilla en Espartinas. Ese toro nuevamente nos abrió camino a otros festejos y llegaron los éxitos de Lea Vicens en Fuengirola y San Fernando. Nuestra temporada a pie comenzó con las novilladas de Lodosa y ahí llega el primer premio importante para nosotros, Calasparras, donde no solo nos han reconocido la novillada de la feria sino mejor ganadería a nivel nacional. Pedrajas de San Esteban y Laguna de Duero, con vueltas al ruedo a los novillos y mejor novillo de la feria, nos dejan agradables sensaciones. Tafalla fue el sitio clave de la temporada. Que en el cuarto toro se parara la corrida en una feria tan singular, tan dura para toreros y ganaderos y diera la vuelta al ruedo el mayoral es algo muy significativo. Esa fue una corrida muy variada con peticiones de vuelta al ruedo a toros muy encastados. Roa de Duero fue la otra corrida en la que dos toros nuestros hacen doblete y se traen el premio a la mejor corrida. Ha sido una temporada realmente redonda.

–Quizá también merecido. La apuesta suya es fuerte, arriesgada y, sobre todo, de las que cuesta mucho.

–Lo del merecimiento me gusta que lo diga la afición y la prensa. Yo, verdaderamente, con criar esta ganadería y seguir manteniendo la apuesta y desafío, estoy conforme. Lo que pasa es que son muy necesarios estos triunfos para que al año siguiente te venga más gente a comprar porque cada vez hay menos festejos y en muchas plazas de primera de España son habas contadas y les da igual lo que te ocurra. Los triunfos son avales dentro de este mundo tan hostil. No sé si merecido, pero necesario sí.

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