'Siete vidas' y la persona que lo cambió todo para que fuera la serie rompedora que fue

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Gonzalo de Castro y Sancho Gracia en un episodio de 'Siete vidas' en el año 2004 / Globomedia
Francisco Andrés Gallardo

16 de febrero 2026 - 08:45

El actor Javier Cámara, espléndido en sus trabajos recientes como Yakarta, se ha sentado frente a Ricardo Moya en su podcast El sentido de la birra para recorrer su carrera profesional, haciendo parada esencial en su trabajo como Paco en Siete Vidas, una serie que marcó a los jóvenes espectadores de entonces, en la bisagra del siglo XXI, y que ahora, que tienen más de 40 años, añoran aquellos capítulos en la noche de los domingos. Fueron más de 200 entregas en Telecinco.

El intérprete riojano recordó que, aunque hoy veamos la serie como un hito imbatible, encontrar su identidad fue más complicado. Al principio, el equipo de la productora Globomedia buscaba soluciones a la forma de hacer sitcoms estadounidenses, con público en vivo, y que el tono teatral la convirtiera en algo forzado. Ese patrón a seguir era el de las telecomedias estadounidenses, pero al trasladarlo a nuestro idioma, algo chirriaba. La naturalidad no terminaba de aparecer en los ensayos.

El problema, según explica Cámara, residía en una herencia invisible pero pesada: la de los actores de doblaje. Al intentar imitar el ritmo de las series americanas, los intérpretes tendían a acentuar las voces de manera artificial, buscando una énfasis que resultaba extraño al oído español. Había una desconexión entre lo que se decía y cómo se decía. Los diálogos necesitaban una "cura de humildad", una bajada a la tierra que los hiciera menos impostados y más naturales.

Fue en mitad de esa búsqueda de tono cuando emergió una figura protectora y fundamental. Si Siete vidas encontró su camino hacia la naturalidad fue gracias a la más veterana del grupo: Amparo Baró. La actriz, que ya era una leyenda antes de repartir sus famosas collejas como madre de todos los intérpretes veinteañeros que pululaban entre los dos apartamentos, se convirtió en la guía espiritual y técnica de una generación de actores que, en palabras de Cámara, se sentían como "unos imbéciles" pasándolo demasiado bien.

Los actores protagonistas de 'Siete vidas' en la tercera temporada de la serie / Telecinco

Baró les enseñó que la comedia no estaba en el subrayado vocal, sino en la verdad de la réplica. Su maestría para decir las líneas más hilarantes con la cotidianidad de quien pide el pan fue la escuela que Javier Cámara, Blanca Portillo, Gonzalo de Castro y el resto del reparto necesitaban. Ella fue el ancla que permitió que el set se convirtiera en un programa de variedades sin perder el rigor actoral que exigía un público en directo. Baró, que desde los años 50 había participado en películas de comedia y drama y reunía una extensa trayectoria teatral, fue la que supo compartir cómo debían intercambiar las frases y que el humor emergiera sin artificios. "O es sencillo, o es imposible", fue la advertencia de la actriz catalana en este proceso.

Siete vidas se estrenó el 17 de enero de 1999, cuando la fragmentación se limitaba a un puñado de canales y la televisión generalista reunía a toda la familia ante el televisor del salón, como había sido hasta entonces. Los primeros capítulos estuvieron por debajo de la media de la cadena (un 10% que ahora sería una cuota sobresaliente) y la serie que protagonizaba Toni Cantó como un joven que volvía del coma al cabo de veinte años, pudo haber sido cancelada prematuramente. Fue evolucionando hasta convertirse en el contenido semanal más visto y su título convertirse en las "siete vidas" de su reparto coral.

Pero la entrevista no solo navegó por el brillo de los focos. Cámara también se abrió paso hacia las sombras de su adolescencia en Albelda de Iregua. Con una honestidad desarmante, el actor describió la angustia de crecer en una época donde el amor entre hombres no figuraba en el catálogo de lo posible. "Yo sentía que tenía una capacidad de amar, pero no sabía si entre los hombres nos podíamos amar", confesó con la perspectiva que dan los años.

Ese pasado estuvo marcado por la urgencia y el ocultismo. "Fue un Final Duro pero Necesario" | Javier Cámara #ESDLB Cap.623

sus amigos vivían romances de cine, él se encontraba con un entorno donde cualquier rastro de homosexualidad era etiquetado como pecado o motivo de agresión. Para Cámara, el sexo era "fácil, rápido y urgente", pero el afecto era un territorio inexplorado y prohibido, un laberinto del que solo empezó a salir cuando puso un pie en Madrid.

Relató cómo sus escarceos con chicas eran el refugio de alguien que sabía perfectamente dónde residía su deseo, pero no encontraba el mapa para convertirlo en una relación estable. La falta de referentes y el miedo a ser señalado crearon una barrera que solo la distancia y la madurez pudieron derribar. En aquel tiempo, ir al cine o cenar con un hombre en plan romántico era, sencillamente, una utopía.

Sin embargo, el actor de Rapa o Venga Juan prefiere quedarse con la memoria luminosa que el público ha construido para él. Reconoce que la gente es quien termina redactando el currículum del artista, olvidando los tropiezos y atesorando lo que emociona. En ese inventario emocional, Paco y sus peripecias en el bar de Siete vidas ocupan un lugar privilegiado, fruto de una época de "locura constante".

Hoy, a sus 59 años, Cámara mira hacia atrás y ve en Amparo Baró no solo a una compañera, sino a una gran maestra de una forma de hacer televisión que hoy damos por sentada. Aquellos diálogos menos acentuados y más naturales que ella defendía son los que permitieron que el público español se viera reflejado, por primera vez y sin artificios, en el espejo de una comedia de situación.

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