Tik Tok pone fin a seis años de disputas en EEUU convirtiéndose en estadounidense
ByteDance, la matriz china de la plataforma, cierra el acuerdo definitivo para crear una nueva empresa conjunta donde la participación estadounidense será mayoritaria y el control de todo lo sensible quedará en manos americanas.
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El pulso ha terminado. Después de seis años de batalla legal, amenazas de prohibición y un apagón de 14 horas que dejó a 170 millones de usuarios estadounidenses sin acceso a la aplicación, Tik Tok ha cedido. La red social de vídeos cortos nacida en China permanecerá en Estados Unidos, pero a cambio de dejar de ser china. O al menos, de dejar de parecerlo.
ByteDance, la matriz china de Tik Tok, ha cerrado el acuerdo definitivo para crear TikTok USDS Joint Venture, una nueva empresa conjunta donde la participación estadounidense será mayoritaria y el control de todo lo sensible (datos, algoritmos, moderación de contenidos) quedará en manos americanas. Es el desenlace de una de las disputas más tensas de la guerra fría tecnológica entre Washington y Pekín, en la que una aplicación de entretenimiento se convirtió en símbolo de rivalidad geopolítica.
El reparto: mayoría estadounidense, presencia china residual
El nuevo consorcio está formado por tres inversores principales que controlarán cada uno el 15% de la compañía: Oracle, el gigante tecnológico que asumirá el alojamiento en la nube de los datos y el algoritmo de recomendaciones; Silver Lake, firma de capital riesgo especializada en tecnología; y MGX, el fondo soberano de Emiratos Árabes Unidos. A estos se suman otros inversores estadounidenses que elevan la participación no china por encima del 80%.
ByteDance conserva apenas el 19,9%, el límite máximo que la Casa Blanca estaba dispuesta a tolerar. Shou Zi Chew, el actual consejero delegado global de Tik Tok, mantendrá su cargo y un asiento en la junta directiva, pero la nueva entidad estadounidense será dirigida por Adam Presser, ex ejecutivo de Warner Media, con Will Farrell como responsable de seguridad.
La junta directiva, de siete miembros, tendrá mayoría estadounidense, y según el comunicado oficial, la nueva compañía "operará bajo salvaguardas definidas que protegerán la seguridad nacional", con medidas que incluyen "protección integral de datos, seguridad de algoritmos, moderación de contenido y garantías de software para los usuarios estadounidenses".
Oracle, en particular, asumirá un papel central: alojará en sus servidores estadounidenses tanto los datos de los usuarios como el algoritmo de recomendaciones, que será "adiestrado, probado y actualizado" íntegramente en territorio americano. Es, en la práctica, una auditoría permanente de las tripas tecnológicas de la aplicación.
De amenaza a salvación: Trump se atribuye el mérito
El presidente Donald Trump no ha perdido la oportunidad de reivindicar el acuerdo como una victoria personal. "Estoy muy feliz de haber ayudado a salvar Tik Tok", escribió en Truth Social. "Ahora será propiedad de un grupo de grandes patriotas e inversores estadounidenses, el más grande del mundo". Y añadió: "Solo espero que en el futuro quienes usan y aman Tik Tok me recuerden".
Trump también agradeció al presidente chino, Xi Jinping, "haber aprobado el acuerdo", subrayando que "podría haber tomado la decisión contraria, pero no lo hizo". Es un reconocimiento explícito de que, pese a toda la retórica sobre seguridad nacional, el acuerdo requería el visto bueno de Pekín.
Curiosamente, fue precisamente Trump quien en 2020, durante su primer mandato, amenazó por primera vez con prohibir Tik Tok, argumentando que representaba un riesgo para la seguridad nacional por su vinculación con China. Ahora, cinco años después, se presenta como su salvador.
China evita comentarios
Preguntado sobre el acuerdo, el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, evitó hacer valoraciones directas y se limitó a recordar que "la posición de China sobre Tik Tok ha sido coherente y clara". En los últimos meses, Pekín había insistido en que cualquier operación debía ajustarse a sus leyes y normativas, y había llamado a resolver el caso "mediante la cooperación".
El silencio de China contrasta con su beligerancia habitual en temas de soberanía tecnológica. Que Pekín haya dado luz verde al acuerdo sugiere que prefiere mantener una presencia, aunque sea minoritaria, en el mercado estadounidense, antes que perderlo por completo.
Seis años de pulso
La batalla comenzó en 2019, cuando diversas universidades, agencias gubernamentales y el propio Ejército estadounidense empezaron a prohibir Tik Tok en dispositivos institucionales. La aplicación se convirtió en campo de batalla de la rivalidad tecnológica entre las dos potencias, con acusaciones cruzadas sobre espionaje, propaganda y control de datos.
En 2024, el Congreso aprobó una ley de seguridad nacional que obligaba a ByteDance a elegir: vender sus operaciones estadounidenses o enfrentarse a la prohibición total de la plataforma. La Corte Suprema ratificó esa normativa en enero de 2025, cerrando cualquier vía de escape legal.
Trump, recién llegado de nuevo a la Casa Blanca, jugó entonces al gato y al ratón con los plazos. Concedió varias prórrogas para dar margen a las negociaciones, firmó en septiembre una orden ejecutiva que impedía al Departamento de Justicia aplicar la ley durante 120 días más, y finalmente apretó las tuercas al no conceder más extensiones más allá del 16 de diciembre. La presión funcionó: el acuerdo se ha cerrado justo a tiempo para el plazo límite del 23 de enero.
En medio de esa incertidumbre, Tik Tok sufrió un apagón de 14 horas que dejó sin servicio a sus usuarios estadounidenses, un episodio que generó campañas masivas de influencers y creadores de contenido para evitar el cierre definitivo de la plataforma.
¿Qué cambia para los usuarios?
Para los más de 200 millones de usuarios estadounidenses y los 7,5 millones de negocios que operan en la plataforma, nada cambiará, en teoría. La aplicación seguirá funcionando igual, los vídeos seguirán siendo los mismos y el algoritmo continuará sugiriendo contenidos personalizados.
La diferencia está en la trastienda: quién controla los datos, quién supervisa el algoritmo y quién garantiza que no hay puertas traseras para gobiernos extranjeros. Esas funciones sensibles quedan ahora bajo control estadounidense.
Según el comunicado oficial, la nueva entidad mantendrá la interoperabilidad con Tik Tok global, "lo que permitirá que creadores y empresas estadounidenses sigan operando a escala global". Las operaciones comerciales (publicidad, marketing, comercio electrónico) seguirán gestionadas por las entidades globales de Tik Tok en Estados Unidos, áreas que mueven miles de millones de dólares.
Shou Zi Chew publicó un breve vídeo en la plataforma para agradecer a los usuarios su apoyo durante los años de incertidumbre: "Estamos deseando seguir viendo su creatividad y alegría en todas partes".
El precio de la supervivencia
Para ByteDance, el acuerdo supone una renuncia dolorosa pero calculada. Pierde el control mayoritario de uno de sus mercados más lucrativos (Estados Unidos supone una parte sustancial de sus ingresos publicitarios), pero mantiene un pie en el país y una participación del 20% que le permitirá seguir beneficiándose económicamente del negocio.
Para Washington, la operación es una victoria estratégica: neutraliza lo que considera una amenaza a la seguridad nacional sin tener que prohibir una aplicación que utilizan millones de votantes, especialmente jóvenes, un segmento clave en las elecciones.
El acuerdo también cubrirá otras aplicaciones del ecosistema ByteDance en Estados Unidos, como CapCut y Lemon8.
Un modelo que recuerda al 'Singapur washing'
Lo que queda por ver es si este modelo (una empresa china que se convierte en estadounidense para sobrevivir en Occidente) se convertirá en el estándar para otras compañías tecnológicas atrapadas entre dos bloques.
Recordemos cómo en Asia se está produciendo un fenómeno parecido, conocido como Singapur washing: empresas chinas que trasladan sus sedes a países como Singapur para facilitar la inversión de empresas occidentales, especialmente estadounidenses.
Es lo que ha ocurrido recientemente con Manus AI y su adquisición por parte de Meta, otro de los puntos calientes de la guerra fría tecnológica entre Washington y Pekín.
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