El noroeste español concentró el 50% de la superficie quemada en la Unión Europea entre enero y agosto

Un estudio internacional analiza de forma conjunta los factores climáticos y las características de la vegetación afectada

El fuego arrasó 349.984 hectáreas en España en lo que va de año, 3,4 veces más que la media de la década

Voluntarios trabajando en el terreno calcinado por los incendios que afectaron a Galicia en agosto.
Voluntarios trabajando en el terreno calcinado por los incendios que afectaron a Galicia en agosto. / Brais Lorenzo (Efe)
Agencias

Murcia, 12 de enero 2026 - 11:57

El calor extremo y la vegetación inflamable propiciaron las condiciones idóneas para que el noroeste de España, que apenas representa el 2% del territorio comunitario, concentrara sólo en agosto más del 50% de la superficie quemada en Europa entre enero y agosto, con unas 540.000 hectáreas calcinadas.

Así lo ha concluido un estudio internacional liderado por el Grupo de Modelización Atmosférica Regional de la Universidad de Murcia, que ha analizado de forma conjunta los factores climáticos y las características de la vegetación afectada.

De cara al futuro, los investigadores han advertido de que veranos como el de 2025 podrían dejar de ser excepcionales si no se adoptan cambios profundos en la gestión del riesgo. En este sentido, han defendido la necesidad de abandonar una estrategia centrada casi exclusivamente en la extinción para avanzar hacia una prevención proactiva.

El trabajo ha determinado que esta zona, que apenas representa el 2% del territorio comunitario, ha concentrado solo en agosto más del 50% de la superficie quemada en Europa entre enero y agosto, con unas 540.000 hectáreas calcinadas.

El estudio ha subrayado que los grandes incendios de agosto no han sido un fenómeno aislado ni casual, sino que se han producido en el contexto de una intensa ola de calor que se prolongó durante 16 días en el suroeste de Europa. Este episodio ha generado condiciones meteorológicas extremas que han favorecido de forma decisiva la ignición y propagación del fuego.

Según ha explicado Marco Turco, investigador de la Universidad de Murcia y autor principal del trabajo, estas condiciones se han reflejado en un aumento excepcional del Índice Meteorológico de Peligro de Incendios, que ha alcanzado "el valor mensual más extremo registrado en el noroeste de la península ibérica en el periodo 1985-2025". Este indicador integra variables como la temperatura, la humedad, el viento y la sequedad del combustible vegetal.

No obstante, los autores han señalado que la meteorología, aun siendo un factor imprescindible, no ha sido suficiente por sí sola para explicar la magnitud alcanzada por los incendios. El análisis ha puesto de relieve el papel determinante de la vegetación existente en las zonas afectadas y su distinta respuesta frente al fuego.

"El estudio ha dejado claro que los incendios extremos han dependido de unas condiciones meteorológicas extremas", ha señalado Juli Pausas, investigador del CSIC en el CIDE y coautor del artículo.

"Pero el tipo de vegetación también ha influido de manera decisiva en la propagación de los incendios: los matorrales y los pinares se han quemado más de lo que les correspondería en relación con su presencia en el territorio", ha añadido.

En contraste, otros ecosistemas han mostrado un comportamiento diferente frente al fuego. La investigadora Cristina Santín, del IMIB, ha destacado que los bosques autóctonos de roble "se han quemado menos de lo que cabría esperar si toda la vegetación hubiera ardido por igual", lo que apunta a una mayor resistencia o resiliencia de este tipo de masas forestales.

El trabajo también ha desmontado algunas percepciones difundidas durante el verano. Santín ha precisado que el análisis no ha encontrado evidencias de que las zonas protegidas hayan ardido más que las no protegidas, una afirmación que se ha repetido con frecuencia en el debate público y en algunos medios de comunicación durante los episodios de incendios.

"Para que veranos como el de 2025 sigan siendo excepcionales y no se conviertan en la nueva norma, se necesita actuar en todas las dimensiones del riesgo, el peligro, la exposición y la vulnerabilidad", ha concluido Dominic Royé, investigador de la MBG-CSIC, quien ha reclamado políticas coordinadas de mitigación y adaptación que reconozcan la resiliencia frente a los incendios como una cuestión de seguridad nacional.

La investigación ha contado con la participación del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), centro mixto del CSIC y la Universidad de Valencia y la Generalitat Valenciana, la Misión Biológica de Galicia (MBG-CSIC) y el Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB, CSIC-Universidad de Oviedo-Principado de Asturias). Los resultados se han publicado en la revista científica Global Change Biology.

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