Causa criminal

El giro de guion en el asesinato de Gerard: 113 puñaladas y una escena del crimen manipulada

Mossos d'esquadra.

Mossos d'esquadra. / R. D.

Gerard Guerra Reig tenía 33 años cuando fue asesinado, el pasado 16 de noviembre, en el piso en el que residía junto a su pareja en el centro de Sant Adrià del Besòs, en Barcelona. Ella, de 26 años, estaba embarazada de seis meses cuando ocurrieron los hechos y es madre de una niña pequeña de una relación anterior.

Fue ella quien dio la voz de alarma aquel día, asegurando que dos individuos habían irrumpido en su domicilio y habían asesinado a su pareja de un centenar de puñaladas. A ella, supuestamente, la habían herido en la pierna con el mismo cuchillo. Cuando la vecina la vio llamó de inmediato al teléfono de emergencias y a la Guardia Urbana, que fueron los primeros en llegar al piso. 

Los policías municipales improvisaron un torniquete a la mujer ya que estaba perdiendo abundante sangre por la incisión de la pierna. Una ambulancia del Servicio de Emergencias Médicas la trasladó al hospital de Can Ruti, en Badalona, y los sanitarios certificaron la muerte de su pareja.

El forense de guardia dejó de contar cuando había contabilizado cincuenta incisiones en el cadáver. Ya tenía claro que el asesino se ensañó con la víctima. Sin embargo, en la exploración posterior las cuentas alcanzaron las 113 puñaladas, lo que indica la extrema violencia empleada. 

El relato de los hechos

Las primeras palabras que la mujer ofreció a los policías sobre lo que había sucedido se centraron en explicar que una pareja de árabes (fue el término que ella empleó) los habían atacado. En teoría estas dos personas habrían llamado a su casa preguntando por Óscar, que es como se llama el propietario del inmueble.

La mujer, que llevaba más de cinco años viviendo de alquiler en el piso del principal primera, con su padre y la pareja anterior, les abrió. Según su versión, recogida por La Vanguardia, tras un primer encontronazo, los dos hombres accedieron y asesinaron a la pareja sin mediar palabra.

La víctima estaba maniatada y con otra cinta de tela negra anudada con varias vueltas al cuello. Los investigadores preguntaron a la mujer si habían sido los asesinos los que inmovilizaron al hombre, y ella aseguró que ambos estaban a punto de iniciar un juego sexual y de ahí que su pareja se presentara indefenso ante la agresión. 

Las cámaras de seguridad

Tras la versión de la mujer, los Mossos se pusieron a analizar las grabaciones de las cámaras de seguridad de la zona. Por suerte se trataba de un punto con numerosas cámaras públicas y privadas por lo que no tardaron en darse cuenta de que la mujer estaba mintiendo.

Pero esto no fue lo único que lograron averiguar. En el interior del inmueble, la abundante sangre que perdió la víctima durante el crimen permitió marcar las huellas de unos pies desnudos, pero no había ninguna otra huella más, algo que habría sucedido en caso de que unos extraños hubieran entrado en la vivienda. Fue entonces cuando los agentes no tuvieron duda:las 113 puñaladas se las habría proferido su pareja alrededor de todo el cuerpo.

Para tratar de modificar la escena del crimen y que no sospecharan de ella, se clavó a sí misma el cuchillo en la pierna, de manera que pensaran que también había sido víctima de los asaltantes. Sin embargo esto no fue suficiente para que los investigadores se dieran cuenta de que ella era la culpable del crimen. Tras su detención y su paso a disposición judicial, la presunta asesina ingresó en prisión de forma preventiva por los hechos que sigue negando. Los investigadores consideran que el móvil del crimen podrían haber sido los celos.

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