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COMUNICACIÓN
Hoy en día, saber hablar en público no es un lujo reservado a un grupo privilegiado de nuestra sociedad, sino que se ha convertido en un requisito, una necesidad básica para interactuar con nuestros conciudadanos.
Difícilmente identificaríamos profesiones u oficios en los que no fuera necesario comunicarse oralmente con colegas, clientes o usuarios, y lo mismo ocurre en el ámbito social, familiar o personal. Somos seres sociales y la comunicación forma parte de nuestro desarrollo como comunidad.
Así pues, saber expresarse no es un arte elitista, sino una competencia básica y transversal que nos iguala como miembros de la sociedad. La comunicación oral no debe ser monopolio de nadie.
La comunicación oral es una habilidad y, como tal, se puede aprender, como también podemos aprender a bailar, a cantar o a practicar un deporte, aunque intuyamos que nos costará tiempo y esfuerzo e incluso sepamos que nunca llegaremos a ser profesionales. Si dejamos de considerar que se trata de capacidad innata podemos empezar a cultivarla. La competencia oral se puede aprender y, por lo tanto, también se puede enseñar.
Si unimos ambas premisas (que saber comunicarse oralmente es una habilidad y que, además, es imprescindible en nuestra sociedad), quienes nos dedicamos a la enseñanza de las lenguas tenemos el deber de dar respuesta a esta necesidad.
Afortunadamente, los currículos educativos cada vez otorgan más valor a la competencia oral pero, aun así, necesitamos más investigación en didáctica de la lengua oral y más puentes para que se allane el camino de su enseñanza y aprendizaje en las aulas.
¿Y qué pasa con las personas adultas (y también jóvenes) que no han podido acceder a esta formación a lo largo de la educación obligatoria? Se trata de un segmento de población que ha sido y continúa siendo eminentemente autodidacta, es decir, que ha aprendido a lidiar con situaciones orales formales a medida que estas se le han presentado a lo largo de su trayectoria vital.
No hace falta imaginarse suculentos ascensos laborales, que seguramente ya conllevan el dominio de esta y otras habilidades sociales, sino contextos más cotidianos que requieren igualmente saber comunicarse con eficacia y naturalidad.
Pongamos algunos ejemplos: ¿Quién no ha asistido alguna vez a una reunión de una asociación de vecinos u otro tipo de entidad, ya sea social, cultural o deportiva? ¿Alguna vez le han invitado a intervenir en una tertulia o mesa redonda? ¿Ha tenido que atender alguna petición de la radio o la televisión local? También puede que en alguna celebración familiar alguien le haya sugerido que diga cuatro palabras o que simplemente en el transcurso de una conversación más o menos formal tenga la necesidad de expresar una idea.
Son situaciones comunicativas a las que estamos expuestos a menudo y a las que no siempre sabemos (o nos atrevemos) a hacer frente. Si nos encontramos en esta circunstancia, el mensaje es claro: podemos aprender algunas estrategias para sentirnos más seguros y conseguir comunicarnos con eficacia y naturalidad. Nadie debería dejar de comunicar una idea por falta de confianza o por no saber cómo expresarla.
Antes de lanzarnos a hablar en público conviene reflexionar, como mínimo, sobre estas tres preguntas:
Tener en cuenta estos aspectos (qué, a quién y cómo) nos ayudará a preparar nuestras intervenciones para que podamos comunicarnos con efectividad y autenticidad. No es una tarea fácil, pero hay que dar en el hito: sabiendo que puede resultar difícil para muchas personas, se debe plantear como una oportunidad de crecimiento personal.
Un buen orador no es un individuo que tiene una capacidad innata, sino aquel que ante un reto oral vinculado a la vida profesional, social o personal es capaz de desarrollar su propio estilo para comunicarse con los demás. Hoy en día, todos somos oradores.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation, por Mariona Casas Deseuras, Profesora de Didáctica del Lenguaje. Grupo de Investigación en Educación, Lenguaje y Literatura (GRELL), Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya. Lea el original.
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