Tradicional viernes de Cuaresma del Rescatado, el Prendimiento y el Remedio de Ánimas en Córdoba

La lluvia y el frío de la borrasca Regina envuelven una jornada profundamente devocional en la ciudad, en un viernes de Cuaresma que convierte templos y calles en un itinerario de fe entre el Señor de los Padres de Gracia, el Señor salesiano y el crucificado de San Lorenzo

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Besapiés de Jesús Rescatado en los Trinitarios / Juan Ayala

La borrasca Regina, no se podía llamar de otra manera, ha traído a Córdoba un viernes de Cuaresma desapacible, de cielo plomizo, frío persistente y lluvia intermitente. Una mañana gélida de marzo en la plaza de los Padres de Gracia, el vestíbulo natural del Casco Antiguo para barrios como Levante, La Viñuela o La Fuensanta. Nada parece alterar en exceso la rutina del entorno de la antigua Puerta de Plasencia. Los autobuses de Aucorsa cargan y descargan frente a la iglesia de los Trinitarios pasajeros con su cadencia habitual mientras el puesto de caracoles de la plaza del Alpargate ratifica el inicio de la temporada para quienes consideran estos moluscos uno de los pequeños manjares del calendario cordobés.

Pero hay señales que delatan que no es un viernes cualquiera. Un improvisado puesto de flores multicolores a las puertas de la parroquia de Nuestra Señora de Gracia anuncia que la ciudad vuelve a mirar hacia dentro, hacia sus templos. Es el viernes grande del Rescatado, una jornada marcada en rojo en el calendario sentimental de Córdoba.

Las visitas al Señor de Córdoba son constantes todos los viernes del año, pero en este día la devoción se desborda. En el interior del templo, la penumbra apenas deja dibujar la fila de fieles que aguarda en silencio. De la capilla brota la luz cálida de los cirios y el aroma espeso del incienso, que parece suspender el tiempo.

En el centro del altar se yergue solemne y dramático el Señor de Córdoba, maniatado, con esa mirada serena que durante siglos ha sostenido la fe de generaciones enteras. En estas ocasiones suele lucir la túnica donada por el torero Rafael Sánchez Saco, rodeado de centros florales y cirios que conducen la mirada hasta la imagen de María Santísima de la Amargura.

Ante el Señor, nadie tiene prisa. Una oración, una lágrima silenciosa, una mirada que se prolonga más de lo habitual. Después, el regreso al bullicio de la ciudad, que en días como este conserva intacta la huella de una religiosidad popular que atraviesa los siglos.

El besapiés al Rescatado se convierte así en el eje de una jornada intensa de actividad cofrade, con otros templos cercanos que también abren sus puertas a los fieles en un pequeño itinerario devocional que recorre este rincón del Casco Histórico. La hermana mayor de la hermandad, Inmaculada de Lara, describe el significado de esta jornada con emoción contenida: “Es un día muy grande y muy especial. Tener al Señor a las plantas de Córdoba es un conjunto de sentimientos muy emocionante. Ver a tantísimas personas con esa profunda devoción, con esa fe, incluso con lágrimas en los ojos para pedirle o agradecerle tantas cosas en la vida”.

Detalle del besapiés del Rescatado / Juan Ayala

Preludio íntimo de la Semana Santa

La hermandad mantiene en este día la sobriedad como seña de identidad. “Siempre intentamos que el protagonista sea el Señor. Todo lo que se pone a su alrededor está para acompañarlo, pero la importancia es siempre Él”, explica. Este viernes de Cuaresma se vive, tal y como realata, también como un preludio íntimo de la Semana Santa. “Miramos al cielo como todos, pero lo vivimos con mucha ilusión. Entramos con una junta nueva el pasado junio, con ganas renovadas y esperando que el pueblo de Córdoba vuelva a ver al Señor, si Dios quiere, cruzando el dintel de la puerta el próximo Domingo de Ramos”.

Entre los objetivos de esta nueva etapa está fortalecer la vida interna de la hermandad, apostando especialmente por los jóvenes. “Queremos seguir el camino de la anterior junta, que hizo una labor encomiable. La juventud aporta frescura y nuevas ideas. Una hermandad no es solo su junta de gobierno: la hermandad la hacen sus hermanos y nuestras puertas están abiertas a todo el que quiera aportar”, relata.

Los proyectos de futuro incluyen iniciativas como una casa de hermandad, la mejora del paso del Señor o el desarrollo de un proyecto de paso de palio, aunque la prioridad es clara. “Lo más importante es hacer hermandad, que la gente venga, se implique y se sienta aquí como en su casa”. Mientras tanto, la fila sigue avanzando lentamente. “Ves a personas mayores, hermanos con números muy antiguos, gente que luchó por esta hermandad. Y cuando miras las caras ves de todo: felicidad, emoción, tristeza, esperanza. Son emociones muy encontradas. Para mí es un privilegio estar aquí, pero también una gran responsabilidad”, destaca.

El Prendimiento en la casa de Don Bosco

A pocos minutos de allí, el viernes de Cuaresma continúa su itinerario en el santuario de María Auxiliadora, donde la hermandad del Prendimiento expone en besamanos a Nuestro Padre Jesús, Divino Salvador en su Prendimiento. El templo salesiano presenta una estampa muy distinta, pero igualmente cargada de simbolismo. El altar de cultos se articula en torno a la cruz de guía de la cofradía, que preside la escena como si el cortejo procesional hubiese penetrado en el propio templo.

El Señor, con túnica de color burdeos, aparece dispuesto, bajo la mirada desde su camarín de María Auxiladora, con una cercanía que invita al encuentro directo con el devoto, representando el instante evangélico en que Cristo es apresado en el Huerto de los Olivos, momento dramático que marca el comienzo de la Pasión. Durante toda la jornada, hermanos, antiguos alumnos salesianos, y alumnos actuales del colegio también salesiano, familias y devotos se acercan al altar en un flujo constante que evidencia el crecimiento de esta corporación joven dentro del panorama cofrade cordobés.

La escena tiene algo de íntimo y familiar: jóvenes que entran en silencio tras las clases, antiguos salesianos que regresan al templo de su infancia, devotos que se detienen ante el Señor en mitad de la tarde desapacible.

Detalle del besapiés del Rescatado / Juan Ayala

La simbología de Ánimas

El recorrido devocional del día conduce finalmente hasta la iglesia de San Lorenzo, donde la hermandad del Remedio de Ánimas vuelve a ofrecer una de las estampas más singulares de la Cuaresma cordobesa con el besapiés al Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas.

La escena parece detenida en otro tiempo. El crucificado se alza en un altar efímero iluminado únicamente por lamparillas de aceite y faroles, semejantes a los que portan sus nazarenos cada Lunes Santo. La luz es tenue, casi crepuscular, y envuelve al Señor en una atmósfera de recogimiento que invita al silencio.

Cerca de la cruz, la imagen de la Madre de Dios en sus Tristezas aparece enmarcada bajo el velo de tinieblas, recurso que intensifica el dramatismo del conjunto y subraya la espiritualidad austera que define a la hermandad.

Cada año, este montaje incorpora una catequesis visual que propone una reflexión espiritual. En esta ocasión, la hermandad invita a meditar sobre los Novísimos, los acontecimientos últimos del destino humano: la muerte, el juicio, el purgatorio y el infierno. La reflexión queda resumida en una frase del Eclesiastés que preside el altar:“Veritas narrabit tibia in qua speculo te ipsum cogitabis”. La Verdad te dirá en qué espejo reflejarte”.

La catequesis, en el caso del Remedio de Ánimas, se completa cada estación de penitencia con cuatro ángeles simbólicos, que representan cada uno de esos destinos finales del hombre. El conjunto invita al visitante a detenerse, mirar y pensar, en una propuesta espiritual que une arte, teología y tradición cofrade.

Así transcurre este viernes de Cuaresma en Córdoba, entre la lluvia persistente y el frío que anuncia todavía el final del invierno. Fuera, las calles continúan con su ritmo cotidiano. Dentro de los templos, en cambio, el tiempo parece detenerse ante las imágenes.

Y entre la devoción al Rescatado, el recogimiento del Prendimiento salesiano y la profunda simbología del Remedio de Ánimas, la ciudad confirma que hay días en los que la Cuaresma se convierte en un auténtico paisaje del alma.

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