Las Penas de Santiago

Cuando toda la cofradía es un recuerdo a El Preciosos

  • Los nazarenos de Santiago tuvieron presente a un cofrade que falleció en septiembre

Falleció en septiembre pero ayer estuvo en Santiago. Se le pudo ver entre los iris del Cristo de las Penas y las camelias de la Virgen de la Concepción, entre los músicos de las bandas, entre los nazarenos, entre los costaleros. No se muere del todo hasta que no llega el olvido, pero no ha sido así en el caso de Miguel El Preciosos -sus apellidos nunca llegaron a sobresalir más que el apodo-, en la estación de penitencia de ayer de las Penas de Santiago.

Los costaleros de ambas cuadrillas lucían unas camisetas blancas con la inscripción "Va por ti, Preciosos", y Miguel estuvo ayer en Agustín Moreno, en la calle del Poyo, en la Corredera; el itinerario, en definitiva, que hacía camino de La Cazuela con sus amplios abrigos y sus no menos generosos sombreros. Tras los cubrerrostros y bajo las trabajaderas estaba más vivo que nunca el recuerdo de quien durante muchos años pinchaba la flor en Santiago y se desvivía con las devociones de su barrio. La Soledad y El Socorro también saben de este hombre de corazón generoso que lo mismo se vestía de pertiguero que encalaba la Casa de las Campanas. Todo lo hacía con arte.

Recordaron con emoción a El Preciosos quienes compartieron con él sufrimientos y alegrías en esas horas interminables de trabajo que hay detrás de todo acto cofrade. También lo tuvieron presente quienes sólo lo conocían de vista, inconfundible con su calva reluciente, y ayer notaron el hueco de su ausencia.

El cortejo nazareno de las Penas siguió el mismo recorrido que haría El Preciosos. El sol del Domingo de Ramos se coló en San Pedro y en la plaza de la Almagra camino de la Corredera donde el Santísimo Cristo de las Penas, una vez terminadas las angosturas del barrio, cruzó la plaza de modo triunfal y solemne a los sones de las marchas de la agrupación musical Santa Marta y Sagrada Cena de León. Nada menos que 730 kilómetros llevaban los músicos entre pecho y espalda, pero nada se notaba a la hora de soplar. Esta formación lleva varios años acompañando a esta hermandad de Santiago y demuestran que su nivel musical puede ser comparable al de las mejores formaciones radicadas en Andalucía.

Tras el titular, la silueta inconfundible de la Virgen de la Concepción ponía la nota delicada que, como es habitual, iba arropada por la delicada suavidad de las camelias blancas. Blanco y azul oscuro en un paso que refulgió como pocos cuando cruzó el Patio de los Naranjos entre una multitud que contuvo el aliento mientras la bambalina acariciaba los varales.

Miguel El Preciosos estuvo ayer en el cortejo de las Penas de Santiago y se le vio feliz, como siempre, porque este hombre no se quejaba de nada. También se le espera en la próxima coronación canónica de María Auxiliadora, otra devoción mariana que él llevaba en el corazón. Ese día también disfrutará de lo lindo.

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