Semana Santa

El esplendor cofrade de San Andrés

  • Centenares de personas colapsan el Realejo o la Cuesta el Bailío para ver el cortejo

ESTE año nadie mira al cielo. No hay lágrimas, ni lamentos. Este Domingo de Ramos en San Andrés todo lo impregna el sentimiento cofrade de la hermandad de la Esperanza, que ayer, como ocurre todos los años, volvió a llenar rincones tan emblemáticos del centro de la ciudad como el Realejo o la Cuesta del Bailío, punto que se ha convertido en su seña de identidad.

Niños, padres y abuelos van ocupando poco a poco cada uno de los huecos de las aceras del Realejo. Lo que en un principio eran pequeños grupos de personas se convierte de un momento a otro en una tremenda bulla. Quedan muy pocos minutos para que el reloj marque las 18:40 y Nuestro Padre Jesús de las Penas y María Santísima de la Esperanza inicien su estación de penitencia.

En los balcones privilegiados de la plaza de San Andrés familias enteras no dejan de fijar su mirada en el portón de la iglesia fernandina. Y de repente las puertas se abren. La procesión arranca con la agrupación musical Nuestro Padre Jesús de la Pasión de Linares que poco a poco consigue su sitio entre el gentío.

El momento más esperado llega cuando el Señor de las Penas al fin se deja ver. Con paso solemne, sin prisas y con majestuosidad se presenta ante sus fieles que un año se han echado a la calle para arroparlo. Los sones de la Saeta hacen aún más emotivo este momento. Este Domingo de Ramos no habrá incertidumbre, ni habrá que regresar al templo sin llegar a terminar la estación de penitencia a causa de la lluvia. Esta Semana Santa el Señor de Martínez Cerrillo puede pasear sin ningún contratiempo por las calles de su ciudad.

Tras él, a muy pocos metros, le sigue su Madre, Nuestra Señora de la Esperanza. Al color rojo de los claveles y la túnica blanca del paso del Señor se une el color verde de su palio consiguiendo una año más un bello resultado. El golpe de las borlas contra los varales del palio deja a su paso un rítmico soniquete que otorga más sintonía si cabe al rachear de las zapatillas de sus costaleros.

Al llegar a Capitulares el gentío es ya casi inaguantable, ya que los fieles consiguen ver desde este punto a varias hermandades. Pero los más precavidos avanzan ya por la calle Alfaros para conseguir su sitio en la bajada de la cuesta del Bailío. Aún quedan varias horas para que la hermandad de la Esperanza llegue hasta aquí, pero no queda otra que esperar si se quiere disfrutar de una de las estampas más bellas de la jornada. Este momento se produce pasadas las 23:00. La magia inunda el entorno mientras la hermandad, una de las más queridas de la Semana Santa, se recrea.

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