Semana Santa

Nazareno vestido de lluvia

Comentarios 0

Hay nazarenos de pura raza y nazarenos de más pura raza aún, como se demuestra cada madrugada de Viernes Santo en Pozoblanco. No es que sean unos más que otros, simplemente son distintos. El canto del Pregón o Sentencia de Poncio Pilatos -previo al Prendimiento de Jesús Nazareno tras la aparición de la figura de Judas- es identificativo de la ciudad vallesana. En Pozoblanco, es una de las citas anuales por excelencia, un sonsonete único que une a todo un pueblo en torno a la Plaza de la Iglesia. Ese mítico acto es posible gracias a la Cofradía de Soldados Romanos y Penitentes de Nuestro Padre Jesús Nazareno, los sayones. Y toda esta raza de nazarenos, a pesar de la amenaza de la lluvia, que trastocó los planes de muchas hermandades. El cielo amaneció morado -del color del nazareno- pero no tuvo piedad. Desde las 08:00, en muchas localidades, hasta las 14:00 la lluvia apareció por casi todos los pueblos.

la Rambla

El Señor de La Rambla no pudo finalizar su estación penitencia debido a la lluvia. Sobre las 09:00 y cuando los nazarenos estaban encaraban la calle Ancha fue cuando las primeras gotas de agua caían sobre un suelo marcado por la cera morada de los nazarenos. La parroquia de la Asunción se quedaba pequeña en ese momento. Todos los nazarenos volvieron al templo. La hermandad decidió aplazar la salida una hora. Los nazarenos esperaban con incertidumbre y mirando de reojo que pasaría; algunos se dormían. Tras horas de espera, la Hermandad decide suspender la procesión y trasladarlo a hoy sábado a partir de las 09:00. / Gabi Páez

baena

Puntual como siempre, a las 06:00, la figura de Nuestro Padre Jesús Nazareno asomó a las puertas de la iglesia conventual de San Francisco acompañado por las palmas, vítores y saetas de cientos de baenenses hacinados en torno a su figura y mostrando un año más el incondicionable amor y respeto al patrón de la localidad. El bullicio se transformó minutos después en un riguroso silencio, roto tan sólo por las marchas de su centuria romana. El Nazareno ascendió hasta la plaza de la Constitución, pero una vez allí la temida lluvia obligó a sus hermanos a tener que cubrir esta valiosa talla con un plástico. Y así, sumido en la más absoluta soledad, tan solo acompañado por los nazarenos, Jesús regresó al templo. A las 15:00, como dictan las Sagradas Escrituras, Nuestro Padre Jesús Nazareno moría, y esta vez sin poder despedirse de su Madre, la Virgen de los Dolores, como cada año en el Paseo. Maldita lluvia. Con Cristo muerto, la noche del Viernes Santo se tornó silencio y luto y la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, Santo Cristo del Calvario y Soledad de María Santísima asistió al entierro, acompañada del sonar ronco de los Judíos Arrepentidos y de la Centuria Romana que porta la Virgen de las Angustias. / S. Núñez

Puente Genil

Puente Genil se despertó el Viernes Santo a los sones de la composición musical más esperada de la Semana Mayor pontana: La Diana. De nuevo, fue interpretada de forma magistral por el grupo de música del Imperio Romano, que arrancó sonoras ovaciones por parte de los miles de ciudadanos congregados en la plaza del Calvario. Esta pieza de música se interpreta para el Patrón de la Villa, Nuestro Padre Jesús Nazareno, que realizó estación de penitencia junto a las cofradías del Cristo de la Misericordia y María Santísima del Mayor Dolor -que este año cumplía su 50 aniversario-, la de Nuestra Señora de la Cruz y San Juan Evangelista y la de María Santísima de los Dolores. Un gran número de figuras bíblicas también se incorporaron al desfile procesional durante el Viernes Santo por la mañana, realizando las tradicionales reverencias al Nazareno en la calle Santa Catalina. Fue en ese momento cuando decidieron darse la vuelta. Un fuerte aguacero impedía el avance y en prevención se volvieron a su hogar. Pese a que ya no volvió a llover en Puente Genil, los pasos se quedaron en la iglesia para evitar males mayores. Ya por la noche, la Cofradía del Cristo de la Buena Muerte, la hermandad de María Santísima de las Angustias, la cofradía de San Juan Evangelista y la Cofradía de María Santísima de la Soledad, comenzaron su salida procesional desde la ermita del Dulce Nombre y completaron su estación de penitencia por las calles del casco histórico. El grupo de tambores del apostolado con la interpretación de saetas cuarteleras y las figuras bíblicas del demonio y la muerte a su paso por la calle Don Gonzalo fue uno de los momentos destacados. / M. Ángeles costa

montilla

Con la llegada de la medianoche, la hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia y María Santísima de la Amargura inició su estación de penitencia por las calles de Montilla, saliendo con la imagen del Crucificado desde la parroquia de San Sebastián, donde fue portada por cuatro hermanos hasta el Llanete de la Cruz, para posteriormente ser izada y ubicada en su trono. Ya por la mañana, la hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores no llegó ni a salir, por culpa de la lluvia que castigaba a Montilla en ese momento. Horas más tarde sí que salió la hermandad del Sagrado Descendimiento y la Pontificia Hermandad del Santo Entierro. Miles de montillanos se congregaron a lo largo de toda la jornada, principalmente cuando las imágenes llegaron al Paseo de Cervantes y encararon el último tramo de su recorrido con dirección a El Calvario -representado en la calle Juan Colín-, hasta su llegada a la calle Ancha. En este punto, la Centuria Romana Munda llevó a cabo el acto de la lanzada sobre la imagen del Cristo de la Yedra, antes de que Jesús y María bendijeran al pueblo, tal y como hicieron con los campos al mediodía. / Benjamín Portero

lucena

La marea morada es señal de Viernes Santo en Lucena, aunque este año la lluvia ha deslucido este día. Nuestro Padre Jesús Nazareno, fiel a la tradición, abandonaba su templo la madrugada del viernes para recorrer las calles del municipio, seguido de la Santa Mujer Verónica, Santa María Magdalena, San Juan Evangelista y Nuestra Señora del Socorro. Aún así, a las 10:00 los pasos tuvieron que modificar su recorrido para resguardarse del agua en la Iglesia de las Madres Filipensas. A media mañana, los pasos volvieron a salir a la calle, con un recorte en el recorrido procesional, que tuvo que acelerarse también a causa de la lluvia. Un Viernes Santo pasado por agua pero en el que no faltaron devotos de Nuestro Padre, quienes si pudieron presenciar, tras dos años de obras en la Plaza Nueva, cómo el centro neurálgico de Lucena vivía un momento inolvidable para los amantes de la Semana Santa. A primera hora de la mañana, y después de más de tres horas de recorrido, los pasos se posaban en la plaza para el deleite de los ciudadanos. Cuentan los mayores que antiguamente esta parada significaba otorgar la oportunidad a los pecadores de redimirse, por lo que estos se acercaban hasta el Cristo durante la más de media hora que los cinco tronos se sitúan en la Plaza Nueva. Sí deslució la lluvia estampas tan tradicionales como el paso del cristo por la calle Flores, las Mesas o El Agua, y tampoco pudieron presenciarse las tres tradicionales bendiciones del Señor. Ya por la tarde, Nuestra Señora del Socorro acompañado de María Santísima Magdalena y San Juan Evangelista avanzaba por las calles de Lucena siguiendo al Triunfo de la Santa Cruz y el Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo. A medio camino, se celebraba el tradicional pésame, a las puertas el Palacio de los Condes de Santa Ana, donde la corporación municipal y los distintos miembros de las cofradías lucentinas asistían para despedir a Jesús, un triste adiós que ya el Domingo de Resurrección se convertirá en alegría. / Clara R. Baum

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios