Semana Santa

Fervor salesiano por su Divino Salvador

  • El barrio de San Lorenzo se vuelca con el Cristo Cautivo y la Virgen de la Piedad y los arropa en su estación de penitencia

EL Martes Santo es Salesiano. Hay quien dice que el entorno de San Andrés y San Lorenzo es la zona más cofrade de toda la ciudad y, al menos ayer, no había nadie que lo negara. Con el susto en el cuerpo por algunas tímidas gotas que cayeron del cielo a lo largo de la mañana, aquellos que querían la primera fila de María Auxiliadora se envalentonaron desde primera hora de la tarde para ver de cerca la que seguramente sea la salida procesional más complicada del martes. Con el almuerzo aún sin digerir, los primeros fieles a la hermandad del Prendimiento se colgaban de las verjas que protegen el santuario de María Auxiliadora para ver desfilar por el patio del templo a la que sin duda es una de las hermandades más esperadas de toda la Semana Santa.

Tal era el júbilo concentrado en esta zona de la ciudad, que nada más abrirse la cancela que separa la calle del patio, los aplausos empezaron a sonar y no hicieron falta campanas que anunciaran que el Divino Salvador iba a desquitarse de la pena del año pasado, cuando ya en la calle, tuvo que darse la vuelta dadas las inclemencias de aquel día.

Pero primero, como siempre, las esclavinas de la hermandad abrieron el paso tanto al Cristo como a la Virgen aportando la imagen más tierna. La continuidad salesiana está más asegurada, tal y como se pudo ver en las decenas de niños que atendían a su alrededor con más desconocimiento que otra cosa y que aguantaron el camino como un penitente más.

Y así, mientras los nazarenos salían de la iglesia, las puertas del cocherón aledaño se abrían para que todo el barrio de San Lorenzo estallara en alegría cuando el imponente paso del Cristo del Prendimiento asomaba poco a poco bajo el compás de los sones de la Agrupación Musical Santísimo Cristo de Gracia. El romano y el soldado asomaban ya sus rostros de preocupación, tal y como el misterio representa, cuando apresan al Cautivo. El olivo trasero sirve de refugio para la traición de Judas, que con su saco conteniendo las 30 monedas de plata representa la traición de la pasión. La imaginería sobre un paso al que no cubre el pan de oro, y ni falta que hace. Ya echa de menos el barrio a su Señor cuando se encamina hacia San Lorenzo y se pierde al ritmo de Coronación para, por primera vez, pisar Ronda de Isasa de camino hacia la Catedral.

Y aún queda la salesiana. Los devotos de la orden de San Juan Bosco ya están pendientes de que de nuevo vuelva a asomar el palio azul marino de Nuestra Señora de la Piedad para coronar el Martes Santo. El azul de los capirotes aún tapa la visión, pero cuando los ciriales asoman los varales plateados comienzan a virar en la plaza de María Auxiliadora para cruzar la verja y seguir de cerca al Divino Salvador. Mientras la Banda de Música Ciudad de Porcuna (Jaén) toca Madre Purísima Macarena, la Piedad Salesiana se pierde entre el gentío, que ya desea verla de vuelta, junto a su hijo. Puro fervor salesiano.

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