Semana Santa

Artesanos del sonar de los judíos

  • Varias familias conservan la receta para elaborar los tambores que hoy harán ensordecer

AROS de madera de almezo o haya, fondo de metal, cordel, anillas, pellejo de piel de cabra, chillones de tripa o seda... Y se hace el milagro del sonido del tambor de Baena, del tambor judío por excelencia, de la caja que redobla, de la que brama el toque de calle o procesión, de la que hace retumbar a Baena en su interior.

El tambor judío es artesano, realizado por expertas manos talladas con el paso de los años, las que con majestuosa y admirable paciencia dan forma a este sonoro instrumento que ha hecho a la Semana Santa baenense famosa en el mundo entero. Si coliblancos o colinegros no importa, la caja es igual para todos, la diferencia: el arte o el embrujo de su dueño.

El proceso de fabricación del mejor tambor judío es lento, paciente y, por su puesto, manual. Lo primero que hace el artesano es pelar y limpiar las pieles ya sean de cabra o chivo, según el lugar que vayan a ocupar. A continuación, las pone a secar y una vez concluido este tratamiento, se coloca bajo una plantilla, se corta en forma circular y una vez mojada y moldeada en arillo de madera o aluminio se tensa en la cazoleta.

Ahora es el turno de la plancha de latón, que se corta y moldea para hacer lo que se denomina el "fondo" y que dará ese característico brillar al tambor. El fondo irá acompañado, arriba y abajo, por los aros de madera de haya agujereados y, según el artesano, fogueados para imprimir aún más belleza y personalidad. Y, por último, se barniza.

Las expertas manos comienzan ahora a montar el tambor en las denominadas "prensas", donde colocan el cordel y las anillas de cuero. Su número variará en función del tamaño de la caja y los chillones de tripa o seda, y ahora es también el momento de colocar una de las piezas de menor tamaño llamada llave y que servirá para apretar los chillones. Imprescindibles son también unas buenas baquetas, principalmente de madera de encina, que requieren también de un bello y tratado ritual.

Y el tambor está listo para tocar. Eso sí, cada judío apretará después el cordel más o menos hasta ponerlo a su gusto, hasta que se sienta en sintonía con él, hasta que tambor y judío se conviertan en un solo ser. Y para ello no importarán las horas que sean necesarias, lo montará una y otra vez en la prensa, lo apretará al máximo, en ocasiones romperá el pellejo, pondrá uno nuevo e iniciará de nuevo el proceso, normalmente acompañado de familiares y amigos, al tiempo que comparten conversación semanasantera y unas cervezas.

La creación del tambor judío se convierte en todo un arte, un trabajo realizado desde antaño por las expertas manos de un artesano baenense, un oficio heredado de generación en generación. En esta localidad del Guadajoz, son dos las principales familias que se dedican a este oficio desde hace varias décadas.

Uno de los artesanos es Antonio Piernagorda, en cuya empresa trabaja hoy junto a varios de sus hijos y nietos y que inició su andadura allá por el año 1977. Fueron unos duros inicios que dieron sus frutos ya que, según comenta, "hoy día podemos afirmar que la calidad de los productos que fabricamos es nuestra seña de identidad y estamos muy orgullosos".

Otro artesano y albardonero es Enrique Luque, a quien este oficio le viene por herencia paternal. Ahora su negocio tiene un mayor volumen, ya que la Semana Santa ha tenido un auge significativo en Baena y, si bien reconoce que la estructura del tambor no ha cambiado, sí que se han modificado los materiales con el paso de los años. Ahora, además, se utilizan las prensas a la hora de apretarlos, algo que antes no existían.

Es imposible saber el número de tambores que puede haber en Baena. Lo que está claro es que la mayoría de los judíos tienen más de uno, varios, y que si se suman a los judíos de la cola blanca y a los de la cola negra la cifra supera con creces los tres mil. Tres mil judíos que harán sonar sus tambores, todos al unísono, hoy Miércoles Santo, el día grande para los judíos de Baena.

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