¿Estamos preparados para la llegada de nuevas terapias?
Acceso a la innovación
La llegada de nuevas opciones terapéuticas contra el Alzheimer genera esperanza y plantea desafíos para el sistema sanitario
La aprobación de nuevos medicamentos que podrían cambiar la realidad de muchos pacientes tempranos de Alzheimer abre muchas esperanzas, pero también muchas preguntas. Y es que los expertos aún no saben qué reformas del sistema sanitario son necesarias para adaptarse a la revolución que, en realidad, aún está por llegar.
Esta, entre otras ideas, son las que se pusieron de manifiesto en el Congreso de los Diputados, en la presentación del Informe ‘Un nuevo escenario en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento del Alzheimer: propuestas para preparar el Sistema Nacional de Salud’, de la Fundación Pasqual Maragall. Este documento, elaborado a partir del consenso de más de 40 expertos y varias organizaciones del ámbito científico y clínico, identifica retos y numerosas oportunidades que fueron debatidas entre representantes del Gobierno y expertos en Alzheimer.
Así, Arcadi Navarro, director de la Fundación Pasqual Maragall, resumía en cinco puntos clave las necesidades de futuro: la mejora de la prevención de la salud cerebral, la mejora del diagnóstico temprano, la preparación para el uso adecuado de los nuevos tratamientos, un modelo de atención sanitaria que integre la parte social y una mayor equidad social y residencial.
“El Alzheimer ya es la segunda enfermedad que más preocupa a los españoles después del cáncer, dos de cada tres personas dicen tener un contacto directo con un paciente y el coste anual por paciente asciende a 42.000 euros, casi 90.000 en los casos más graves, y la realidad es que las familias asumen más del 85% del mismo”, exponía Arcadi Navarro.
En este sentido, Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad en el Ministerio de Sanidad, insistía en que el primer paso en la revolución del Alzheimer pasa por reducir los casos apostando por la prevención, y es que, igual que la población tiene clara la importancia de cuidar su salud cardiovascular, debe empezar a cuidar su salud cerebral.
Asimismo, por parte de la Administración, es necesario aprender de experiencias pasadas para buscar nuevos esquemas de financiación que resuelvan la incertidumbre ante los nuevos tratamientos. Así remarcaba: “Más allá de lo que ocurra en el estado del olvido, lo importante es que el Estado no se olvide de nosotros”.
Nuevos planes
A esta idea se sumaba la presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol. “Es una obligación estatal diseñar nuevos planes. Los avances científicos solo tienen sentido si mejoran la vida de las personas y sus familias, y por ello necesitamos una respuesta colectiva al Alzheimer basada en la prevención, la investigación y unas políticas públicas dignas y equitativas”.
Grandes problemas en el diagnóstico
Si bien el foco de la sesión se ponía en la llegada de los nuevos tratamientos, los expertos que participaban presentaban otra realidad, y es que a día de hoy la principal barrera siguen siendo los diagnósticos.
Como exponía Pascual Sánchez-Juan, secretario de la Sociedad Española de Neurología, “actualmente nos equivocamos en el 30% de los diagnósticos”. El motivo es que muchas veces no se realizan todas las pruebas necesarias debido a la complicación logística de las mismas, pero también porque los propios profesionales sanitarios, en ocasiones, no profundizaban en estos casos precisamente por la falta de posibles tratamientos, algo que también está por cambiar.
Y es que, como señalaba a su vez Pablo Villoslada, director del Servicio de Neurología del Hospital del Mar de Barcelona, gracias a los nuevos biomarcadores, ahora con un simple análisis de sangre se podrán obtener resultados concluyentes en semanas, frente a los meses de espera que afrontaban antes los pacientes.
No obstante, a estas ideas, Araceli Garrido, del Grupo de Neurología de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc), agregaba que desde la Atención Primaria, puerta de entrada al sistema, la mayor formación e información de pacientes y familiares ha provocado que consulten antes por síntomas menores, lo que puede ayudar a lograr diagnósticos precoces, siempre y cuando haya profesionales capaces de discriminar la demanda y de recordar igualmente que existen otras demencias, que no son Alzheimer, para las cuales, por cierto, aún no hay tratamientos disponibles.
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