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Puerto del Calatraveño

El sector de la miel lanza un SOS

  • La apicultura registra su peor campaña en décadas y advierte de una larga agonía al tiempo que los supermercados se llenan de productos mal etiquetados que llevan a la confusión

Una explotación apícola. Una explotación apícola.

Una explotación apícola.

El sector de la miel agoniza. Lo ha advertido esta semana el representante provincial del sector apícola de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), Lorenzo Ruiz, quien desde hace décadas ha asumido el rol de portavoz de un campo productivo que vive un eterno otoño. Y ahora más que nunca, pues la cosecha de 2019 es ya la peor desde que hay registros. Lo avisaba el viernes durante la presentación de Expomiel, la feria sectorial que volverá al palacio de la Merced, sede de la Diputación de Córdoba, del 15 al 17 de noviembre.

Los apicultores cordobeses apenas colectarán este año el 30% de su cosecha habitual: si tal caída del 70% ocurriera en otros campos ganaderos como el vacuno o el porcino, estaríamos echándonos las manos a la cabeza. En esta disminución influyen multitud de factores, el principal la inestabilidad climática, contra la que existe poco margen de acción. “Cuando tenía que hacer frío, hacía calor, y al contrario”, lamentaba Ruiz de forma somera. Y luego está el problema ya casi eterno de la reducción de la población de abejas. Una incógnita que atenaza a los apicultores desde hace años y contra la que todavía no hay respuestas certeras.

Solo la ciencia lo resolvería pero la inversión para investigación no llega, lo que provoca que los apicultores se vean indefensos ante las plagas y las enfermedades que afectan a las colmenas. Y a la varroa, la bacteria que mayor mortandad causa en las colmenas, “ya no se la vence ni con un martillo”. En este contexto, los productores dicen estar “cansados” y, si no hay cambios, advierten de que este oficio milenario puede verse abocado a la desaparición. Y, lo que es más terrible aún, avisan de la extinción de la abeja de miel Apis Melifera, cuya función tanto en el sector agrícola como en el medio ambiente es fundamental

El problema no es baladí en la provincia de Córdoba, teniendo en cuenta que posee 466 explotaciones, con 62.800 colmenas. De hecho, de los 77 municipios cordobeses, hay 44 con actividad apícola, lo que supone el 58% del territorio provincial.

Y, para alargar la agonía, está el problema del etiquetado, pues el sector advierte de la práctica cada vez más habitual de las grandes firmas de mezclar mieles europeas y extracomunitarias, mayoritariamente de China, con jarabes de glucosa y arroz. Este producto se lleva a los supermercados con envasados que pueden ser engañosos, mientras que los productores cordobeses acumulan su miel, de la máxima calidad, en los almacenes sin darle salida.

Esta situación, que el sector lleva denunciando más de una década, convierte la normativa de etiquetado en una “anómala caricatura” dentro de la Unión Europea. Son las palabras que utiliza la plataforma Etiquetado Claro Ya, integrada por más de 54 asociaciones apícolas, varias organizaciones medioambientales, empresas del sector y multitud de productores a título individual, también en la provincia de Córdoba, y que pese a las reiteradas denuncias en su año de vida no ha visto avances.

Como siempre, la clave radica en los precios, en las ganancias. Y es que las grandes compañías estarían ofreciendo compras por debajo de los costes de producción. Así, pagarían 2,70 euros el kilo, cuando el coste de producción oscila entre los 2,80 euros y los 3,10 euros, según las organizaciones agrarias. En Córdoba funcionan seis pequeñas envasadoras, de dimensión familiar, y se surten de la miel que ellas mismas producen.

Con la avispa asiática a punto de cruzar Despeñaperros para añadir una mayor gravedad al problema, Expomiel va camino de convertirse en un futuro no muy lejano en una simple recreación de lo que ha sido un sector clave para la economía, el medio ambiente y la sostenibilidad de Córdoba. Todavía hay tiempo de actuar. Y la responsabilidad es compartida: de las universidades, las administraciones públicas, las empresas y todos los consumidores a la hora de hacer la cesta de la compra.

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