pedroche

Los piostros comparten brillo con la Virgen de Piedrasantas

  • Unas 400 cabalgaduras engaladas participan en la fiesta declarada de Interés Turístico de Andalucía

Asistentes a la Fiesta de los Piostros, ayer en Pedroche. Asistentes a la Fiesta de los Piostros, ayer en Pedroche.

Asistentes a la Fiesta de los Piostros, ayer en Pedroche. / sánchez ruiz

Fieles a la tradición, un año más, llueva o haga buen tiempo, los piostros se lanzaron ayer a recorrer el camino que separa la parroquia de El Salvador de la ermita de la Virgen de Piedrasantas para acompañar a su patrona y dar el pistoletazo de salida a las fiestas de Pedroche. Miles de personas se acercaron para presenciar un evento único que fue declarado Fiesta de Interés Turístico de Andalucía en 2010.

El sol fue el protagonista de la esperada tarde, la del 7 de septiembre, que sirve de punto de partida para ese espectáculo visual que son los piostros. Pedroche se vistió con sus mejores galas para disfrutar con las más de 400 cabalgaduras engalanadas con mantas típicas bordadas en terciopelo negro que acompañaron a la Virgen de Piedrasantas en el camino hasta su ermita, un recorrido que transcurre al borde del Arroyo Santa María. Los asistentes disfrutaron de estampas clásicas con los hombres a caballo y, después de ellos, las jamugas, con la mujer y su paje detrás en una tradicional yunta de mulas. El colorido lo aportaron, un año más, esas cubiertas para caballos y yeguas, unas mantas bordadas a mano y finalizadas en unas bolas de lana para las que, un año más, pusieron empeño, trabajo e imaginación.

Poco después de las cinco de la tarde comenzaron los acontecimientos con la reunión de todos los piostros en la puerta de la mayordoma de este año, Emilia Cobos Alcudia, situada en la calle Monjas. Desde ahí, la comitiva se encaminó hacia la parroquia de El Salvador para recoger a la patrona de Pedroche y vivir grandes momentos de emoción. Después, la belleza de los piostros comenzó su desplazamiento hacia la ermita de la Virgen de Piedrasantas, lugar en el que, tras la llegada de la enorme comitiva equina, se produjeron los momentos de mayor fervor al presentar hombres y mujeres sus respetos, plegarias y oraciones a la Virgen y, desde allí, de vuelta hacia el municipio.

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