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Tribuna de Opinión

Las palmas sí, pero reivindicativas

  • Ha tenido que llegar el covid-19, por desgracia, para que la población de este país se dé cuenta del enorme patrimonio humano que posee a nivel sanitario

Aplauso sanitario en el Reina Sofía. Aplauso sanitario en el Reina Sofía.

Aplauso sanitario en el Reina Sofía. / Juan Ayala

Creo que el aprecio mostrado por la población hacia los profesionales de la sanidad pública en todo el desarrollo del proceso del covid-19 ha podido ser uno de los gestos de reconocimiento más hermoso de los últimos tiempos. Ese “gracias” diario que a las ocho de la tarde se hacía desde las ventanas y balcones de nuestros pueblos y ciudades no tiene precedentes. La población, decididamente, muestra su apoyo a un colectivo que en circunstancias tan excepcionales lo necesitaba más que nunca, pues se encontraba ante una lucha desigual.

Ha tenido que llegar el covid-19, por desgracia, para que la población de este país se dé cuenta del enorme patrimonio humano que posee a nivel sanitario, pero necesito matizar que esta guerra sin armamento ya la venían realizando estos profesionales de la sanidad pública desde hace décadas. A veces, la paciencia del colectivo ha explotado y hemos podido apreciar en los medios de comunicación la gran oleada de protestas en favor de la Sanidad Pública. En esos momentos se necesitaban también los aplausos de las ocho, pero no se oyeron. Solamente cuando el miedo se apodera de la población parece que surgen estas estupendas respuestas de apoyo.

No quiero hacer crítica destructiva de tan bonito gesto que ha supuesto una inyección de moral y ánimo en estos recientes acontecimientos. Pero sí quiero llamar la atención de ese ciudadano de a pie para que sepa valorar lo que ya tiene en los momentos en que el miedo no actúa como guía de conducta. Hacen falta los aplausos de las ocho en momentos extremos, pero también hace falta la palmadita en la espalda del día a día, que también reconforta.

Sin embargo, lo mejor sería que no hubiese necesidad de estos elogios y para ello solamente se puede acudir a la idea de la prevención y planificación, de que el ciudadano entienda que el sistema sanitario público es suyo y que, como tal, exija a su representante de turno que cumpla con sus obligaciones constitucionales y mantenga suficientemente dotado ese sistema sanitario.

Desde la posición profesional que he tenido como trabajadora en el Hospital Reina Sofía de Córdoba, y antes en otros destinos, siempre he querido transmitir a los usuarios de dichos centros hospitalarios el concepto de propiedad colectiva de los mismos, y les culpo de que si algo no funciona bien es porque ese propietario no se está interesando suficientemente por su patrimonio sanitario. Quiero que adquieran una conciencia, muy necesaria, de que el hombro que ya ponen los profesionales sanitarios no es suficiente y que se necesita arrimar también el de los ciudadanos.

En 2003 dirigí un escrito de protesta a la Dirección de Enfermería del Hospital Reina Sofía. Lo he releído estos días y observo que todo sigue prácticamente igual. Si tomo ese escrito y le cambio la fecha a 2020 (17 años después) serviría perfectamente para denunciar la misma situación. Aquí no cambia nada jamás. Los que están arriba del sistema no apoyan suficientemente, no apuestan por él de forma decidida, es decir, no sirven como apoderados de la ciudadanía para cuidar ese patrimonio sanitario que se les ha encomendado.

El covid-19 ha pillado por sorpresa a todos y no quiero decir, a toro pasado, que las consecuencias hubiesen sido menos terribles en el caso de haber tenido un patrimonio sanitario al día, reconocido y dotado de recursos suficientes. No lo quiero decir, repito, pero en la cabeza no deja de zumbar la idea de que, si las cosas se hubiesen hecho con esa prevención y planificación mencionada, tal vez a alguien se le hubiese podido ayudar de forma más eficaz.

Si de 2003 a 2020 no ha cambiado la situación del problema sanitario, la culpa ha sido de todos. No solo del político o gestor de turno, también de los ciudadanos, que no exigieron, como auténticos propietarios colectivos, que su patrimonio fuese conservado adecuadamente.

Tal vez la expresión “más vale prevenir que curar” se nos haya ido de las manos en esta ocasión, pero tenemos que estar muy atentos y reivindicativos para que el valor de la expresión “el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra” no se nos vaya a ir también de las manos, pues en ese caso la dejadez ciudadana supondría complicidad en los fatales resultados que pudieran producirse.

Mantén tu aplauso, ahora imaginario, pero que sea reivindicativo.

¡¡¡Ánimo y defiende lo que es tuyo!!!

*María Sierra Luque Calvillo es trabajadora del Hospital Reina Sofía, alcaldesa de Almodóvar del Río y "copropietaria (como tú) del Sistema de Salud Pública".

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