• "Un buen texto erótico es aquel que convierte al lector en un voyeur; es como si uno mirase por una rendija lo que sucede al otro lado"

  • "Se supone que los ciudadanos de los países ricos hicieron su revolución sexual en los 70; entonces, ¿qué hacen retrepados en un sillón delante de una pantalla"

Entrevista

José Antonio Cerezo: "La literatura erótica ha desaparecido, nadie lee lo que puede ver"

José Antonio Cerezo, junto a parte de su colección. José Antonio Cerezo, junto a parte de su colección.

José Antonio Cerezo, junto a parte de su colección.

Escrito por

· Ángel Robles

Redactor

José Antonio Cerezo (Montilla, 1952) ha estudiado durante cuatro décadas el erotismo en la literatura, una parcela muy poco investigada pero que ayuda a comprender cómo la sociedad ha evolucionado con el paso de los siglos, cómo se han transformado los tabús o cómo la mujer ha ganado derechos y visibilidad, hasta adquirir su propia voz. "El erotismo sugiere, la pornografía agrede", reflexiona en un momento de la conversación este doctor en Filología Hispánica, director honorario de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque y del Museo Garnelo. Parte de su colección y de sus trabajos, unos 60 libros y centenares de fichas, manuscritos y artículos literarios, acaban de ser donados a la fundación montillana para su consulta pública.

- ¿Cómo se produce el primer acercamiento a este género literario? 

- Mi interés por la literatura erótica viene a través de la bibliofilia. Los libros eróticos son los libros más raros de los libros raros, entre otras cosas, porque la mayoría se imprimieron en privado o clandestinamente y en muy corta tirada. Esa es una receta infalible para que un libro se convierta en una rareza. Hay que tener en cuenta que en los siglos XVII y XVIII, en Inglaterra, te podrían ahorcar si publicabas un libro obsceno, o te imponían pena de prisión y, como mínimo, una fuerte multa. Todo eso confiere a este tipo de libros un halo mítico, al que también colabora el frecuente uso del seudónimo o la omisión de la imprenta responsable de la publicación. En mi caso, comencé estos estudios en 1979 y hay que decir que la censura en España solo desapareció a finales de 1977. Me percaté de que no había, apenas, estudios sobre esta materia y me puse a ello, con la intención de realizar un repertorio bibliográfico.

- ¿Está denostada la literatura erótica por la crítica y los estudiosos? ¿Se considera un género menor?  

- En estos primeros tiempos, finales de los setenta y comienzos de los ochenta, en efecto, el género sicalíptico estaba muy mal visto. En la universidad, no solo en España, se pasaba de puntillas sobre esta materia hasta que una serie de coloquios, por ejemplo el que se organizó en la Complutense bajo el lema Eros literario, en 1989, fueron lentamente abriendo paso. Ayudó mucho la obra de Alzieu, Lissorges y Jammes, Floresta de poesías eróticas del Siglo de Oro, publicada por la Universidad de Toulouse le Mirail, que, desde un ámbito universitario, nos descubría el tesoro de nuestra poesía erótica anónima y donde también los nombres de Quevedo, Góngora o Hurtado de Mendoza, aparecían como presuntos autores de escandalosos poemas eróticos. Esos ilustres nombres y otros le confirieron al género una pátina de decencia que le vino muy bien para introducirse en el cerrado espacio universitario.

Uno de los archivadores que se conserva en la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque. Uno de los archivadores que se conserva en la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque.

Uno de los archivadores que se conserva en la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque. / Robles

- ¿Cuál ha sido su aportación?

- En 1982 conocí a Víctor Infantes, entonces profesor en la Complutense y hoy ya fallecido, con quien tuve una estrecha amistad. Junto con Pedro Cátedra, que es uno de los mejores bibliógrafos de Europa, fundaron la editorial El Crotalón y fueron ellos quienes me propusieron publicar allí mi primer estudio bibliográfico. El primer coloquio sobre literatura erótica, propiamente dicha que se celebró en España, tuvo lugar en Montilla en junio de 1993 y vinieron los mejores espadas de la época, como Lily Litvak, José Blas Vega, Daniel Eisenberg... Previamente, en 1991, también celebramos en Montilla el primer coloquio  que estudiaba la obra de Cervantes desde el prisma del erotismo, cuyas actas se publicaron en Estados Unidos. Pero mi primera aportación fue una antología de poesía erótica que apareció en Córdoba, en 1985 bajo el sonoro título de Chapitu de baratiyo. Utilicé, en esta ocasión, el seudónimo de Fray Malo y hoy es un libro difícil de conseguir.

- ¿Qué dificultades entraña reunir una colección de erótica?

- Como las mejores piezas suelen ser rarísimas, la primera dificultad es el dinero, aunque no solo el dinero. La bibliofilia es una de las pocas cosas en la que el dinero es la segunda cosa importante: la primera es que te lo quieran vender. Los libros eróticos han tenido acomodo en algunas bibliotecas nacionales, por ejemplo, en París, donde existía un lugar específico y restringido para albergar estas obras. Se llamaba L’Enfer, el Infierno, y de ahí tomaron su nombre las escasas bibliotecas que disponían de un espacio similar. En Londres, en la British Library, también había otro infierno que recibía el nombre de Private Case. Había algunos más en otras bibliotecas, pero estos dos son los más importantes. En España, nada de nada. 

- ¿Ha jugado en España la Inquisición algún papel en esto que comenta?

- Algún investigador despistado y generalmente extranjero cree que en nuestro país se cultivó poco el género erótico por culpa de la Inquisición, pero la realidad es que en los Index inquisitoriales lo que figuran son obras heréticas, no eróticas.

Un ejemplar raro de la colección. Un ejemplar raro de la colección.

Un ejemplar raro de la colección. / Robles

- ¿Qué requisitos debe tener una obra de literatura erótica para que se considere un gran trabajo?

- Digamos que una obra erótica consigue su objetivo si consigue excitar al lector, lo mismo que una novela de terror si consigue aterrorizarnos, o una novela de humor si nos arranca una sonrisa. Lo malo es cuando un relato de miedo nos hace reír. La literatura erótica tiene sus códigos, sus tópicos, sus reglas y lo demás lo pone el talento del autor. Si escribe Alfred de Musset será una obra maestra del erotismo, y si escribe uno de a tanto por página será un bodrio infumable. Un investigador francés, Jean Marie Goulemot, decía que un buen texto erótico es aquel que convierte al lector en un voyeur. Es como si uno mirase por una rendija lo que sucede al otro lado; si se consigue situar al lector en esa posición, entonces el texto conseguirá lo que se proponía.

- ¿Hay confusión con lo que significa la literatura erótica en comparación, por ejemplo, con lo pornográfico?

- Tradicionalmente, se ha considerado el erotismo algo más decoroso que la pornografía. El erotismo sugiere, la pornografía agrede. Pero yo no creo que sea una cuestión de cantidad sino de punto de vista. Un gran escritor puede abordar un tema espinoso y salir triunfante. Pero más allá de la teoría literaria y aludiendo al concepto que hoy tenemos de ambos términos, la pornografía, que literalmente significa escritos sobre prostitutas, ha terminado por imponerse gracias a internet, en mi opinión. 

- ¿Qué ha supuesto la irrupción de internet en la producción y difusión de literatura erótica?

- Internet ha modificado los hábitos de la mayoría de los ciudadanos del llamado Primer Mundo. Nadie pondría en duda su utilidad pero ocurre como con la energía atómica. Lo primero que hacen es una bomba y ya después le encuentran usos menos destructivos. Ahora con internet estamos en la fase de bomba en lo que se refiere al erotismo. La literatura erótica ha desaparecido como género, no se convocan premios, no tiene el éxito de aquellos felices ochenta y noventa del siglo pasado. ¿Por qué? Porque nadie lee lo que puede ver. Así que la literatura erótica ha quedado tan pasada de moda como las novelas de capa y espada. El problema es que, actualmente, los contenidos que se exhiben en internet son de tan ínfima calidad, de una ordinariez tan soberana, que no pasan ni el examen más benévolo. El sexo es el contenido más visualizado en internet y es algo que me llama la atención porque se supone que los ciudadanos de los países ricos hicieron su revolución sexual en los años sesenta. Entonces, ¿qué hacen retrepados en un sillón delante de una pantalla durante horas y horas contemplando estáticamente lo que ya tenían más que superado?

Ilustración de uno de los volúmenes. Ilustración de uno de los volúmenes.

Ilustración de uno de los volúmenes. / Robles

- Y la mujer, ¿qué presencia tiene en este ámbito?

- Para que no todo sea malo, también diré que el anonimato y la privacidad que proporciona internet está permitiendo que la mujer se incorpore a un territorio solo reservado a los hombres. La literatura erótica, con algunas escasas e ilustres excepciones, era escrita por hombres para hombres hasta los años ochenta del siglo pasado. Desconocíamos la voz, la sensibilidad femenina como autoras y también las mujeres en España tenían muchas dificultades para acceder a estos contenidos. Nadie podía imaginar que una mujer asistiese a una película clasificada S en aquellos difíciles ochentas, ni había revistas para mujeres como las había para hombres, como Lib, Climax, Bazaar... En este sentido, internet ha posibilitado que la mujer, sin comprometer su privacidad, acceda a los contenidos en completa libertad. Por contra, los menores se están educando sentimentalmente con lo que ven por internet y eso es como para tener miedo y mucho.

- Hace pocos años se produjo un fenómeno mundial con la serie de novela de 50 sombras de Grey, catalogada como literatura erótica por el gran público. ¿Cuál es su opinión?

- Creo que esta novela es un poco la excepción a la regla en este declive de la literatura erótica. Confieso que empecé a leerla pero, al toparme en la página siete u ocho con la primera idiotez, desistí al momento. Decía Cioran que todo éxito es un malentendido, así que a lo mejor se trata de eso.

- ¿Alguna recomendación para quienes sientan interés por el género?

- Si alguien se interesa por la buena literatura erótica tendrá que acudir, me temo, a las librerías de viejo y buscar a los clásicos que aparecieron en la colección La Sonrisa Vertical o las reimpresiones que se hicieron de La Biblioteca de López Barbadillo y sus amigos, donde este género, antes noble arte, brillaba con luz propia.

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