Campiña Sur

En el taller de Torres Ferreras, maestro alfarero de La Rambla y Premio Andaluz de Artesanía

  • Empezó siendo un niño en los veranos y en el año 2000 se puso al frente de su empresa

  • Todas sus piezas salen del torno y mezclan las líneas depuradas del nórdico con la tradición

Miguel Ángel Torres Ferreras, en el torno. Miguel Ángel Torres Ferreras, en el torno.

Miguel Ángel Torres Ferreras, en el torno. / Robles

El torno lleva girando medio siglo entre las manos de Miguel Ángel Torres Ferreras, (La Rambla, 1960), desde que era un “chiquillo” y en verano, cuando en el colegio daban las vacaciones, se iba a ayudar al taller familiar. La Consejería de acaba de concederle el Premio Andaluz a la Artesanía, un galardón que valora los años de dedicación y la trayectoria consolidada y ampliamente reconocida en el oficio de “alfarero y ceramista”, como él mismo se define.

En su taller, en la calle La Maceta del polígono industrial Los Alfares, el torno nunca se detiene. De fondo suena un transistor y un canario canturrea en una jaula junto a la ventana: “Siento una satisfacción muy grande. Llevo toda la vida trabajando en esto, y nunca pensaba que un premio así me lo darían a mí, ni por asomo”, confiesa.

La estatuilla y el diploma descansan en una estantería rodeados de los platos, los cuencos, las jarras y los cachivaches de cocina que modela con sus propias manos, más de un centenar por jornada si algún pedido apremia. La Consejería de Transformación Económica, Industria, Conocimiento y Universidades ha destacado de él que acumula una experiencia profesional de más de 30 años y es un “gran defensor y divulgador” de la alfarería y la cerámica totalmente artesanales. “Apuesta por la mejora de los métodos tradicionales y su combinación con técnicas innovadoras y nuevos materiales”, y desde 2014 cuenta con la distinción de Maestro Artesano.

Torres Ferreras, junto a sus piezas. Torres Ferreras, junto a sus piezas.

Torres Ferreras, junto a sus piezas. / Robles

Su currículum en el oficio arranca con diez años, durante las vacaciones. “Me quité de la escuela con 12 y ese mismo año emigramos a Barcelona. Cuando venía en verano me metía en la rueda, siempre lo tenía en mente”, recuerda. En 1984, regresó a La Rambla y empezó a trabajar de lleno en la alfarería, primero en empresas por cuenta ajena y desde 2000 al frente de su propia marca, Torres Ferreras, con la que ha desarrollado un estilo personalísimo y fácilmente identificable que plasma en sus piezas de menaje de cocina.

“Es una cosa bastante singular”, explica, ya que la materia prima que emplea es el gres de alta temperatura y no el barro tradicional de La Rambla. “Fusionamos lo popular y lo rústico con lo nórdico, lo práctico y lo elegante. El hecho de que todas las piezas sean hechas a torno y decoradas a mano y las calidades que presentan los diferentes esmaltes hacen que, aunque en una misma línea, todas y cada una de las piezas sean únicas e irrepetibles”, explica.

El resultado une las formas depuradas y sencillas que remiten al estilo nórdico y sus colores pastel, aunque el maestro artesano mira mucho más cerca: “No hay nada muy novedoso, ya que la mayoría de las piezas siguen líneas muy antiguas. El diseño es un cúmulo de circunstancias, y muchos elementos han estado ahí toda la vida”, explica.

Como muestra, la colección de la abuela, estilo vintage made in La Rambla. “Uno de nuestros clientes habituales nos hizo un pedido de piezas completamente amarillas, y allá que nos pusimos a hacer recetas y probar esmaltes para conseguir un color vivo y uniforme. Cuando lo tuvimos hecho nos dimos cuenta de que solo teníamos que ponerle una mancha verde, y listo”, explica el artesano. El gres de alta temperatura, además, evita los “también típicos” craquelados, caídas de esmalte o golpes en los bordes.

Horno para cocer las piezas. Horno para cocer las piezas.

Horno para cocer las piezas. / Robles

Y un cáliz llevado a Roma forma parte de las liturgias del Papa Francisco en determinadas ocasiones. La historia se remonta al verano de 2013, cuando el párroco habitual se fue de vacaciones y lo sustituyó el padre Christian directamente desde El Vaticano, adonde solía volver cada vez que acababa su labor estival en la localidad alfarera. Fue durante un paseo por la Exposición de Cerámica de ese año, el actual festival EnBarro que coincide con San Lorenzo, el patrón, cuando al religioso se le ocurrió hacerle un regalo de cerámica al pontífice, y el cáliz salió del torno de Torres Ferreras.

Sus vajillas, muy apreciadas en el mundo de la hostelería, forman parte además del menaje de Bodegas Campos, Mezquita o ReComiendo, el restaurante de Periko Ortega, a quien Miguel Ángel Torres diseñó el cuenco Power para una de sus rompedoras perikadas. Pero, sobre todo, sus piezas están en la cocina, en los hornos, los microondas y las mesas de miles de personas.

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