Montoro nombrará Hijos Adoptivos a los maestros Santiago Cano y Consuelo Turrión, fundadores del Museo Arqueológico local
Alto Guadalquivir
Santiago Cano y Consuelo Turrión, fallecida en 2019, han educado a varias generaciones de montoreños, a quienes contagiaron su pasión por la escritura, la música o la historia
La localidad de Montoro nombrará Hijos Adoptivos a Santiago Cano López y, a título póstumo, a Consuelo Turrión Martín, en reconocimiento a su labor educativa y cultural a lo largo de gran parte de sus vidas en beneficio del municipio, según ha informado el Ayuntamiento. Santiago Cano y Consuelo Turrión, maestros, han dejado una profunda huella en la localidad del Alto Guadalquivir cordobés, imprimiendo un gran impulso a la cultura local. Y se les considera los fundadores del Museo Arqueológico local, que lleva su nombre. Aunque, sobre todo, han sido docentes, y su pasión por la enseñanza ha marcado a varias generaciones de montoreños.
Santiago Cano nació en Almedinilla el 21 de enero de 1943, pero su vida transcurre en Córdoba capital. Su padre, Gregorio Cano, es obrero en una fundición y su madre, Isabel López, se dedica a las labores de su hogar. El matrimonio tiene cinco hijos y Santiago es el mayor. Siempre despuntó por ser el más inquieto, curioso y siempre se preocupó, como una persona de mayor edad, de buscar respuesta a las cuestiones e interrogantes que le iba presentando la vida.
Sus primeras letras las aprendió en una escuela de barrio y luego adquirió su formación posterior en el Colegio Salesiano de María Auxiliadora, cerca de la parroquia de San Lorenzo. Terminados los estudios básicos, se propuso hacer la carrera de Magisterio, pues desde niño se sintió llamado a ejercer esta profesión.
Trabajó en el Colegio Salesiano de Córdoba y en otro privado, el Colegio Español, así como en la Academia Santo Tomás de Aquino, entonces en la calle Infanta Dona María, en Ciudad Jardín.
Cuando le llegó su hora, tuvo que hacer el Servicio Militar, y más tarde aprobó la oposición de Magisterio. Y como maestro, tras varios destinos, llegó a Montoro a la escuela de régimen normal, con plaza en el colegio de Nuestra Señora del Rosario en el curso 1969-70, cuando contrajo matrimonio con Consuelo Turrión, su novia desde su destino en Posadas como maestro.
En Montoro, sus alumnos recuerdan con especial cariño una de las actividades de su clase de Francés, la correspondencia en este idioma con otras naciones del mundo, pues se carteaban con chicos y chicas de 23 países, desde Bulgaria a Canadá, con intercambio de sellos de correos, tarjetas y revistas.
En su clase de Plástica se realizaban toda clase de actividades artísticas. Se decoró todo el centro con cuadros y grandes mosaicos y los alumnos intervenían en un Concurso Internacional de de Pintura infantil celebrado en Tokio (Japón) en concurrencia con 72 naciones del mundo; en 1980 se consiguió el primer premio del Ministro de Asuntos Exteriores de Japón, ganado por la alumna de San Francisco Solano Juana Vázquez Hortelano.
Impulso a la cultura
Una de las primeras actividades que organizó con los alumnos fue la llamada Operación Rescate, consistente en buscar y recoger restos arqueológicos en superficie, pues las excavaciones estaban prohibidas. Su interés por la arqueología montoreña fue en aumento con la aparición de la piedra con inscripción romana que estuvo en el jardín de la Virgen de Gracia, dedicada a Esculapio y hoy en el Museo, y de la escultura thoracata romana. Fue el germen del Museo Arqueológico local, que lleva su nombre.
Entre sus muchas actividades como la pintura, la escultura, la talla en madera y otros materiales, Santiago Cano se dedica también a la escritura.
Además de recopilar las leyendas de Montoro, Santiago Cano ha publicado varios libros de tipo narrativo entre los que se pueden contar Arábigo cordobés, una colección de cuentos de la Córdoba Omeya; La puerta, novela onírica; Las tumba de Keops y otros cuentos egipcios, con tres ediciones; La señora del silencio; La Carta; La mente de Keops; La liberación de Keops; Diario de Lucas Marel o Los olivares.
Consuelo Turrión, verdadera vocación
Fallecida en noviembre de 2019, el nombramiento le llega a Consuelo Turrión a título póstumo. Nació en Toledo, donde residía su familia materna, aunque su hogar familiar estaba en Salamanca. Allí estudió sus primeras letras en un colegio religioso de corte salesiano y el ejemplo de su madre la llevó a hacerse docente.
Destinada por el Ministerio de Educación y Ciencia a Andalucía, a la provincia de Córdoba, ejerció en Alcolea, Baena, Posadas y Albendín.
En Salamanca comenzó a hacer la carrera de Piano Elemental, que terminó en el Conservatorio de Córdoba. Fue una mujer apasionada de la música tanto clásica como tradicional, teniendo en casa un piano en el que ejecutaba hermosas piezas de todo tipo.
Esta dotación musical fue bien utilizada en la escuela, donde enseñó a sus alumnos un gran repertorio de canciones tradicionales y los acostumbró a cantar con frecuencia. Además, colaboraba en las actividades de teatro que organizaba su marido, en las que se encargaba de los trajes de los alumnos actores.
Siendo Maestra en Posadas, en 1967, coincidió con Santiago Cano; se casaron en junio de 1970 en Salamanca.
A inicios del curso escolar de 1970, en uso del Derecho de Consorte que entonces tenían todos los funcionarios, llegó a Montoro. Su primera plaza fue la Escuela Rural de El Risquillo, a la que se desplazaba a diario en coche. Al año siguiente, pasa a formar parte del claustro del colegio San Francisco Solano. El matrimonio tuvo tres hijos: Chelo, Santiago y Elena.
Con el paso del tiempo, su dedicación en el colegio fue en aumento. Se encargaba de corregir muchos de los textos escritos por los alumnos en la revista escolar de Ciencias Naturales Solanum, que se repartía por todos los colegios de la provincia de Córdoba. Y durante unos años ocupó el cargo de secretaria y de coordinadora del ciclo medio de Enseñanza Primaria.
En junio de 2004, ambos se jubilaron; aunque fue una despedida discreta y sin celebración alguna, no faltaron familias que agradecieron con ramos de flores y atenciones su labor docente a lo largo de 34 años.
Fundadores del Museo Arqueológico
Desde su llegada a la localidad, el matrimonio advirtió la abundancia de restos arqueológicos, por lo que pensó que debía contar con un museo que mostrara su riqueza natural, histórica y antropológica.
Tras unos años de preparación y consecución de piezas, el día 28 de febrero de 1992, Día de Andalucía, el Museo Arqueológico Municipal fue inaugurado por el entonces alcalde, Antonio Cañas, en el antiguo comedor de Sor Josefa Artola.
A los pocos años, la sede se trasladó a la iglesia de Santa María del Castillo de la Mota. En el traslado, colocación y ordenación de las diversas piezas, fichas y otros documentos, la ayuda y participación de Consuelo Turrión fue decisiva. Cuentan que, mientras ella estuvo a cargo de la institución, no consintió que nadie tuviera acceso a las piezas colocadas en las vitrinas y, cuando había que limpiar el interior, ella se encargaba.
En 2012, el Ayuntamiento acordó en Pleno dedicarle el museo a Santiago Cano y Consuelo Turrión. A la ceremonia de rotulación acudieron muchos miembros de la Asociación de Museos Locales de Córdoba, diputados provinciales y la corporación local al completo. El agradecimiento a su aportación será para siempre.
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