Tribuna

salvador gutiérrez solís

El hilo de la Navidad

Lo acabaremos pasando bien, o algo parecido, a pesar de esos ratitos recordando a los que no están, porque siempre hay quien falta, y a veces hasta quien sobra

El hilo de la Navidad

El hilo de la Navidad

Ya están engalanadas las calles, especialmente las de los centros de las ciudades, con luces de colores, estrellas, guirnaldas y demás abalorios navideños. Muchos abetos, claro, que a diferencia de lo que nos sucede con otras celebraciones, con procedencia extranjera, el árbol de Navidad si lo hemos aceptado ya como parte de nuestra rutina en estas fechas que se aproximan.

Seguro que ya hemos probado algún mantecado o turrón, aunque solo haya sido un trocito, y puede que nos hayamos prometido que este año nos vamos a contener, que el pasado nos costó demasiado llegar al verano en la talla correspondiente. Dicen que viene un tiempo de excesos y de consumismo desatado, y es cierto que lo es. Nos pasamos en gran medida, compramos por comprar, que es una expresión que siempre he adorado y no he entendido en semejante proporción. Porque, aunque sea para tirar el dinero, siempre compramos por algún motivo, por extraño y peregrino que nos podamos imaginar.

Si va a comprar/regalar/encargar libros estas navidades, recuerde que acabo de publicar Colgados de un hilo, que es una antología con los mejores relatos que he publicado en Twitter (ahora X) en los últimos años. Un libro que me empujaron a crear los centenares de lectores que me lo han pedido, y también la lectura de El infinito en un junco, de Irene Vallejo. Las palabras, las historias, se han ido adaptando a lo largo de los siglos en todos los espacios, soportes y formatos con los que ha ido conviviendo. Un papiro, una piedra, arcilla, madera, papel, una pantalla, ¿por qué no una red social? Historias que ahora cuentan con una nueva vida, en un espacio llamado libro, y que espero viaje a las manos de muchos lectores estas fiestas. Un hilo, o 27 hilos, en ese hilo que es la Navidad, y que en gran medida estiramos, liamos y desenrollamos todos los años. Y este no iba a ser una excepción.

Por lo que he comprobado, las célebres y denostadas comidas de Navidad han comenzado este año antes de lo previsto, por temor a quedarse sin sitio para montar el sarao. Unos amigos la celebraron a finales de octubre, ya puestos, pero creo que se confundieron de lugar, porque tendrían que haberlo hecho en la playa o junto a una piscina, a tenor de la temperatura que hizo por esa fecha. Las comidas de Navidad tendrían su propio hilo, claro

Estos días he leído una breve guía, que puede ser muy útil, con consejos prácticos para evitar estas comidas, que suelen extenderse hasta altas horas de la madrugada, en ocasiones. Reconozco que no me lo he pasado bien en la mayoría de comidas de trabajo a las que he tenido que asistir a lo largo de los años. Algunas de ellas me han parecido interminables, y estoy seguro que a quien le tocó a mi lado guarda en su memoria la misma sensación. Pueden llegar a ser abominables, cierto, sobre todo si tienes que compartirlas con quien no te apetece estar, pero a la misma altura, al menos para mí, sitúo el amigo invisible, ese regalo que te puede tocar regalar a quien no quieres regalarle nada. Otra fuente de inspiración para un hilo que puede extenderse a través de los géneros, de la comedia al thriller, pasando por la ciencia ficción.

Antes de la discusión por saber en cuál cadena vemos las campanadas, que si con el antivestido de Pedroche o tirando de clásico, tocan muchas más celebraciones, o algo parecido. El hilo se despliega y de qué manera en las previas, tan de moda en los últimos años, y que consisten en buena parte de los casos, en llegar hartito de todo a la cena familiar. Quién no ha sucumbido en una de estas, que levante la mano y tire del hilo. Ya se ven en los mercados los cazadores de ofertas, que luego en los días de marras las gambas están a un precio prohibitivo y no hay quien pueda con la dolorosa. Pero, bueno, haremos un poder, se pueda o no, aunque luego nos cabreemos y maldigamos por nuestra inocencia, una vez más maltratada tras comprobar lo que el resto coloca sobre la mesa. Lo acabaremos pasando bien, o algo parecido, a pesar de esos ratitos, jodidos, recordando a los que no están. Porque siempre hay quien falta. Y a veces hasta quien sobra, pero ese ya es otro hilo.

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