Tribuna

Antonio rivero Taravillo

Sodoma, Gomorra y Mondoñedo

Hay una galleguidad que baja por la Vía de la Plata como otras veces fue el meridional quien ascendió, y no en solo a peregrinación al Apóstol

Sodoma, Gomorra y Mondoñedo

Sodoma, Gomorra y Mondoñedo / rosell

El fuelle de las nubes descargó y bailó la lluvia un poco su muñeira. La jornada electoral fue pasada por agua en parte de Andalucía y Huelva pareció de repente Pontevedra, y las murallas árabes de Sevilla las romanas de Lugo. Las urnas, digo, las peceras, se llenaron de bancos con aletas que algunos dirían que eran sobres con votos, y todo bajo la tromba semejó una ciudad submarina descrita por Álvaro Cunqueiro.

Recordé al autor de Merlín y familia el día de las elecciones. Si en el Vigo en el que vivió ha revalidado el puesto el regidor socialista, aquí en el sur ha barrido, pluvial, el partido que preside el gallego Feijóo (no confundir con el padre Feijóo al que tantas veces se refirió Cunqueiro). Hay una galleguidad que baja por la Vía de la Plata como otras veces fue el meridional quien ascendió, y no en solo a peregrinación al Apóstol. García Lorca lo hizo y conoció a la juventud poética de allá, y se trajo sus Seis poemas galegos. Cunqueiro, que lo abrazó, escribió sobre ellos con agradecimiento antes de que se publicaran.

En su gran erudición, Cunqueiro nombra algunas veces episodios y lugares andaluces, aunque no con la asiduidad que habitan sus páginas las navegaciones lusitanas o el Finisterre bretón. Y aunque no fueron nuestras ciudades muy visitadas en sus conferencias y pregones, que colmaron La Coruña o Betanzos, por ejemplo, sí escanció en ocasiones su oratoria entre nosotros.

En diciembre de 1968 viajó a Sevilla y Cádiz, donde pronunció sendas disertaciones. La primera fue en el Real Círculo de Labradores sobre Estructuras del mundo mágico: el orden y el caos; y sobre temática parecida habló en la Diputación de Cádiz dos días después: Introducción a un Diccionario de Ángeles. Era delegado de Información y Turismo en Cádiz un viejo conocido de Vigo, que recordó así el acto: “De pronto, Álvaro se exaltaba: ‘Rafael Landín recordará perfectamente cuando un diablo se coló por una grieta en un convento capuchino de Nápoles’. Y la gente me miraba para ver la reacción del organizador del acto. Yo, desde la presidencia, esbozaba una sonrisa cardenalicia que cada uno podía interpretar según sus deseos”. Siempre fabulando, Cunqueiro.

Por raro que parezca, dada la temática de la conferencia, esta fue presidida en Sevilla por el capitán general, el gobernador militar y el alcalde de la ciudad. ¿Qué pensarían las distinguidas autoridades cuando Cunqueiro empezó a hablar de Ferdinand de Saussure y de Claude Levi-Strauss, y luego de Sartre y de La rama dorada? ¿Bostezarían? ¿Moverían divertidos el bigotillo ante alguna anécdota con la que el conferenciante aminorara la aparente aridez de su intervención, en realidad amenísima?

No sabemos cuándo llegó Cunqueiro a Sevilla. Si la misma mañana de la conferencia hubiese querido visitar el Alcázar y saludar a quien fue como él colaborador de Vértice, revista dirigida por Manuel Halcón, y ahora alcaide del monumento, el poeta Joaquín Romero Murube, lo más probable es que no hubiera podido: el autor de Los cielos que perdimos estaba ocupado en ese momento enseñando el palacio y sus jardines a los príncipes de Jordania. En el curso de este viaje andaluz, Cunqueiro visitó también Jerez de la Frontera, cuyas bodegas no podían dejar de interesarle, y asistió al Consejo Supremo de Caballeros Hospitalarios de San Juan Bautista, entidad de la que fue nombrado caballero.

Luego, en 1969 dio el pregón de las Cruces de Mayo en Granada. Cunqueiro habló por la noche en la plaza de San Nicolás, junto al famoso mirador del Albaicín, pero al mediodía fue obsequiado con un almuerzo ofrecido por la colonia gallega, y con posterioridad a esta comida el escritor presentó su novela Un hombre que se parecía a Orestes.

He leído El pronunciado escote de Mondoñedo. Memorias algo apócrifas de don Álvaro Cunqueiro, de José de Cora, novela recién publicada por la coruñesa editorial Hércules (no solo con el héroe griego tiene relación Andalucía). Es un divertimento en el que Cunqueiro se ve implicado en un caso policiaco relacionado con unos frescos de la catedral de Mondoñedo, su ciudad, que por mostrar unos maternales pechos desnudos durante la Matanza de los Inocentes desata la pacatería de algunas señoras de la buena sociedad y hasta la intervención de Carmen Polo de Franco. Una de ellas exclama esta tríada del pecado: ¡Sodoma, Gomorra y Mondoñedo!. Recomiendo el libro a Manuel Gregorio González, ganador con su Don Álvaro Cunqueiro, juglar sombrío, del premio Antonio Domínguez Ortiz hace unos años.

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