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Tribuna

javier gonzález-cotta

Escritor y periodista

Rosalía, la otra 'estelada'

Rosalía, la otra 'estelada' Rosalía, la otra 'estelada'

Rosalía, la otra 'estelada' / rosell

No andamos muy doctos en flamenco ni, a decir verdad, lo soportamos más allá de un heroico cuarto de hora. Tampoco andamos muy finos con el trap urbano, que parece ser que nos ha venido de Atlanta, urbe y sede de la Coca Cola y la CNN. Y, sin embargo, los críticos hablan de un nuevo bigénero, el flamenco-trap, para definir el estilo musical de Rosalía Vila, natural de Sant Esteve de Sesrovires, comarca industriosa del Bajo Llobregat.

No sabemos bien si lo que hace Rosalía nos gusta del todo. Pero de una cosa sí estamos seguros: no nos disgusta. Pese a haber nacido en la ratio industrial de Barcelona, entre un paisaje narrativo de camiones, palés de carga y polígonos, Rosalía no obedece al formato de crianza charnega al uso. Tampoco tiene deuda hereditaria alguna con el flamenco o con la música española tradicional. Sus padres solían escuchar, recuerda ella, a Queen, Bob Dylan y Supertramp.

Resulta llamativo que la apoteosis de esta damisela de barrio haya cuajado en plena matraca independentista. Hablamos de una joven educada en Cataluña, en la supuesta aversión ambiental, bien solapada o directa, hacia España y a sus marcas culturales. Sant Esteve de Sesrovires pertenece a la red de municipios per la independència impulsada por la Asamblea Nacional Catalana. Pero ha sido justo una nativa, una catalana sin mancha charnega (que se sepa al menos), la que ha disparado al mundo los iconos de la cultura popular española y les ha dado un vuelo nuevo como alegoría millennial.

En este sentido Rosalía forma parte del fulgor de una estelada nueva, pero a la española y, si se quiere, hasta transfronteriza. Rosalía es una Venus del auto-tunes, que muestra el triunfo de la paradoja, el de la independencia propia frente a la independencia gregaria. Para ilustrar su canción Pienso en tu mirá (del disco El mal querer), Rosalía aparece dentro de una vitrina con los colores de la bandera española. La náyade brota del agua, en una mezcla de estatismo y de huida liberadora. No falta el braceo agitanado ni el guiño subliminal a las astas del toro. Es como una Cleopatra mística, pero que también se muestra como duquesa y ensueño de Goya y como diosa en el santuario de las chonis.

El cotizado Filip Custic ha diseñado para Rosalía la iconografía visual del disco El mal querer, que sigue al anterior Los ángeles. O sea, lo que va de 2017 a este 2018, justo sobre la gran ola paralela del procès independentista. Custic, artista multidisciplinar, actualiza la españolidad estética y la pone en órbita para la plástica del siglo XXI.

Al parecer la historia por canciones de El mal querer se inspira en una obra anónima, Flamenca, del siglo XIV. El trabajo de la culta Rosalía parece querer mostrar cómo concibe una millennial la cultura popular española y la incorpora a la liturgia de los dramas poligoneros. Si nos lo explican y no lo vemos ni oímos, pues podría parecernos lo propio de una ensalada ignorante y con pretensiones. Pero la fórmula ha calado. En Operación Triunfo ha caído el telón por cierre y defunción.

Rosalía canta sobre la pulsión y el engaño, la liberación y la toxicidad. Y los videoclips, requetevistos en YouTube, vienen cargados de iconos baratos que se sobreponen al lastre cañí. Una gitanilla flamenca cuelga de un retrovisor. Un torero en chándal torea la moto sobre la que va subida la artista amazona. Un nazareno de Semana Santa aparece en un monopatín con pinchos de fakir. La diva se muestra en un diván como La maja vestida y luego se desviste sin hacerlo frente a una especie de espejo líquido de Alicia.

Habrá que ver en qué queda el espumillón que ha traído la ola Rosalía. Pero, como decíamos, no somos críticos musicales. Sólo significamos la gran paradoja, la sinestesia política de la noticia: una catalana de un municipio adscrito al independentismo lanza al mundo la imagen de la españolidad viral y renovada.

En Polònia, programa de humor de TV3, se ha hecho una parodia con el videoclip de Malamente. Joan Tardá y Gabriel Rufián intentan ganarse para la causa independentista a la gran audiencia rendida por la estética flamenco-trap de Rosalía. Todo para ampliar la base. Nos hemos reído bastante, la verdad. En la parodia las muletas del torero se sustituyen por esteladas (esto es, el engaño de la muleta se sustituye por otro engaño). Pero el caso es que la estelada, la otra estelada de Rosalía, les ha pasado por encima con su insólito fulgor.

Cataluña abolió por ley las corridas de toros. Pero resulta que los escenarios del videoclip Malamente, en los que aparecen chicos y toricantanos en escorzo de escuela taurina, están rodados en Barcelona, Badalona, Hospitalet y Barberà del Vallès. Para un corresponsal extranjero, que estuviera pasmado por este hecho de balcánica locura, le explicaremos que Rosalía ha sustituido el caballo de Troya por un gran toro con lámina y trapío.

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