Cada vez menos y más divididos

Editorial

La celebración de la Diada confirma que un colectivo en decadencia y con profundos enfrentamientos tiene en sus manos la gobernabilidad de España

13 de septiembre 2023 - 00:00

La Diada celebrada el pasado lunes en Cataluña ha confirmado el declive imparable del independentismo como movimiento social y popular. Es una tendencia que se viene observando a lo largo de los últimos años en la cada vez más escasa asistencia a la manifestación central que tiene lugar en Barcelona y en la pérdida de votos que en las últimas consultas electorales han tenido los partidos que centran su programa en la separación de España. La celebración también ha puesto de relieve la profunda división interna que agrieta el secesionismo, con acusaciones cruzadas que van de la traición para arriba. Junts y ERC tienen una pugna que mira a las elecciones que presumiblemente se producirán el año que viene y que tiene que ver también con la negociación para la investidura de Pedro Sánchez, de la que Puigdemont se ha hecho protagonista exclusivo marginando a Pere Aragonès, presidente de la Generalitat. Por su parte la Asamblea Nacional de Cataluña, que tiene una indudable influencia en el colectivo, se enfrenta a todos los demás desautorizando cualquier proceso que no conduzca a la independencia inmediata. Es este grupo en decadencia imparable y a la greña quien tiene en su mano la gobernabilidad del país y el que ve al alcance objetivos que no se corresponden ni con su fuerza electoral ni con su influencia social. Este es el panorama que ha dejado el resultado de los comicios del pasado 23 de julio. Todos los indicios que hay encima de la mesa apuntan a que Pedro Sánchez cederá en temas fundamentales como la amnistía a los implicado en el golpe separatista de 2017 para ser investido presidente del Gobierno, aunque ello dé un poder inmenso a un grupo que incluso dentro de Cataluña cada vez representa menos y cada vez ofrece perfiles más radicalizados. Nunca tan pocos tuvieron tanto poder para influir en el destino más inmediato de España. En esa situación es lícito preguntarse si no sería deseable volver a dar la voz a los ciudadanos.

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