Una pendiente peligrosa

Tenemos en el Ejecutivo y en la oposición una falta de liderazgo y de rigor preocupantes y ello afecta a nuestra propia posición como país

La política española se desliza por una pendiente altamente peligrosa que pone en riesgo la estabilidad del sistema. El enfrentamiento fratricida abierto en el PP, que en muchos aspectos recuerda una pelea de adolescentes deseosos de exhibir músculo, pero carentes de argumentos, es un episodio que afecta a la propia viabilidad de un partido sistémico. El PP tiene la obligación institucional de representar una alternativa creíble a un Gobierno que tiene descontento a sectores amplios de la sociedad y, al mismo tiempo, ser un muro de contención eficaz frente a tentaciones populistas incapaces de articular soluciones eficaces a los muchos problemas que tiene planteado el país. Pero nada de esto lo podrá hacer si el principal partido de la oposición se empeña en desgastarse en luchas internas de un patetismo que produce vergüenza ajena. Desgraciadamente, lo que está ocurriendo en el partido de Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso no es más que un síntoma, ciertamente grave, de una situación que lleva ya demasiado tiempo deteriorando la calidad de la gestión pública y la confianza de los españoles en sus instituciones. Hace sólo unas semanas asistíamos al esperpento de la votación de la reforma laboral y llevamos ya más de dos años viendo cómo el Gobierno de Pedro Sánchez cede una y otra vez al chantaje que le presentan en el Congreso sus aliados radicales y separatistas. Tenemos en el Ejecutivo y en la oposición una falta de liderazgo y de rigor preocupantes y ello tiene consecuencias que se pueden apreciar en muchos aspectos de la imagen que como país proyectamos en un mundo cada vez más convulso, pero en el que tenemos muy poco que decir. La crisis actual del PP debería abrir una reflexión en la política española. Los resultados de las elecciones del domingo pasado en Castilla y León arrojan señales preocupantes sobre el deterioro que están sufriendo los partidos que han sido los garantes desde hace casi medio siglo de la estabilidad. Es hora de acabar con el infantilismo y la frivolidad y de tomarse en serio cosas que son fundamentales para nuestra convivencia.

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