Vista aérea

Salvador Gutiérrez Solís

A vueltas con la Capitalidad

NO tengamos en cuenta que nunca se ha contemplado a ningún cordobés o andaluz como posible gerente -gerenta- de la Fundación de la Capitalidad, no tengamos en cuenta cuáles han sido los criterios/procesos de selección; no tengamos en cuenta la tardanza, los encontronazos, la falta de consenso; no tengamos en cuenta los números, los datos, los sueldos o el presupuesto; no tengamos en cuenta lo que se ha dejado de hacer, lo que pudimos hacer y no hicimos. No tengamos en cuenta las miles de adhesiones y los pasquines que el viento del olvido se llevó. Partamos de cero, creo que es bueno este ejercicio mental en el momento en el que nos encontramos. La carrera llega a su punto crucial, las suaves carreteras se convierten en empinados caminos, los competidores son más cada día, algunos de ellos sobre resplandecientes modelos, y nuestro vehículo lo conduce Carlota Álvarez Basso, la flamante gerente de la Fundación de la Capitalidad. Viene avalada por una reputada trayectoria profesional, no es la primera vez que se le encomienda abanderar un proyecto a partir de la nada, y en sus primeras manifestaciones públicas ha demostrado ser una persona consecuente, mesurada en sus afirmaciones, coherente. Empezamos bien, que no es poco, más que cansado de los vendedores de pompas de jabón y de castillos en el aire.

No me cansaré de repetirlo, porque entiendo que es el gran éxito de este camino que nos disponemos a recorrer, si en 2016 somos la Capital Cultural Europea, bien, lo habremos logrado, sí, lo disfrutaremos a lo grande, perfecto, la guinda del pastel. Pero no olvidemos que el reto que nos hemos planteado se formula y ejecuta en el camino, su verdadero fin está en el mismo pastel. Fabricando una buena y esponjosa masa, escogiendo los ingredientes más adecuados, equilibrando los sabores, añadiendo placas sin que la base se resienta. Es decir, el verdadero éxito reside en lo que seamos capaces de hacer en el tiempo que nos queda, en fortalecer, crear y desarrollar una verdadera y sólida estructura cultural en nuestra ciudad. Definiendo una red estable de espacios culturales, educando un público que solicite, viva y dé vida a esos espacios, desarrollando una programación atractiva y coherente en el tiempo que abarque todas las disciplinas artísticas, implicando a todas las administraciones públicas en la carga presupuestaria, pero sin olvidar a las entidades privadas -que han de ser cómplices desde el primer momento-, incentivando la figura del gestor/emprendedor cultural como una fuente más de riqueza -y de actividad social y cultural- y apoyando a los creadores cordobeses, desde la formación a la promoción/difusión de su obra. Este es el gran reto, el que en 2016 una placa en las afueras de Córdoba indique al visitante que está llegando a la Ciudad Europea de la Cultura no será más que el dulce postre de una magnífica comida, el epílogo de una obra que se ha construido entre todos y para todos.

Es bueno que Córdoba cuente con un reto, con un empeño que hemos de alcanzar, algo que es nuevo para nosotros, demasiado acostumbrados a ver pasar delante de nuestras narices los grandes proyectos. Un reto, en mi opinión, que siempre deberíamos acompañar de tres palabras que considero fundamentales: emoción, pasión e ilusión. Todas agudas y todas finalizadas en on, que facilitan la rima de los poetas ripiosos. La emoción que es la gran enemiga del tedio, de la rutina, la pasión que agita las conciencias y provoca un nuevo latido en los corazones y la ilusión por alcanzar algo que en esta ocasión no tiene la difusa forma de un sueño. Carlota es el nombre de la conductora del vehículo que debe recorrer el camino. Yo me remito a las tres palabras anteriores, sólo le pido que nos emocioné, que nos apasione y, sobre todo, que nos ilusione. Si lo consigue, si el viaje transita por los lugares apropiados, si sobrevivimos a los baches, ya habrá merecido la pena, al menos, intentarlo.

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