El vertedero del Guadalquivir

editorial

01 de diciembre 2007 - 02:58

CÓRDOBA existe gracias al Guadalquivir. Si el río no hubiese estado donde está, la ciudad nunca se habría fundado y romanos y musulmanes habrían pasado de largo en busca de mejores lugares en los que asentarse y poner el germen del mundo que hoy día conocemos. Si el río no hubiese contado con el caudal con el que contaba ni hubiese ofrecido las oportunidades de desarrollo social y económico que ofrecía esta ciudad sería, a lo más, una aldea perdida en medio de la nada. Dicho de otro modo, Córdoba le debe su historia y su esencia al Guadalquivir.

Pues bien, ahora, pasados ya muchos siglos de aquellas épocas de esplendor, el Ayuntamiento de la capital pide auxilio a la Confederación Hidrográfica, a la Junta de Andalucía y a la Diputación para que le ayuden a mantener limpias las aguas después de haber recogido desde agosto unas 10.000 toneladas de escombros, basuras y todo tipo de deshechos en cinco vertederos ilegales. El concejal de Medio Ambiente, Francisco Cobos, señala que desde hace unos meses el área que dirige ha desinfectado montoneras de basura en Alcolea, el arroyo de San Cristóbal en La Palomera, el Molino de Casillas, el Molino de Carbonell y las Quemadillas y que tiene localizados otros 20 basureros en diversas zonas del área metropolitana de la capital. Una petición que se ve agravada además por el enorme desembolso económico que requiere trasladar al personal necesario a las zonas contaminadas para proceder a su desinfección. Dicho de otro modo, el Consistorio cordobés pide ayuda a las administraciones porque comienza a darse por vencido ante los propios cordobeses, que han decidido darle la espalda a uno de sus orgullos, el río, y han convertido sus márgenes en un particular estercolero en el que verter todo tipo de desperdicios. Esta actitud, metidos ya de pleno en el siglo XXI, se antoja tercermundista y debe llevarnos a reclamar responsabilidad a quienes tan poco respeto demuestran por el medio ambiente. En unos tiempos, además, en los que la amenaza del cambio climático se cierne sobre todos nosotros.

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