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De reojo

Ángela Alba

aalba@eldiadecordoba.com

La solidaridad del donante

Es sorprendente la luz que desprenden y la actitud con la que los trasplantados encaran su nueva vida

Un año más, el Hospital Reina Sofía celebra la Semana del Donante, un programa de actividades con el que da a conocer su actividad trasplantadora y agradece a las familias que, en un momento tan difícil como el de la muerte de un ser querido, dicen "sí" a la donación. Esa solidaridad es la que hace posible que otras personas puedan salir adelante y empezar una nueva vida. Los receptores de esos órganos o tejidos son la prueba de que la Medicina puede hacer milagros. Porque, ¿cómo imaginar que alguien pueda vivir con el corazón o los pulmones de otra persona?

Me resulta sorprendente la actitud con la que los trasplantados encaran su futuro, su optimismo, su vitalidad y esa luz que desprenden cuando los miras a la cara. La emoción con la que cuentan su historia y dan las gracias -muchos de ellos con lágrimas en los ojos- a los profesionales del hospital que los atendieron y a sus donantes que, de alguna forma, siempre los acompañarán, en los buenos y menos buenos momentos del resto de su trayectoria vital.

Tan importante ha sido para ellos su trasplante que suelen recordar cada detalle de la llamada que recibieron desde el Reina Sofía, el tiempo que pasaron esperando mientras los especialistas certificaban su compatibilidad y la viabilidad del órgano y sus sensaciones antes de entrar a quirófano, que suelen estar divididas entre el miedo a lo que pasará y la alegría de que por fin ha llegado lo que con tanta ansia esperaban. Atrás quedan los momentos duros, esos en los que apenas podían moverse porque se ahogaban, las sesiones de diálisis y, en algunos casos, los reiterados ingresos hospitalarios.

He tenido la suerte de entrevistar a muchas personas trasplantadas en el Reina Sofía y no me canso de escuchar sus testimonios, llenos de matices e ilusión, pero sobre todo rebosantes de vida. Y no exagero si digo que contar estas historias es de las experiencias más bonitas que puede dar la profesión de periodista. Para mí, hasta ahora, la que más.

No hay que dejar de recordar que todo esto es gracias a los donantes y a sus familias porque sin órganos es imposible que los pacientes que están en lista de espera tengan una segunda oportunidad. Como los propios trasplantados dicen cuando se les pide un mensaje para animar a la donación, una vez que fallecemos los órganos no sirven para nada, y qué mejor y más maravillosa acción puede haber que dar vida más allá de la muerte.

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