El silencio del acusado

04 de enero 2026 - 03:08

En mis años de estudiante de Derecho, mis profesores me explicaron que el refrán “quien calla otorga” tiene un valor muy relativo en el mundo jurídico, debiendo sustituirse las más de las veces por aquel otro, de lógica aplastante, que afirma que “quien calla no dice nada”. Viene el recuerdo a cuento de una idea expuesta por la ahora fiscal general del Estado, Teresa Peramato, en marzo de 2024. Al hilo de un debate sobre Violencia Vicaria y Violencia de Género Institucional, la entonces fiscal de sala delegada de Violencia sobre la Mujer en el Tribunal Supremo aseguró que se estaba trabajando para conseguir que el “silencio del acusado”, en delitos de violencia de género, se convirtiese en un “indicio más de su culpabilidad”. Peramato, conocida por su integrismo ideológico en asuntos de este tipo, propone, así, que el derecho que asiste a cualquier acusado de no declarar en su contra pueda utilizarse para condenarle, al llegar a considerarse una evidencia cierta de su falta de inocencia.

Hay jurisprudencia consolidada que veta a un tribunal la posibilidad de concluir la culpabilidad del acusado simplemente porque ha decidido guardar silencio y no declarar. Su silencio no puede sustituir la ausencia de pruebas de cargo suficientes. Si ello se hiciera, se invertiría la carga de la prueba, dañando gravemente la presunción de inocencia y removiendo las bases del Derecho Penal y del propio Estado de Derecho.

Cuestión distinta es que ese mismo silencio no pueda ser valorado en aquellos casos en los que la acusación haya presentado pruebas contundentes. A su vista, el callar del acusado sí que puede convertirse en un indicio complementario, al no ofrecer éste una explicación alternativa a los hechos. En ese sentido, y sólo en ese, puede ser tenido en cuenta por el enjuiciador, sin violar garantías legítimas del encausado, ni privarle de su derecho de defensa.

Como tal doctrina no es reciente, lo dicho por Peramato ha de entenderse como un paso más: ella aspira a convertir el silencio, aun a falta de otros indicios, en verdadera prueba de cargo. Un nuevo hito en este camino desnortado hacia la igualación por la desigualación. Otra incoherencia de cuantos, por una presunta cuestión de justicia, parecen aceptar la hipótesis y el riesgo de intercambiar el papel de víctima.

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