Sine die

El portal de Belén

Un portal de Belén rebosa humanidad y sus detractores no son más que unos auténticos necios

Es tal la obsesión por la información política que cansa ver un informativo en el que dominan las malas noticias a las que se suman las que no son más que propaganda del régimen de turno, porque en esto no hay diferencias. Una amiga que presenta un informativo de una cadena de televisión, ante mis críticas a que cada vez se parezca más el formato al desaparecido periódico El Caso, justifica el exceso de noticias de sucesos en que aumenta notablemente la audiencia.

La casta, como llamó en su día un autodenominado político progresista que lleva por nombre, muy a su pesar, el del principal difusor del cristianismo y, para colmo, el apellido de la institución que tanto critica, deja de ser un problema una vez que se ingresa en ella. Ocurre un poco como con los reconocimientos académicos que algunos califican de retrógrados e inmovilistas, pero son miles los que están lampando por formar parte de estas instituciones. La clase política deja de ser casta en el mismo momento en el que los críticos se incorporan a ella con todas sus prebendas y elevadas nóminas. Vivir para ver.

En estas fechas de Navidad el espíritu se torna más humano, a pesar de las críticas necias y de los excesos consumistas. No es defendible la sensiblería y la cursilería que invade las fiestas navideñas, sino el espíritu de la Navidad que, como dice mi amiga Lola, debe extenderse al resto del año. Ella se despide siempre con un feliz Navidad, ya sea primavera, otoño o verano, porque vive haciendo el bien todo el año y su deseo no forma parte de una frase hecha vacía de contenido.

Las figuras de un Belén nos sirven de ejemplo todo el año. Sus paisajes idílicos nos transportan a la infancia, la única época en la que fuimos auténticamente felices y sinceros, antes de entrar de lleno en ese gran teatro que es la vida, sin sobreactuar como suelen hacer los adultos. Un Belén es un tratado de Ecología en el que los personajes trabajan en sus labores sin depender de subvenciones ni subsidios. Su contemplación transmite paz y en el centro de todo un Niño, cuyo recado es, como diría un progre, solidario y sostenible. No entiendo que la belleza y el mensaje de un Belén pretendan ser sustituidos por necedades tales como una mesa repleta de manjares o cajas amontonadas envueltas en papel de regalo. Un portal de Belén rebosa humanidad y sus detractores no son más que unos auténticos necios.

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