La verdad es plural

Una parte de catalanes

Lo ideal para ellos sería conseguir una isla solo rodeada por el Mediterráneo

Hace semanas que los catalanes, una parte de ellos, ocupan los titulares de todos los informativos por su lucha por constituir la República de Cataluña, la que sería la tercera. Ya la conocieron en el siglo XVII y a principios del XX; no parten de cero. Puede ser ésta la razón por la que se muestren tan decididos y dispuestos a enfrentarse a lo democráticamente establecido y consolidado, incluido el tan citado artículo 155 de la Constitución Española. Esta parte de los catalanes, ya sea por intereses desconocidos pero fácilmente identificables con la parte económica del asunto, o por razones más idealistas, dispone del verano para organizar su pretendida independencia. No obstante, sería sugestivo pensar que esa aspiración por su auto régimen se debiera, sobre todo, a razones más románticas e idealistas.

Si esos catalanes, que desean la independencia, no se cuestionan argumentos mercantiles y financieros sino que solamente anhelan un país propio en el que prevalezcan su lengua, su cultura y su historia, siguiendo los criterios que según ellos deben seguirse, deberían plantearse, además, la manera de separar a Cataluña también geográficamente. Lo ideal para ellos sería la ausencia de fronteras, conseguir una isla solo rodeada por el Mediterráneo y evitando así todo tipo de injerencias.

Les aprovecharía repasar este verano la obra de Samósata (s.II.a.C), en la que recoge una relación de islas imaginarias y maravillosas. Pensando en sus características, deberían imitar a la isla de Balnibari, donde sus habitantes van cargados con un saco de objetos para enseñarlos en lugar de pronunciar el término que lo define (en el caso de quién no hablase catalán), o bien la de Awdyoo, donde se rinde culto al Ego, que de eso ya saben mucho los catalanes. Aunque, considerando la constancia con la que defienden su República, su modelo pudiera ser Entelequia, donde se pudo cosechar uva entre espinos y sacar agua de las piedras. Si allí se superaron tantas dificultades ¿cómo no en Cataluña?

Y ya inmersos en sugerencias, les pediría a esta parte de catalanes que no manifiesta dudas sobre los beneficios de su República, que no se fije solamente en la República de Platón, que buscaba la justicia social y la felicidad de sus habitantes. Repasen también El cuento de la criada que escribió Atwood en 1984 y que se desarrolla en la imaginaria República de Gilead, en la que la clase dominante humilla, exprime y utiliza vilmente a la clase dominada.

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