Club Dumas

La inaguantable generación caviar

Cuesta trabajo pensar que hubo, no hace mucho, generaciones con ideología de derechas o izquierdas

Cuesta trabajo pensar que hubo, no hace mucho tiempo, generaciones con ideologías de derechas o izquierdas que se ganaban el pan con el sudor de su frente. Fueron muchos agricultores, ganaderos, pescadores o personal de la industria y de la construcción los que influyeron en la sociedad española basándose en su experiencia profesional vivida. Ahora nos gobierna una generación de políticos de salón que, por su alejamiento de la realidad cotidiana de los ciudadanos, se atreven a decir barbaridades que ponen en peligro grandes sectores económicos y millones de puestos de trabajo. Y lo peor es que les sigue saliendo gratis.

Es indudable que cualquier político del PSOE, cada vez que hace una declaración algún camarada de Podemos o algún socio de Bildu, se echa a temblar. Lo mismo les pasa a los del PP con las barbaridades de Vox, y ya empezamos a estar todos un poco hartos. ¿Acaso estos partidos no tienen un ápice de cordura y su populismo les obnubila la libertad y de la democracia que nos hemos otorgado? Ya va siendo hora de poner pie en pared, por parte de los grandes partidos, y pedir explicaciones a estos aliados que reflejan el dicho "si estos son mis amigos, para qué necesito enemigos".

No se puede poner en tela de juicio a todo el sector turístico español, aclamado como el mejor del mundo, después a la industria juguetera nacional, también de reconocido prestigio, y finalmente infravalorar la calidad de las explotaciones cárnicas, donde los estándares y controles españoles son de los más eficientes que existen. Y todo ello por parte de un mismo individuo, representante de la izquierda caviar, que prefiere codearse con los chalés de Galapagar antes que con los habitantes de las viviendas del Pozo del Tío Raimundo. De ahí que sus opiniones estén, y nunca mejor dicho, tan descarnadas de realidad que puedan poner en peligro millones de empleos con cada exabrupto. Alguien debería indicarle que las declaraciones de un ministro de España, incluso en Londres o Bruselas, se hacen en nombre de toda una nación. Por tanto, en esa cabeza tienen que estar presente tanto el dueño de la cadena hotelera, que crea empleo y desarrollo, como el que ordeña las vacas cada mañana trayéndonos salud y bienestar. De lo contrario pensaremos, como decía el revolucionario Louis de Bonald, que "hay personas que no saben perder el tiempo ellas solas, y son el azote de las gentes ocupadas."

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