Salvador Giménez

La historia del toro 'Anegado'

Fue indultado por El Fandi en 2008 en Baeza y fue destinado a cubrir vacas por su dueño Cada ganadero es un mundo y tiene sus propias normas, formas y criterios de selección

21 de agosto 2016 - 01:00

EL indulto del toro en la plaza fue siempre algo extraordinario. Tanto es así, que la inclusión de tal gracia en el reglamento es relativamente reciente. Es en el reglamento aprobado en 1992 -y reformado en 1996- donde se regula de forma legal el perdón de la vida del toro, eso sí, cumpliendo unos requisitos que a día de hoy no se plasman o son forzados por las partes interesadas en la mayoría de los casos.

Hasta entonces era algo inusual. Sólo era concedido de forma muy puntual. En los albores de la fiesta por un comportamiento del animal espectacular en el tercio de varas y luego en corridas concurso, como la de Jerez de la Frontera o Salamanca, que se regían por una reglamentación especial. Legislación ésta que, al igual que ahora, no estaba exenta de polémica por las decisiones que amparaban. Tanto es así que hubo toros indultados en Jerez de la Frontera, caso de Compuesto de Benítez Cubero, que no se hizo acreedor del preciado Catavino de Oro al mejor toro, premio que ganó Corcito de la ganadería de Juan Guardiola.

También resulta significativo que toros que ganaron el perdón no fueron destinados por sus propietarios a perpetuar su bravura. Tal fue el caso de Clavelero de Atanasio Fernández, si bien estaba herrado con el pial de su hija Pilar Fernández Cobaleda, tras ser indultado por Palomo Linares en la tradicional corrida concurso de Salamanca. Tras ella fue a parar a manos de un ganadero portugués, pues Atanasio Fernández, que por algo era conocido como el Zorro de Campocerrado, argumentó que en su casa los sementales los escogía él y no el público. Decir de paso que Clavelero, a pesar de todo, fue el toro que hizo la ganadería lusa de Ernesto Louro Fernández de Castro, lo que demuestra que por una vez don Ata se había equivocado en su sentencia.

El indulto del toro fue, y aún sigue siendo, motivo de polémica. Partidarios y detractores de la gracia se ensalzan en discusiones que no hacen más que mostrar que la fiesta de los toros sigue viva pese a quien le pese. Las partes mantienen posiciones encontradas. Unos afirman que es beneficioso para la tauromaquia y otros que la práctica totalidad de animales indultados durante la temporada no fueron merecedores reales de tan gran premio.

Uno de los argumentos que esgrimen los contrarios al indulto es afirmar que luego los ganaderos no destinan a los animales a padrear, motivo fundamental en que se sustenta la gracia. No se sabe si muchos tomarán el camino de don Atanasio y se quitarán el animal de en medio, vendiéndolo por una buena cantidad al primer criador que llame a su puerta. O que se deje en un cercado solo, rodeado de añojos o erales, viviendo los días de forma pacífica pero sin conocer hembra alguna.

Cada ganadero es un mundo y tiene sus normas, formas y criterios de selección. Habrá quien no destine un toro indultado a semental, como también los hay quien lo hace, y además con buen éxito. Sin ir más lejos, Bondadoso de Domingo Hernández, indultado en el coso de Los Califas, viene padreando con éxito en su ganadería a pesar de que muchos consideraron el perdón de su vida como algo excesivo para un toro de lidia.

El que la lleva lo entiende, como dice el saber popular. Por eso cada ganadero hace lo que cree conveniente. Un caso singular y pintoresco es el del toro Anegado. Un animal propiedad de Julio de la Puerta y que fue indultado en Baeza en 2008 por El Fandi. Este animal fue destinado por sus propietarios a cubrir vacas y a día de hoy es garantía de éxito en la vacada. Anegado tiene la virtud de transmitir a sus hijos unas características que han hecho que la ganadería este obteniendo éxitos importantes a día de hoy. Tanto es así que en la presente campaña la ganadería ursanoense, y que tantos nexos tiene con Córdoba, ha visto como dos hijos de este toro han obtenido el perdón de sus vidas. Uno, Pepeluis en Osuna, y otro, Petrolero, recientemente en Lucena. Otros muchos, que no han corrido la misma suerte, siempre se han mostrado vibrantes y codiciosos. Anegado, a sus 12 años, aún vive plácidamente en el campo. Es un toro de mirada profunda y noble. Su destino era morir a estoque en una plaza de toros, pero se ganó meritoriamente el perdón de la vida con su juego. ¿Es beneficioso el indulto del toro en la plaza? Sin lugar a dudas, y especialmente a este caso, sí.

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