Las dos orillas
José Joaquín León
Ucrania aún resiste
María Guardiola ganó las elecciones autonómicas en Extremadura ante el peor candidato socialista imaginable, pero de manera insuficiente: necesita los votos de un Vox en auge para ser investida de nuevo como presidenta de la Junta.
Las negociaciones con Vox están siendo difíciles. Por las exigencias de los ultras subidos a la parra, y también por la ineptitud de Guardiola, que ya ha recibido un toque de atención de la cúpula nacional del PP, a la que se le ha entendido todo: “Sobra ruido y falta trabajo serio alrededor de una mesa”. Y es que la baronesa popular extremeña habla mucho, y habla cosas contradictorias. Desde siempre. Ante su anterior investidura se declaró incompatible con un partido que, según ella, no condena la violencia contra la mujer, deshumaniza a los inmigrantes y niega los derechos LGTBI. Terminó pactando con el partido incompatible, gracias al cual ha sido presidenta. Ahora intenta renovar el pacto –que rompió Vox– y no para de dar tumbos. Un día achaca las dificultades al chantaje de los ultras, que reclaman una vicepresidencia y cuatro importantes consejerías, pese a la diferencia de votos logrados por las dos formaciones, y otro día declara que el feminismo que ella defiende no es el de Irene Montero, sino el de Vox, informándonos a todos los demás mortales de la existencia de un “feminismo de Vox” ignoto hasta el momento.
La verdad es que María Guardiola no mantiene una actitud heterodoxa o aislada dentro del PP. Este partido va camino de gobernar España sin haber resuelto el problema de sus relaciones con Vox. O sea, que el lío que tiene en su cabeza Guardiola es el mismo que tiene Feijóo. También Feijóo se pone bravo de vez en cuando con Abascal y otras veces lo apoya y le copia alguna parte de su discurso. En general se nota en la dirección popular que sus relaciones con Vox están demasiado influenciadas por el miedo y los complejos ante la oleada ultra que recorre el mundo. También refleja en cierta manera el exceso de pragmatismo y falta de determinación –muy gallegos, diríamos tópicamente– del político que se hizo con el partido tras el fiasco de Casado.
Lo cierto es que Núñez Feijóo tiene dos opciones claras y desplegadas para configurar su relación con Vox. La de Díaz Ayuso en Madrid y la de Moreno Bonilla en Andalucía. Pero él duda y no se decide. Y eso tampoco ayuda a Guardiola.
También te puede interesar
Las dos orillas
José Joaquín León
Ucrania aún resiste
Manual de disidencia
Ignacio Martínez
Tres Málagas en el espejo
Gafas de cerca
Tacho Rufino
No comemos del turismo
Postdata
Rafael Padilla
Sabina,el poeta que canta