Gestionar el éxito

22 de febrero 2026 - 03:11

Cuando le preguntaron esta semana en El Hormiguero a Emiliano García-Page por el lamentable estado de las carreteras y una red ferroviaria que da miedo, el presidente de Castilla-La Mancha no lo pensó dos veces: “Hay que gestionar el éxito”. Tras modernizar las infraestructuras de nuestro país a finales del siglo pasado, no se han hecho los deberes para cuidarlas. A los cinco años de inaugurar una carretera, hay que invertir una importante suma cada año en su mantenimiento. Y salta a la vista que ni la red de carreteras ni los trenes han sigo objeto de dicha atención, por desgracia. Al revés, lo que hemos hecho como nadie, con toda la propaganda del mundo, es aumentar su uso y exigirles al máximo con el rescate de los peajes y los abonos gratuitos. A los turistas no hizo falta animarlos. Y este cóctel hoy nos obliga a quitar el pie del acelerador y a circular con un nudo en el estómago, rezando para no viajar ni en el primer vagón, ni el último. ¿De qué sirven las autovías si las retenciones por el penoso estado de la circulación y del firme son la norma? Supimos llegar a la cima, pero desde entonces todo es caída libre.

Quizá vaya en nuestra sangre vivir por encima de nuestras posibilidades por oír demasiado a nuestros dirigentes. El pueblo más modesto presume de sus pistas de pádel, su teatro municipal y hasta de un campo de fútbol de césped artificial con gradas y vestuarios, aunque para comunicarse solo cuente con una carretera y unas canalizaciones prerromanas. Son como nosotros. Por muy pequeño que sea el piso y por más que la paguita no alcance, no nos faltan el plasma de 55 pulgadas ni el mejor coche en la puerta. Bonificamos la renta de los que van al gimnasio y llevan a sus mascotas al veterinario. Prometemos el mejor hospital que podamos soñar. Pero la Atención Primaria no termina de funcionar, las listas de espera siguen sangrando y los médicos llevan meses de protestas por mejores condiciones salariales. Tal vez no habría que pensar tanto en inaugurar hospitales y centros de salud como en mejorar lo que ya tenemos, que no es poco, ni mucho menos. Anunciamos la construcción de miles de pisos. Pero la vivienda está imposible, pese a que la economía vaya como un tiro y el Íbex crezca a un ritmo extraordinario, sólo comparable a la velocidad con que se ensancha la desigualdad. Tenemos más aeropuertos sin aviones que nadie y una red eléctrica tercermundista que nos birla oportunidades de inversión. ¿A quién culpamos del apagón de la Administración? ¿Alguien sabría gestionar tanto éxito con humildad?

stats