Salvador Giménez

Una feria breve y sin apenas brillo

El ciclo de la Salud llega a su término en su versión más gris. La empresa lo jugó todo a la carta de José Tomás, sin plan B, y al final casi todas las circunstancias se aliaron en su contra.

31 de mayo 2016 - 01:00

EL pasado domingo, mientras Pablo Hermoso de Mendoza hacía historia atravesando por sexta vez el umbral de la Puerta de los Califas y convirtiéndose así en el rejoneador que más veces lo ha hecho, muchos aficionados abandonaban el coso con un sabor agrio y preguntándose qué es lo que nuestra plaza de toros precisa para salir de este prolongado bache.

Y es que la Córdoba taurina no levanta cabeza. De un tiempo a esta parte, se están organizando menos espectáculos, los que se organizan tienen el sello de la improvisación, no contando con el beneplácito del público, y a la vista está la asistencia del mismo, y para colmo se está perdiendo el poco prestigio que quedaba, si es que a Córdoba le quedaba algo .

En esta edición la empresa se lo jugó todo a una carta y perdió. Lo apostó todo a la presencia de José Tomás, confiando que el tirón del mediático torero les salvara los muebles en una plaza cada vez más imposible y complicada. Jugó a caballo ganador y vio como todo se frustraba. José Tomas no apareció y todo se desmoronó como un castillo de naipes. Lo malo no fue la ausencia del mitificado torero, sino que se comprobó que no había plan alternativo preparado ante tal eventualidad, y fue entonces cuando apareció la improvisación.

El cartel que se presentó fue en exceso pobre y rácano. Dos corridas, con cuatro toreros anunciados, pues Finito se anunció en solitario, con motivo del veinticinco aniversario de su alternativa, una corrida de rejones, una novillada para noveles y el monoencaste dominante, tanto para a pie, Domecq, como para a caballo, Murube, presente. Un miniciclo que no hacía honor ni a Córdoba, ni a su historia y mucho menos a la categoría de la plaza, pues en algunas provincias y plazas de inferior categoría se celebran mas festejos mayores que los anunciados este año en Córdoba.

Para colmo de males, como dice el refranero, a perro flaco todo se vuelven pulgas y la corrida anunciada para el sábado 28, en la que Finito de Córdoba se anunciaba en solitario, tuvo que ser suspendida a causa de las lluvias caídas durante la jornada. A la hora del inicio del festejo, con una pobre entrada de público y previo reconocimiento del estado del ruedo, las cuadrillas se negaron a actuar, alegando que el piso se encontraba en un estado impracticable. Finito de Córdoba, en su calidad de director de lidia, secundó la alegación de los banderilleros. La verdad es que el piso no se encontraba, aparentemente, en tan mal estado, incluso así lo advirtió la autoridad, quien ante lo argumentado por los profesionales poco pudo hacer para evitar la suspensión. La realidad fue que, una vez suspendida la corrida, la lluvia no volvió a aparecer.

El día anterior también hubo problemas, pues el cabeza de cartel, Morante de la Puebla, estaba ingresado, aquejado de una extraña infección en un hospital hispalense. Hasta la mañana del festejo no se buscó sustituto, pues se albergaba la esperanza, remota y a la vista imposible, de que el torero de La Puebla del Río pudiera estar presente en la corrida. Finalmente, y ante tal eventualidad, la empresa decidió dar la sustitución a un torero como Ginés Marín, recién alternativado y cuya carrera profesional está dirigida por la propia empresa. A pesar de todo la plaza registro una entrada aceptable. En lo artístico se vio a un sustituto, Ginés Marín, con ganas y al que las cosas le salieron unas veces mejor que otras. Un Talavante fácil, encontrando toro en cualquier sitio, pero falto de ajuste y sin apretar el acelerador y un Juli totalmente ausente y desganado.

La corrida de rejones ha perdido en Córdoba seguidores. No hace tanto que los tendidos se poblaban en este tipo de festejo. En esta edición la entrada no ha sido la esperada. En ella Pablo Hermoso de Mendoza dio una lección en su segundo, cortándole dos orejas que le permitieron ser el primer rejoneador que ha traspasado en seis ocasiones la Puerta de Los Califas. De Manuel Manzanares y Lea Vicens poco que decir. Buena doma, monta correcta pero a la hora de ejecutar las suertes lo mismo pecan de exceso que de defecto, clavando a la grupa o dejándose tocar en exceso las monturas.

La novillada sin picadores que abrió el abono tuvo dos partes bien diferenciadas. Una primera en la que los intervinientes llevan más tiempo intentando ser torero, y la segunda donde los espadas acaban de empezar. De los primeros destacó Carlos Jordán, quien ha evolucionado de manera satisfactoria. También ha avanzado Romero Campos, a quien el acero le privó de cortar trofeos. Ambos deben de plantearse debutar con caballos en breve. Peor estuvo El Rubio. Le pudo pesar la responsabilidad, pero el paso del tiempo también le ha quitado cierta frescura. De los segundos gustó Rocío Romero, que cortó una oreja a pesar de estar mermada por un fuerte porrazo. Fernando Navarro y Carlos Blázquez tienen crédito para seguir aprendiendo, pues afición no les falta. Tal vez precipitaron su debut en una plaza como Córdoba.

Sucintamente esto fue lo que ocurrió en Los Califas durante su feria de mayo. Ahora solo cabe buscar soluciones para retomar vuelo. La empresa se antoja complicada. Algo está fallando y puede que la gestión empresarial no sea responsable. Han sido varias las empresas que han pasado por aquí en los últimos años. ¿Todas van a ser tan malas?

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